Una historia de la AIPG: hechos y hallazgos

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10 ottobre, 2012 - 19:24

Agradecimientos

Este libro surge de una entrevista que la Licenciada Nora Speier Fernández y la Doctora Graciela Ventrici me realizaron para la Revista Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo con ocasión del XII Congreso International de Psicoterapia de Grupo en Buenos Aires en agosto de 1995. En primer lugar, mi gratitud por todo el esfuerzo hecho por ellas y por las personas que transcribieron las grabaciones.

Mi más encarecido reconocimiento y gratitud va dirigido a los miembros de Grup d'Análisi Barcelona, mi grupo de referencia de muchos años, quienes se empeñaron en llevar hasta el final esta aventura grupal. El texto original no sólo fue leído y trabajado por este grupo sino que en cierta manera ha sido escrito por él. La dolorosa pérdida que sufrimos el pasado febrero de Susana Jover nos impide celebrarlo juntos. A Isabel Admetlla i Admetlla, Hanne Campos, Mercè Martínez i Torres, y Pere Mir i Rodés se debe todo el mérito de la redacción que pueda tener este texto y su publicación final. No sólo me han ayudado a aclarar mis ideas sino que me sugirieron tantas nuevas que se me hace imposible decir quien es el autor de las mismas.

A Jesús M. de Miguel, compañero de penas y fatigas por el árido camino de la Sociología de la Salud, gracias por su incansable e incondicional apoyo y su más que generoso prólogo y gracias también a Melissa Greer Moyer, su compañera de vida, que con bondad de corazón y paciencia revisó la versión inglesa del texto.

Con toda propiedad, esta es una historia de un grupo escrita por un grupo, pero como los grupos no pueden firmar, los co-autores somos todos, los que hacen la historia, los que la escriben y los que la leen. Gracias a todos.

 

 

Prefacio

Presentes que puedan guardarse

Juan Campos es una persona maravillosa. Es además un Archivero Honorario de la AIPG de singular inteligencia. Nos ofrece el presente de contarnos el pasado. Sin esta historia estaríamos ante una asociación huérfana, que no es capaz de recordar su pasado, y que por lo tanto no se entiende a sí misma.

Aristóteles en su inmejorable ensayo De la memoria y el recuerdo señala: "Los que tienen buena memoria no son los mismos que los que recuerdan rápidamente. El recordar difiere de la memoria, no solamente en el aspecto del tiempo, sino también porque, mientras que muchos otros animales participan de la memoria, se puede decir que ninguno de los animales conocidos excepto el ser humano, puede recordar". Escribir sobre el pasado no significa acumular fechas y sucesos, sino que requiere una interpretación. El análisis que realiza aquí el Dr. Juan Campos es un recuerdo no una memoria. Me ha fascinado. Lo leí en las Galerías del Príncipe, en Bruselas, en un café, con un conjunto musical de cuerda ruso que viajaba por Europa central viviendo de la generosidad de los burgueses. La combinación de leer historia y oír a Mozart con acento eslavo es indescriptible.

Las organizaciones son el puente entre lo micro y lo macro. Pero hay pocos análisis de instituciones o asociaciones. Una razón fundamental es que las organizaciones se defienden como gato panza arriba para no ser investigadas, analizadas, ni juzgadas. Sólo un insider cualificado, con un sentido honesto de lo que "nos ocurrió", suele ser capaz de realizar ese trabajo. Se convierte así en un análisis de una asociación -en este caso la historia de la AIPG- y al mismo tiempo en un estudio autobiográfico. Como en la Odisea, el futuro (de una organización) es siempre el pasado; incluso podría decirse que muchas organizaciones no hacen más que avanzar hacia su pasado.

El médico Juan Campos es la primera persona que yo conocí en Barcelona. Desde hace casi cinco lustros hemos compartido una amistad personal, salpicada de colaboraciones intelectuales y aventuras académicas. Siempre he admirado en él su actitud cosmopólita, internacional, junto con un sustrato anarquista que le permite mantener un punto de vista personal independiente. Además como psicoanalista es un mago de la palabra; útil cuando en el mundo moderno las palabras nos dan placer, nos explican, justifican, enredan, y hacen vivir. Las personas ya no son vencidas por los cañones sino por las palabras y las imágenes. Campos es una persona de extremada inteligencia, vitalidad, razón. Pienso que mi vida ha sido diferente por conocerle a él. También será diferente la vida de mis hijos (Carolina y Robert) al estar influidos por algunas de sus ideas y generosidades.

Leyendo esta fascinante historia -que se lee casi como una novela- recordé una de mis películas preferidas, Smultronstállet, de lngmar Bergman; que en mi país, España, no sé por qué la tradujeron como Fresas salvajes cuando claramente se refiere a Fresas silvestres. La autobiografía del viejo cascarrabias, a quien van a condecorar por una vida entera dedicada a la Medicina, empieza con esta meditación: "Siento que soy demasiado viejo para mentirme a mí mismo. Pero por supuesto, no estoy demasiado seguro. Mi actitud complaciente hacia mi propia sinceridad puede ser deshonestidad disfrazada, aunque no sé realmente qué es lo que yo quisiera ocultar. Sin embargo, si por alguna razón tuviese que evaluarme a mí mismo, estoy seguro que lo haría sin vergüenza ni preocupación por mi reputación. Pero si me pidiesen expresar una opinión sobre otra persona, yo sería considerablemente más cauto. Hay un gran peligro en expresar ese tipo de juicios. Con toda probabilidad uno es culpable de errores, exageraciones, e incluso mentiras considerables. En vez de cometer tales desatinos prefiero permanecer con la boca cerrada". Para a continuación abrir la boca y contar su historia de esas apretadas 24 horas, en que vuelve la vista atrás y rememora una vida llena de ilusiones y vergüenzas. Es una historia incomparable, como también lo es la de la AIPG.

La AIPG es una asociación interesante. Lo que más me ha llamado la atención es que es una organización trashumante, casi diría yo que gitana. No tiene territorio pero sí identidad. Hay además una fascinación especial por leer el análisis de un grupo llevado a cabo por un especialista en grupos. A menudo Campos se aplica su propia medicina, como señala el refrán. No sólo es una organización trashumante, sino que vive de esa trashumancia, de los beneficios de congreso en congreso. Sus miembros aprenden a viajar ligeros de equipaje, apenas con sus cabezas, papers, apuntes, algún libro, un retrato enmarcado de algún antiguo mentor, poco más. Así viven y así mueren... para que la asociación siga viviendo. Es llamativo también tratar de comprender cómo las instituciones recuerdan y cómo olvidan, de qué forma piensan, de acuerdo con el celebrado título del libro de Mary Douglas. Juan Campos hace un esfuerzo decisivo por recordar cosas en beneficio de la institución.

En esta small society que es la historia de la AIPG se observan algunos de los trazos del fin de siglo: las ideas de diferenciación/desigualdad, el multiculturalismo, globalización, profundización de la democracia, exclusión social, desarrollo sostenible, etc. A reducida escala estos grandes procesos sociales se entienden mejor en el funcionamiento congreso-a-congreso de una asociación internacional como la AIPG. Es un ejemplo también del choque de culturas, de las diferencias entre las formas y valores latinos y anglosajones. Aunque todos/as hablen una misma lengua franca, las personas piensan, sienten, hablan, y se organizan de acuerdo con dos culturas diferentes.

Surrealistamente, esto no es una pipa, en el sentido de que esto no es la AIPG, sino un libro sobre la AIPG. La distancia entre la historia y la realidad es siempre inmensa. Como se dice en español: del dicho al hecho hay mucho trecho. Para entender de verdad la AIPG hay que vivirla, sufrirla, llevarla dentro. Pero si no es una pipa se parece mucho a una pipa, salvo que no se puede fumar. Es realista hasta el extremo de que seguramente a varias personas les va a doler. Es lo que nos queda de un naufragio, suficiente para reconstruir un pasado, y para seguir adelante como robinsones crusoes. Una organización no es nunca la mera suma de sus individuos. Este libro demuestra que existe la AIPG y también cada uno de sus miembros. El Archivero Honorario de la AIPG es el primero en demostrarlo con su propia vida.

El libro es un buen ejemplo de otro tema que interesa en este fin de siglo: el de la democracia dentro de las organizaciones. El libro cuenta con detalle los procesos de toma de decisión, las políticas equivocadas, las esperanzas del grupo, los conflictos internos, y las entretelas del poder. En una buena tradición de tolerancia aceptar no sólo los avances sino también los retrocesos. En francés se dice reculer pour mieux sauter, con el doble significado de retroceder para coger carrerilla (y así poder saltar luego mejor), y de esperar la ocasión propicia para hacer algo. Este librito, libro-hito, cumple ambas interpretaciones. Es importante dejar nuestras historias escritas para el tercer milenio. Las futuras generaciones van a bucear en este siglo XX, tratando de entendernos. Encontrarán este libro en un anaquel, y lo abrirán con expectación. Quizás más de uno pase una buena tarde ¡oyéndolo, quizás todavía con música de Mozart al lado!

Campos ha ido toda su vida por delante (a veces demasiado y por eso ha sido a veces "castigado"). Ha mantenido siempre -de forma admirable- su papel de innovador, de outsider, de creador de ideas nuevas. Permanece siempre honesto consigo mismo. Lucha denodadamente por encontrar soluciones, por crear un mundo mejor, por encontrarse a sí mismo, por volver a Itaca. Animoso, sabe siempre levantarse de sus caídas. No hay palabras para agradecerle su trabajo y desvelos.

A propósito el título de este prólogo rememora el Canto IV de la Odisea. Telémaco está en Lacedemonia, en los llanos de Esparza, buscando a su padre Ulises. El rey Menelao (el del grito potente) es muy generoso y le ofrece diversos presentes. Telémaco le ruega: "Que tu obsequio consista en presentes que puedan guardarse: los corceles no puedo llevarlos a Itaca". Este libro de Juan Campos, que reconoce desde el inicio estar anegado de pasados autobiográficos, es en realidad un presente para el futuro. Es un presente que sí puede guardarse, dado que los corceles no se pueden llevar a Itaca.

Jesús M. de Miguel
Catedrático de la Universidad de Barcelona, y Vicepresidente de 
Ciencias Sociales de la European Cooperation in the Field of Scientific 
and Technical Research Commission of the European Union

 

 

Introducción

"La memoria está compuesta de olvidos y 
lo que no queda registrado se desvanece en el aire"

(Stendhal, Diario íntimo)

Toda historia es una interpretación. A este respecto, ésta, la de la Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo, no podía ser la excepción. "Los intérpretes siempre son insinceros", pone Yalom en boca de Nietzsche durante su primera entrevista médica con el Dr. Breuer y continúa: "no es su intención serlo desde luego, pero no pueden escapar de su marco histórico ni, por otra parte, de su marco autobiográfico" (1) Yo tampoco puedo escapar de mi mismo, de mi propia biografía, ni de la vida de mis grupos profesionales de pertenencia y de referencia ni, tampoco, de sus contextos sociales, políticos, culturales y profesionales.

He querido matizar en el título dos aspectos que se entretejen a lo largo de esta historia: "hechos y hallazgos". Queda señalada de este modo la diferencia entre fuentes primarias que manejo -documentos originales, narraciones, correspondencia, recuerdos que surgían mientras se daban los hechos; y las interpretaciones o deducciones a las que han llegado otros historiadores, a las que he llegado yo mismo: los hallazgos. Viene escrita al compás de la historia y desarrollo de las corporaciones profesionales, desde el ocaso o tal vez desde el replanteamiento de estas instituciones que cuentan escasamente con un siglo de vida. Escrita, cómo no, desde la vida profesional que ha encarnado mi propia biografía.

Cuando el historiador recoge, ordena y clasifica los datos está haciendo una interpretación. Cuando el Archivero Mayor o el Notario del Reino colecta y selecciona los documentos destinados a pasar a la posteridad está haciendo una interpretación. Pero es más, los mismos protagonistas de la historia en el momento de hacerla, no hacen más que leer el guión que, dentro de sí y/o en su circunstancia llevan ya con antelación escrito en su inconsciente individual y colectivo. La AIPG, cuya vida como grupo me dispongo a contar, no es ajena al contexto y circunstancias en las que durante el último medio siglo se ha venido forjando, en el ámbito internacional, la terapia de grupo.

A fines de agosto de 1998, cuando la AIPG se reúna en Londres para celebrar su decimotercer Congreso habrán pasado exactamente cincuenta años desde que en aquel mismo lugar se celebró el primer Congreso Internacional en Salud Mental. Allí se gestó la idea de convertir las terapias de grupo en un movimiento social internacionalmente "organizado"(2) y nació la Federación Mundial de Salud Mental bajo cuyos auspicios seis años después se celebraría en Toronto el primer Congreso Mundial de Psicoterapia de Grupo.

Hasta aquel momento existían tan sólo tres organizaciones formalmente organizadas en el ámbito de la terapia de grupo, todas ellas en Estados Unidos de América: «The Lifwynn Foundation for Laboratory Research in Analytical and Social Psychiatry» conocida también como The Lifwynn Foundation o, por sus siglas, TLF, fundada en Maryland por Trigant Burrow en 1927; la «Society of Psychodrama and Group Psychotherapy» o S.P.G.P.; y, la «Group Therapy Association» o G.T.A. ambas fundadas en Nueva York. La primera por Moreno en 1942 y, la segunda, por Slavson en 1943.(3) En otros lugares como en Londres y París existían también grupos de terapeutas pero estaban lejos todavía de pensar en una organización formal. Habría que esperar todavía un par de años para que se iniciara tal movimiento. El impulso vino de Moreno, quien en su primer viaje a Europa, con ocasión del I Congreso Mundial de Psiquiatría de París en 1950, propuso establecer un comité internacional con los siguientes propósitos: definir los estándares profesionales para la psicoterapia de grupo y trabajar para alcanzar un consenso al respecto; preparar el I Congreso Internacional de Psicoterapia de Grupo a celebrar en Londres o París en otoño de 1952, y que finalmente se celebró en Toronto en 1954. El «First Internacional Committee of Group Psychotherapy» quedaría constituido al año siguiente, aunque el único objetivo llevado a cabo fue el de organizar los Congresos Mundiales de Psicoterapia de Grupo, de los que nacería la AIPG.

Patrocinar unos archivos internacionales de las psicoterapias figuraba ya en 1952 entre los objetivos del comité internacional de psicoterapia de grupo. Años después en Zagreb (1986) en la primera reunión de la ejecutiva de la AIPG, a la que asistí como Vicepresidente, la cuestión de dónde ubicar tales archivos figuraba en agenda. No recuerdo los términos de la discusión, pero sé que, curiosamente, lo que se decidió fue prescindir por el momento de una oficina central y sustituir ésta por ordenadores y el uso del fax. De hecho, algo parecido propongo en mi último informe como Archivero, ahora que la tecnología lo permite y resulta económicamente asequible: ubicar en discos compactos la documentación que se va generando, es decir, los "famosos archivos". En este informe, que por un azaroso destino no fue leído ni discutido sino archivado para el futuro, se describe de dónde surgió esta "Historia de la AIGP".

La historia de "mi historia de la AIPG" empieza con ocasión del duodécimo Congreso Internacional en Buenos Aires, en verano de 1995 y adopta forma de entrevista. Fue aquella la primera vez en que las Secciones de Grupo Análisis, de Psicodrama y de Terapia Familiar contaban con espacios conjuntos y separados en un Congreso. Incitadas por la novedad, la Licenciada Nora Speier Fernández y la Dra. Graciela Ventrici de la Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo -organización afiliada a la AIGP y una de las asociaciones organizadoras del Congreso- me pidieron a mí, principal promotor del movimiento de secciones especializadas en la Asociación, una entrevista para su Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo. La vorágine del Congreso obligó a posponer la entrevista hasta el día siguiente de la clausura, cuando distendidamente se pudo prolongar por dos horas. La entrevista fue grabada y la Revista se preocupó de transcribirla literalmente, dando lugar a un texto de unas noventa páginas. Cuál no sería mi sorpresa, cuando a finales de abril de 1996 recibí el texto con la solicitud de que lo revisara y redujera a unas 15 páginas, a fin de ser publicado en el próximo número de la Revista. Por más que no creyera fuese ésta mi responsabilidad, hice un esfuerzo y eliminé todo material autobiográfico y, ciñéndome a las preguntas, conseguí reducir el texto a unas 30 páginas. Lo envié de vuelta a primeros de agosto, pero aún así no había espacio suficiente para publicar la entrevista en la Revista. En vista de ello, con mis colegas de Grup d'Anàlisi de Barcelona, decidimos convertir dicha entrevista en una historia. De ahí que hayamos respetado el estilo de diálogo propio de una entrevista a los que debe su origen. Si bien, en su redactado final se han precisado con datos y notas bibliográficas diversos apartados del texto como resultado de la investigación histórica llevada a cabo por nuestro grupo.

Quiero advertir que este trabajo ha sido pensado desde mi perspectiva como Archivero Honorario de la AIGP y está escrito con tres ideas básicas en mente: 1) Que sirva de "documento de trabajo" para el taller a celebrar bajo el título del mismo nombre en el contexto del XIII Congreso Mundial de Psicoterapia de Grupo el próximo mes de Agosto; 2) Que la lectura del mismo y su debate estimule contribuciones y aclaraciones a los "Archivos de la AIPG", a los testigos mudos de esta historia y viejas glorias que contribuyeron al desarrollo de la misma. Así sería posible rescatar documentos, correspondencias y evocar reminiscencias... que de otro modo se irán perdiendo indefectiblemente a medida que se desvanecen en la memoria y devienen olvido; y, 3) Que esta iniciativa estimule a los directivos de futuras administraciones de la AIGP a poner los medios y dotar los fondos precisos para la recolección, conservación, clasificación y difusión de dicha documentación gráfica y escrita. Todos los documentos reseñados en este trabajo y mis archivos particulares están a disposición de los Archivos de la AIPG, siempre y cuando la asociación se responsabilice del costo que supone escanearlos y almacenarlos en un CD-rom.

Volviendo al inicio, y con ánimos no tanto de corregir sino de aclarar mis prejuicios personales y grupales, he de confesar que la óptica que distorsiona, agudiza y colorea mi visión de los hechos de los que fui testigo y la lectura de los documentos relativos a la AIPG viene condicionada por poderosos prismas, todos ellos de carácter fundalmentalmente ideológico. No está al margen de estos prismas, la ideología radicalmente libertaria heredada de mi padre, haber perdido una doble guerra civil con apenas once años, ni que mis ideales democráticos se hayan tenido que forjar bajo cuarenta años de dictadura franquista. Mi historia, naturalmente, no puede ser ajena a la de las comunidades humanas en las que he vivido y trabajado. En lo que hace a la AIPG, es de particular importancia el esfuerzo por mi hecho en reconstruir mi propia historia de las psicoterapias de grupo a través de la de los grupos profesionales en los cuales me he formado y me he desarrollado.

Dos veces en mi vida hice la carrera de médico, siete años cada vez. La primera como alumno y la segunda como maestro. La primera vez me enseñaron aquello que no había ido a aprender, de la segunda aprendí lo que no había ido a enseñar. Entre una y otra me dediqué a hacerme doctor en medicina, psiquiatra, psicoanalista y grupoanalista. Un total de diez años de "exilio formativo" de mi propio país y de la disciplina de origen, de los que ciertamente salí cambiado. Volví con ganas de aplicar en mi país lo que en este tiempo había aprendido. Pasar de médico de cuerpos -cirujano- a médico de almas -psiquiatra o doctor en medicina psicológica, como dicen los ingleses-no implicaba mayor cambio; no significaba reto alguno al "prejuicio biológico" por el que se supone que la mente está encerrada dentro de un craneo y el individuo contenido dentro de una piel. Tampoco suponía cambio alguno para las relaciones médico-paciente y alumno-maestro en que se basa la medicina científica. Podía seguir con mi posición de experto, del profesional que sí sabe, y seguir tratando enfermos y transmitiendo un saber sin cuestionamiento crítico. Un poco más complicado era mantener este papel con grupos terapéuticos, con familias, con comunidades terapéuticas o con la comunidad como un todo. Bastaba un poco de imaginación para reducir estos grupos a individuos y tratarlos como si lo fueran. Con ello, la relación de poder no cambiaba. Por otro lado, podía sostener la fantasía de que un acto médico o la dirección de un servicio sanitario pueden ser social y políticamente neutros.

Dos hechos me hicieron tomar conciencia de la falacia de estas ideologías. El primero tuvo lugar en 1968, cuando en un movimiento pseudo-democrático y a fin de prevenir los efectos revolucionarios del Mayo francés, el ministerio de Educación y Ciencia franquista aprueba una progresiva "Nueva Ley de Educación" que las Cortes se encargan de neutralizar no aprobando su financiación, crea las Universidades Autónomas y recluta para ellas como profesores no numerarios y no opositores a profesionales que se habían quedado fuera del sistema por no ser adictos al régimen. Así es como con esperanza ilusionada me incorporo a la Universidad Autónoma de Barcelona y al comité de planificación de su facultad de medicina dirigida a formar médicos generales que no fueran meros artesanos sino profesionales científicos, médicos de personas que tuvieran en cuenta además de los aspectos biológicos de la salud los psicológicos y sociales. Allí creo una oficina de Educación Médica, imparto con una metodología grupal la asignatura "La relación médico-enfermo y el proceso de convertirse en médico", y como catedrático y jefe del departamento de Psiquiatría y Ciencias del Comportamiento me veo implicado en la puesta en marcha de los estudios de Psicología de la facultad de Filosofía y Letras. Tras siete años de dedicación a este esfuerzo compruebo que es imposible con "ideales y buena voluntad" renovar la educación universitaria. La política restrictiva en todos los sentidos y la propia institución docente impiden la renovación y el cambio. Es allí cuando me doy cuenta de que una reforma de la sanidad exige previamente una revolución educativa.

El segundo hecho acontece cuando, después de la muerte de Franco, la Academia de Ciències Mèdiques de Catalunya y Balears celebra en Perpinyà el "X Congrès de metges i biòlegs de llengua catalana" que debía haberse celebrado en 1936 y escoge como ponencia "La función social de la medicina" (4). Allí se llega a una nueva definición de salud: "La salud és aquella manera de viure que és autónoma, solidària i joiosa" (5) sobre la cual debe girar la reforma sanitaria en su transición a la democracia. Esta definición la hace suya el Congreso de Cultura Catalana de 1976 que incluye los siguientes aspectos: a) es necesario que la medicina se configure desde la perspectiva de salud, no de enfermedad; b) toda interpretación de salud global deriva de una interpretación de hombre, por tanto, atañe a todos y no a la clase médica en exclusiva; c) toda concepción de salud es fundamentalmente ideológica; d) a nivel científico y técnico es una cuestión necesariamente interdisciplinar y política. Nuevas ideas y nuevas esperanzas, la función social de la medicina, la reforma de la Sanidad Pública. ¿Cómo poner en marcha una tal reforma? Conscientes de lo utópico de la definición y de las dificultades implícitas del giro copernicano en la organización de la sanidad al que esta lleva, durante un año nos dedicamos a planificar un centro de salud en el casco viejo de la ciudad inspirado en la nueva ideología. Al cabo del mismo nos dimos cuenta que habíamos sido utilizados como mera propoganda política.

El hecho de que las ideas progresistas, tanto en el ámbito educativo a finales de los años 60 como en el ámbito de la sanidad a finales de los 70 fueran tan difíciles de implementar me llevó a reflexionar sobre cuáles eran las resistencias institucionales y colectivas al cambio y cuál la participación de quienes intentábamos promover el cambio. Me preguntaba si a esta tercera revolución psiquiátrica a la que nos lleva el análisis grupal y de la que habla Moreno,(6) no le hará falta al igual que hizo Freud en la segunda con los psicoanalistas, llevar a la práctica el viejo dicho de "médico, primero cúrate a ti mismo". Por ello, durante los últimos 20 años vengo convocando a colegas de diferentes disciplinas para analizar y reflexionar en grupo sobre esta problemática. Algunas de estas resistencias están ancladas en el concepto de poder que da el rol social y el saber y que subyacen a modelos sociales excesivamente jerárquicos y estructurados. Otras, se relacionan con la dificultad de dejar al margen el discurso profesional de la disciplina de origen para abordar conjuntamente los problemas colectivos que nos ocupan.

Mi deseo de colaborar activamente en la renovación del sistema sanitario en los distintos niveles (formación, asistencia, gestión, asociaciones nacionales, grupos de trabajo, etc.) no impidió, ni ha impedido mi participación y colaboración con colegas de todo el mundo y que está fundamentada en el grupo-análisis. Esta posición teórica he intentado llevarla profesionalmente a la práctica fomentando el desarrollo de espacios multidisciplinares en los que sea posible la aparición de grupos donde "analizar las resistencias a tomar consciencia de lo que de grupal tiene el ser humano y obrar en consecuencia". Entre los espacios a los que he dedicado mis esfuerzos en distintas etapas de mi vida figuran: el GAIPAC lanzado por Foulkes en 1967, el "Movimiento Grupo Analitico" surgido en 1980 en el seno de la Group Analyitic Society (London), "Convergencia Analítica Internacional" y "Grupo Análisis Operativo" iniciados con Hernan Kesselman y otros colegas de habla castellana y, finalmente, la Sección de Grupo Análisis de la Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo. La dificultad en llevar a la realidad de la práctica la utopía de "grupo, primero cúrate a ti mismo" se acrecienta hasta el infinito cuando se trata de grupos profesionales. Así y todo, los esfuerzos que he realizado en el análisis de mis grupos de pertenencia me demuestran que si no sirven para facilitar un cambio, por lo menos sí sirven para crear ciencia. Es gracias a ésto y a la aplicación del método genético-evolutivo en el que me baso para mis investigaciones que me he ganado el apodo de Jenofonte del grupoanálisis y, quizás, el título de Archivero Honorario de la AIPG con el que se han premiado mis intentos de poner en marcha secciones en el seno de la misma.

A la hora de entrar en prensa este libro, todavía ignoro si el Comité Organizador del Congreso de Londres me ha concedido o no el espacio que pedí para desarrollar el taller donde debatir este escrito. Si no lo hay, no importa, utilizaremos el que nos han concedido para la reunión científica de la Sección de Grupoanálisis. Y si no, lo debatiremos on-line en la Página de Grup d'Anàlisi Barcelona o en el Forum de Grupo-Análisis en Lengua Castellana.(7)

Invito pués a leer "La Historia de la AIPG: hechos y hallazgos" desde sus propios prismas. Todo comentario u aportación serán bien recibidos. Paso la palabra al grupo, para que ésta sea una historia viva, un testimonio inicial para que fluya el diálogo y no quede enterrada en el polvo de unos viejos archivos.

 

 

Entrevista

El grupoanálisis en la AIPG y su relación con otras terapias grupales.

P. Como primera preocupación, sabíamos que se había planteado un espacio en la AIPG (Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo) para grupoanálisis y, la pregunta era, si por grupoanálisis se entiende solamente el grupoanálisis foulkesiano o bien el término incluye al resto de líneas del psicoanálisis grupal.

R. Efectivamente, en la actualidad la AIPG cuenta con una sección de grupoanálisis. Esta sección, fue concebida desde sus inicios como una red de comunicación entre trabajadores grupales y grupos de estos trabajadores que se identifiquen con el grupoanálisis o estén interesados en él. Si el término grupoanálisis puede ser calificado como estrictamente foulkesiano o no es algo que hasta el propio Foulkes ponía en tela de juicio. Por lo menos así se deduce de sus comentarios al Symposium Europeo de Grupo Análisis celebrado en Lisboa en septiembre de 1970. 1 Foulkes consideró oportuno puntualizar que si bien él originalmente adoptó la expresión Group Analysis para referirse a su propio trabajo con grupos, fue tan sólo porque pensaba que Trigant Burrow, el primero en describir dicho método y acuñar el término, ya lo había sustituido por el de Philoanalysis. Posteriormente, y tras comprobar la falsedad de este hecho, le pareció más adecuado referirse a su propio método como psicoterapia grupoanalítica, y reservar el vocablo grupoanálisis como término genérico para referirse a todas aquellas teorías y métodos cuyos fundamentos resulten esencialmente compatibles con los presupuestos psicoanalíticos y grupoanalíticos.2 No sé si Foulkes siguió manteniendo criterios tan amplios una vez fundado al año siguiente el Institute of Group Analysis, que tenía como misión específica la de impartir una docencia dirigida a la titulación de especialistas en grupoanálisis. Tengo la impresión de que sí los mantuvo. De hecho hasta llegó a oponerse a la iniciativa de sus discípulos y colaboradores de crear en 1960 la Group-Analytic Practice. En 1964 tampoco se mostró partidario de iniciar el General Course of Group Work para trabajadores sociales, origen de lo que más tarde sería el Institute of Group Work.3 Durante más de veinte años he sostenido la idea de que el objetivo de Foulkes al impulsar GAIPAC (Group Analysis International Panel and Correspondance) en 1967 -origen a su vez del «movimiento grupoanalítico europeo»-, era más el de intentar prevenir tal tipo de institucionalización que el de favorecerla.

El trabajo fundacional de Foulkes con Mrs. E. Lewis «Grupo Análisis» lleva como subtítulo «Un estudio en el tratamiento de grupos en líneas psicoanalíticas», idea afín pero no equivalente a la de «psicoanálisis grupal». La cuestión de si las terapias de grupo analíticas debieran desarrollarse en el ámbito del «psicoanálisis organizado», es decir, dentro del marco de la API (Asociación Psicoanalítica Internacional) o, por el contrario, en otro contexto más amplio -como pueda ser el de las psicoterapias en general o más específicamente el de las grupales- es tema que se viene debatiendo desde hace más de medio siglo.4 Es muy posible que las resistencias con que nos topamos al establecer una sección de grupoanálisis en la AIPG se deban precisamente a la vinculación institucional que con la «organización internacional» psicoanalítica o con la grupoanalítica tienen muchos de los terapeutas que trabajan con el grupo analíticamente. Hasta el presente, los psicoanalistas que se atrevieron a explorar el campo de las terapias de grupo lo hicieron desde tres enfoques diferentes: unos pretendían psicoanalizar individuos en un grupo; otros analizar al grupo cual si de un individuo se tratara, y finalmente, los hay aunque pocos que, como Burrow y Foulkes, entendieron el grupoanálisis como el análisis de un grupo hecho por un grupo. Por este motivo a Foulkes no le agradó el título Psicoterapia psicoanalítica de grupo 5 con el que en 1967 Paidós publicó la versión castellana de Group Psychotherapy: The Psychoanalytic Approach de la que era coautor con Anthony, y que había aparecido en inglés diez años antes. En opinión de Foulkes, referirse a las terapias de grupo en estos términos no hace justicia a las características significativas que la situación grupal genera. En efecto, a partir de la segunda edición inglesa revisada (1965) se incluye el siguiente párrafo:

"Creemos que los conceptos psicoanalíticos, clínicos y teóricos, están firmemente enraizados en primer lugar con la situación unipersonal y luego en la bipersonal. No existe razón intrínseca alguna por la que el psicoanálisis no pueda en un futuro ampliar su ámbito y proclamar que el grupoanálisis no es más que psicoanálisis en una situación multipersonal. Sin embargo, si esto llegara a declararse, y en el momento en que ello se hiciera, resultaría patente que toda la teoría y práctica del psicoanálisis tendrían que ser cambiadas y quedarían muy lejos de la idea e intención de su fundador. Por el momento, pensamos en tanto que psicoanalistas que a esta disciplina le queda todavía una importante función que cumplir en su ámbito propio y no deseamos iniciar todavía una escuela más de pensamiento neoanalítico".6

En mi opinión, fue su pertenencia a la organización psicoanalítica y el miedo a originar un nuevo cisma interno lo que entonces retrajo a Foulkes y Anthony de pronunciarse en estos términos. Es más que probable que estuvieran enterados ya de cual había sido el destino de su precursor y colega en estas lides, Trigant Burrow, quien por haber osado defender postura semejante acabó expulsado de la API en 1933.

Para la AIPG, sin embargo, los criterios de pertenencia deben ser forzosamente muy amplios, ya que los estatutos contemplan el derecho de un miembro a formar parte de todas y cada una de las posibles secciones sin restricción alguna en base a formación, disciplina, escuela, orientación teórica o práctica. Ello es parte de la filosofía fundacional de la AIPG, donde no está permitido utilizar la condición de miembro como credencial ni como prueba de competencia profesional alguna.

P. ¿Qué significa grupoanálisis y cuáles son sus relaciones con las otras terapias grupales dentro de la AIPG?

Depende de si respondemos desde un punto de vista meramente organizativo y político o de si lo hacemos desde un punto de vista teórico, metodológico e ideológico más profundo y amplio. En el primer caso bastaría con decir que el término grupoanálisis, así en minúsculas y a título genérico, incluye muchas y distintas orientaciones teóricas y modalidades técnicas con las que se identifican algunos de los miembros individuales o colectivos de la asociación. La gama de organizaciones grupoanalíticas afiliadas a la AIPG va desde The Lifwynn Foundation for Research in Social and Analytical Psychiatry 7 y la Group Analytic Society (London) 8 a muchas otras que, a nivel nacional o local -y adhiriéndose o no a los principios teóricos y metodológicos avanzados por Burrow y Foulkes- hayan adoptado dicha denominación. Responder a esta pregunta con propiedad y en sentido estricto supondría aclarar previamente qué es lo que cada grupoanalista u organización grupoanalítica entiende por grupoanálisis, qué es lo que entre ellos comparten y en qué disienten; es decir, precisamente el género de cuestiones que aspiramos a aclarar mediante el diálogo en el ámbito de la sección de grupoanálisis.

El establecimiento de esta sección ha abierto el camino para que miembros de la asociación interesados en modalidades de terapia grupal de otras orientaciones hayan constituido a su vez sus propias secciones.

Las Secciones en la AIGP: Psicodrama, Familia, Grupoanálisis, etc.

P. Efectivamente, se nos ha comentado que la AIPG organizaba tres secciones -yo no sé si esto es nuevo, a nosotras nos lo presentaron como nuevo- : una de psicodrama, una de familia y una de grupoanálisis que estaría a tu cargo.

R. Ello es absolutamente cierto, si bien quizá no sean tan sólo tres las secciones hasta ahora establecidas; que yo sepa cuanto menos hay otras dos o tres aprobadas o en vías de aprobación: la de comunidades terapéuticas, la de teoría y terapia de sistemas y una de consultoría organizativa o algo por el estilo. El que esto de las secciones sea nuevo, sin embargo, no es más que un decir. Tengo entendido que en los tres primeros congresos de la AIPG -el de 1954 en Toronto, el de 1957 en Zúrich y el de 1963 en Milán- hubo, cuanto menos, sesiones específicas dedicadas a psicodrama y grupoanálisis. Foulkes, en carta a Raul Schilder del 10 de octubre de 1967 -con quien estaba preparando el programa del siguiente Congreso de Viena-, se quejaba de que por primera vez no se establecieran secciones separadas:

" A primera vista y en principio no tengo en particular crítica alguna que hacer respecto al programa salvo, claro, que lo que quedó acordado en Biel, no se ha llevado a la realidad, es decir, que deberíamos contar con secciones separadas, en particular en grupoanálisis"...

En noviembre de ese mismo año, Foulkes impulsó GAIPAC y su interés por la AIPG fue disminuyendo progresivamente después del Congreso de Viena. No es de extrañar, ya que era la idea de «favorecer el diálogo y el debate entre representantes de distintas orientaciones y métodos» -que figura como «presupuesto básico» de los fines de la AIPG- lo que atrajo a Foulkes a participar activamente, desde sus inicios, en la Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo con el objetivo de promover la fundación de «la internacional del grupo». 9 El relato que Foulkes hizo a la Group Analytic Society (London) a su regreso del congreso prefundacional de la AIPG en 1954, creo, apoya mi hipótesis:

"El que nuestro propio enfoque incluya elementos que compartimos con sectores no analíticos, a menudo incluso enemistados con el psicoanálisis como J. L. Moreno o K. Lewin, al mismo tiempo que preserva su base psicoanalítica ¿hace de ella [de la Group Analytic Society] una formación híbrida? En absoluto, ambos aspectos [el individual y el social] no tan sólo están sólidamente integrados en nuestro enfoque, sino que de hecho nunca se dan en artificial aislamiento. Representantes de cualquier disciplina se encuentran en el campo común del grupoanálisis. Una de las características de la sociedad es la cooperación interdependiente entre psiquiatras, psicoanalistas, sociólogos, antropólogos, filósofos, artistas, científicos, historiadores, escritores, etc. Para adquirir tal visión grupoanalítica, como bien sabemos, es precisa una tarea emocional terapéutica y la mejor manera de desarrollarla es participar en un grupo grupoanalítico.

Todo esto está muy bien, me dirán, pero ¿qué pasa con la controversia? A mi juicio, la Group Analytic Society puede, con su ejemplo, influir favorablemente a este respecto en la situación nacional e internacional tanto de hecho como simbólicamente. Me alegra poder comunicar que hoy contamos entre nuestros socios con representantes en este país de distintos enfoques analíticos, de modo que así podemos servir como fórum libre y honesto de intercambio de opiniones, enfoques y observaciones..." 10

Esta posición de Foulkes volvió a ponerse de manifiesto en 1963. En calidad de vicepresidente primero, Foulkes aconsejó que la Asamblea General de Milán, en la que se debatía la composición de la futura AIPG, se organizara de acuerdo a las distintas escuelas y tendencias representadas en el movimiento de psicoterapias de grupo. A pesar de que a Foulkes no le fue posible acudir personalmente al congreso fundacional de la AIPG, celebrado en Zúrich en 1973, estas ideas quedaron plasmadas en el articulado de sus estatutos. En el artículo II, sobre Fines, la «confrontación» de Foulkes queda recogida como «presupuesto básico». En efecto, allí se lee:

"El propósito de esta asociación es el desarrollo de la psicoterapia de grupo como ámbito de ejercicio, de formación y de estudio científico, mediante la organización de conferencias internacionales, publicaciones y otros modos de comunicación. A fin de promover tal tipo de comunicación, se facilita la participación de todos los trabajadores cualificados en este campo, bajo el presupuesto básico de que el respeto mutuo en la comunicación entre representantes de diferentes teorías y prácticas [cosa que yo entiendo implica igualmente a grupos representados, es decir, a todos los sectores posibles en dicho ámbito] es la manera más eficaz de asegurar la cooperación entre aquellas organizaciones y personas preocupadas por el uso y el estudio de recursos grupales en psicoterapia y en el abordaje de otros problemas humanos".

En el artículo X, sobre Secciones, queda especificado el proceder para constituirlas.11

Durante el VII Congreso Mundial de la AIPG (México, 1984), un grupo de psicodramatistas intentó poner en marcha por vez primera una sección. No sé hasta qué punto la solicitud cumplía con todos los requisitos estatutarios. El caso es que la petición no prosperó, puesto que el entonces presidente Jay Fidler la interpretó como una «división» de la AIPG. Nosotros fuimos los segundos en tratar de crear una sección y lo hicimos en toda regla. El 29 de mayo de 1987 mandé a la junta directiva de la AIPG una solicitud, firmada por veinticinco miembros interesados en establecer una sección permanente de grupoanálisis. Desde entonces, asegurar que la solicitud siguiera su debido curso y llegara a feliz término, se convirtió en mi principal responsabilidad, y a menudo en una pesada carga que, he de confesar, en más de una ocasión me vi obligado a sostener a mis expensas y llevar prácticamente en solitario. En septiembre de 1989 la junta directiva de la AIPG reunida en Amsterdam decidió por fin establecer la sección; aunque no sin grandes reticencias y a condición de que se denominara Grupo de Estudios en Grupoanálisis. A partir de ese momento compartí la responsabilidad de la recién creada sección con otros dos miembros de la misma y todas las decisiones fueron debatidas y tomadas en asamblea.

A mi entender, las dificultades puestas de manifiesto al intentar actualizar el artículo X obedecen a razones íntimamente ligadas al pasado histórico de la asociación y a la naturaleza y fines de la misma. El concepto de sección con que se opera varía de acuerdo con la idea que de la asociación tengan quienes la postulan y de la complejidad que supone el hecho de que estén afiliadas a la misma tanto organizaciones como miembros individuales; esto último, por cierto, se lo debemos al propio Moreno. En nuestro caso particular, la petición original la formulamos en los términos que están recogidos en los objetivos básicos de la AIPG, es decir en forma de comunicación.12

Mucho ha llovido desde entonces. Las vicisitudes con que tropezamos y los obstáculos a superar fueron innumerables, de modo que esta «saga» de la sección de grupoanálisis en algunos momentos llegó a tomar visos de tragedia griega. Por supuesto estas vicisitudes no eran ajenas al interjuego de intereses políticos y económicos de algunas organizaciones miembro. Comprender este desarrollo y la naturaleza de los obstáculos que se nos presentaron no es posible sin tener en cuenta la historia del desarrollo y estructura organizativa de esta asociación profesional y sus ideologías en conflicto. Con tal de ser breve, me limitaré a decir que, una vez autorizada (Amsterdam, 1989), esta sección empezó a funcionar eficazmente. Fruto de ello fueron la incorporación a la Asociación de The Lifwynn Foundation en 1992, el Symposium «Más allá de las Dicotomías: la orientación de Trigant Burrow» -mantenido en agosto del 1992 durante el Congreso de Montreal- y la celebración en ese marco de la asamblea administrativa del grupo de estudios, donde se planificaron las actividades de la sección para el siguiente congreso. En septiembre de 1993, sin embargo, sucedió algo inesperado. La junta directiva reunida en Heidelberg, coincidiendo con el IX Symposium Europeo de Grupo Análisis, decidió por aclamación redenominar como Sección de Grupo Análisis al Grupo de Estudios en Grupo Análisis. Se acababa de aceptar la petición encabezada por David Kipper de establecer una Sección Internacional de Psicodrama. Sin reflexión previa y ante la oportunidad del momento, los miembros del grupo de estudios presentes en la junta me pidieron que a aquél se le concediera igualmente el título de sección. Craso error, pues, sin haberlo debatido previamente con el resto de miembros del grupo, con el cambio se renunciaba a una denominación en consonancia con los propósitos del grupo de estudios y se tomaba una decisión que podía acarrear un cambio de identidad que, sin duda, afectaría su futuro desarrollo. No nos dimos cuenta de hasta qué punto un cambio de denominación implica un cambio en lo denominado ni de que bajo una misma denominación de «sección» cabían sentidos distintos. Así pues, con esta idea de medir a todos por el mismo rasero empezó de nuevo para la recién bautizada sección un calvario administrativo. En el curso de aquel symposium se improvisó una asamblea administrativa donde se rindió cuenta del cambio de denominación de la sección y se concretó la agenda para el Congreso de Buenos Aires. La junta directiva, reunida en Santander en 1994, tuvo que confrontarse con el hecho de que no eran ya dos sino tres las secciones establecidas -se había aprobado en el ínterin la de Terapia de Familia- y con que había además varios grupos solicitando convertirse en sección. Ante esta situación, y después de interminables deliberaciones acerca de la legalidad y estructura de las nuevas secciones, la junta estableció que éstas fueran copresididas (co-chaired dicen los ingleses) por un miembro de la sección -generalmente el delegado por el grupo para promoverla- y un presidente anterior (Past-President) designado por la ejecutiva de la AIPG como garante de la adhesión de la sección a los fines aducidos para su creación y para velar por que ésta se rija de acuerdo con las pautas marcados en los estatutos. En el caso de la Sección de Grupo Análisis «estamos a cargo» de ella Malcolm Pines y yo mismo. Ambos fuimos ratificados por unanimidad en la asamblea administrativa de la sección celebrada en el Congreso de Buenos Aires y confirmados en el cargo por el actual presidente de la asociación.

No obstante, durante la Asamblea General de Miembros en Buenos Aires se produjo un hecho sin precedentes. En su discurso de toma de posesión, el presidente entrante expuso su programa de gobierno. Tras anunciar los «cambios democráticos» que se proponía llevar a cabo en la asociación -y con los que esperaba lograr que tanto los cargos de la junta directiva como los de los «coordinadores» de las actuales y futuras secciones fueran elegibles por los miembros, y no tan sólo ratificados por ellos como se venía haciendo hasta entonces-, nos sorprendió con la siguiente declaración:

"En lo que respecta al desarrollo de secciones y de pautas para la elección de sus comités organizativos quisiera agradecer a Juan Campos todo el duro trabajo y la ayuda prestados.

Juan merece especial crédito por haber animado a la organización a desarrollarse en esta dirección. Juan siempre trajo un soplo de aire fresco y vitalidad a la directiva. Sin embargo, debemos reconocer que es natural y apropiado que otros «barones» de otras partes de este mundo tomen sus lugares en esta discusión continuada y en el liderazgo de secciones. El principio de rotación es importante..."

Lo extraño del caso es que a continuación, designó a tal fin un comité coordinador especial exclusivamente para la Sección de Grupo Análisis -un ad-hoc Committee- y le encargó «desarrollar la estructura del comité coordinador de la sección y preparar sus elecciones que tendrán lugar con ocasión de nuestro próximo congreso en Londres en 1998». Lo inconcebible -y si cabe incluso contra el espíritu de los estatutos y quizá la letra de los mismos- es que el presidente tomara esta decisión sin consultar al resto de la ejecutiva e informar a la junta directiva como es preceptivo, o sin siquiera informar previamente a la copresidencia de la sección como mínima cortesía obliga. Sin embargo, lo más alarmante es el tono autocrático con que termina su pronunciamiento: «Como presidente, me complace autorizar a este nuevo equipo para que complete sus tareas y me informe directamente.»13 
El laudatorio párrafo citado más arriba, donde el presidente Hopper me hace el inusitado honor de reconocer mi labor en pro de la puesta en marcha de secciones en la AIPG viene precedido por lo siguiente:

"El giro hacia la elección de comités coordinadores es reflejo de mi punto de vista respecto a que el crecimiento de nuestra organización, o incluso su misma supervivencia, depende de cómo compaginemos los procesos gemelos de unidad y diversidad. Hay un alto potencial para un diálogo creativo. Vale la pena señalar que a este respecto las exigencias de los miembros de la organización como un todo son idénticos a las iniciativas de la junta directiva: sigamos trabajando unidos y compartiendo nuestras ideas, valores básicos y orientación, pero mantengamos nuestros espacios propios y nuestros intereses específicos para el desarrollo de identidades que nos distinguen".

Personalmente, no podría estar más que de acuerdo con estos afanes democratizadores para con la asociación y la necesidad de conjugar acertadamente el binomio unidad-diversidad. En lo que no puedo estar de acuerdo es en el procedimiento seguido para alcanzar estos objetivos. De hecho, mi primera propuesta a la junta directiva, a la que asistí como vicepresidente segundo en Zagreb, fue la creación de un comité de fines y medios. La propuesta quedó registrada en acta, pero no hubo tiempo para discutirla en aquélla ni en sucesivas reuniones.14 Años después, mis propios puntos de vista me llevarían, primero, a promover la puesta en marcha de secciones y, luego, a establecer un diálogo entre las mismas. Es muy posible que las secciones se pongan ahora de moda y que broten como setas dentro de la asociación, pero es muy posible también que éstas acaben por perder el sentido que llevábamos en mente al promover la nuestra, o que siquiera sigan de acuerdo con el espíritu y la letra establecidos al respecto en los estatutos.

Lo que ha sido nuevo en el Congreso de Buenos Aires es que la Sección de Grupo Análisis (GAS) y la Sección Internacional de Psicodrama (IPsDS) hayan mantenido cada una por su cuenta sendas reuniones científicas y administrativas, y ambas una reunión conjunta a tres con la de Terapia de Familia (STF). Esta sesión conjunta había sido planeada para tranquilizar a quienes temían la instauración de secciones en tanto amenaza potencial para la unidad de la AIPG y posible fuente de discordia que podría reactivar las viejas rencillas entre Moreno y Slavson que tanto dificultaron y prolongaron las negociaciones de su gestación. Mi idea era que esta sesión conjunta sirviera de puente, al mismo tiempo que de área de debate y confrontación dentro de nuestro propio grupo y con las demás orientaciones presentes en la organización y participantes en el congreso. De no ser así, la confrontación y el respeto por el diálogo que busca la asociación no se da, pues cada uno habla «de lo suyo» a «los suyos» y «no asiste a reuniones de lo que no entiende». Si bien fue un éxito de público, el encuentro triangular grupoanálisis-psicodrama-terapia familiar terminó reducido a poco más que un mero acto simbólico. Fue una celebración en la que se prodigaron bonitos discursos y donde, entre presentaciones y «magistrales traducciones» de aficionados, no quedó tiempo para debatir nada ni entre los miembros del panel, ni con los asistentes, y mucho menos para alcanzar los objetivos que nos proponíamos. Pero todo es empezar.

P. Ésta era la somera información de que disponíamos, pero nos pareció interesante tener una idea más clara sobre de dónde viene y adónde va la AIPG y en qué punto se encuentra ahora... Recuerdo que Serrano tenía mucho interés en que mucha gente se afiliara a la AIPG y, con la actual crisis económica en la Argentina, esto era casi imposible de lograr, ya que apenas se logran cobrar las cuotas de las asociaciones locales.

La pregunta que aquí me plantean es bien compleja, más que una pregunta parece todo un cuestionario. Intentaré responder por partes. Empezaré con lo más anecdótico: la insistencia de Serrano en que muchos se afiliaran a la AIPG. Estoy convencido de que sin saber de dónde viene y adónde va la AIPG, e ignorando cuáles son sus objetivos, ideales, filosofía y verdaderos propósitos, difícilmente puede uno dedicarse a reclutar miembros o siquiera inscribirse uno mismo. Es evidente que a este respecto la situación económica pesa, pero cuando la gente está convencida de que le conviene pertenecer a una organización hace los sacrificios que sean para ser admitida. Es más, en casos en los que las condiciones de la realidad económica lo han hecho aconsejable, la AIPG ha tomado las medidas necesarias para aliviar tal situación, ya sea reduciendo las cuotas de los miembros o incluso renunciando a cobrarlas cuando la inflación o su envío en divisas lo hacía imposible. Y eso, que la AIPG «está en permanente bancarrota». Me imagino que vuestra pregunta la planteáis no sólo a nivel personal, sino también como miembros de la AAPPG (Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo) , organización afiliada a la AIPG desde hace muchos años. Al fin y al cabo, me parece recordar que la vuestra es una de las naciones a las que en algún momento se aplicaron tales medidas excepcionales y quepa incluso que aún sigan en vigor.

La pregunta me recuerda la que yo mismo me planteé al asistir por vez primera a una reunión de la junta directiva de la AIPG. Fue en París, el 27 de octubre de 1984. Al igual que Serrano a ustedes, el entonces presidente Jay Fidler nos instaba a reclutar miembros. Para entonces llevaba yo muchos años de miembro no en una sino en dos de las organizaciones afiliadas más antiguas: la AGTA (American Group Therapy Association), que luego se convirtió en AGPA (American Group Psychotherapy Asociation),15 y la Group Analytic Society (London) y había contribuido a la organización de un congreso y participado en otro. Sin embargo, nunca se me había ocurrido hacerme miembro por cuenta propia. Imaginaba que siendo miembro de una organización afiliada, ya lo era indirectamente de la AIPG. Mi ignorancia iba más allá de las diferencias entre clases de miembros. De la historia y los fines de la asociación tampoco sabía demasiado. Así pues me pregunté en voz alta qué argumentos cabría esgrimir para animar a alguien a inscribirse como miembro individual. Malcolm Pines, quien por su condición de presidente anterior bien debía conocer la respuesta, contestó:

"Ayudar a la AIPG contribuye al desarrollo de «una red invisible» que procura expandir por todo el mundo la práctica de la psicoterapia de grupo. Es un acto de fe, una contribución a una práctica que uno cree es valiosa para la humanidad".

Y, acto seguido, ya más pragmáticamente y ciñéndose a mi pregunta, añadió:

"Contribuir a la construcción de una organización sólida, hará posible en un futuro beneficios personales concretos tales como una revista, mejorar la calidad de experiencias educativas y la reducción de cuotas". 16

Desde entonces han pasado más de diez años y no sé si hoy la asociación es más sólida o más rígida que cuando me incorporé a ella, pero como siempre sigue con apuros económicos. El número de suscriptores nunca es suficiente y, en consecuencia, la revista sigue por llegar, la calidad de las experiencias educativas por evaluar y las cuotas en vez de bajar suben cuanto menos a nivel del costo de la vida.

La metáfora de la «red invisible» de Malcolm, no puede menos que traerme reminiscencias de aquel «invisible college» del que habla Dicks en su libro 50 years of the Tavistock Clinic. 17 No sé si la respuesta de Malcolm, por su tono religioso y talante revolucionario, os animará a predicar «la buena nueva» y «convertir herejes» para reclutar nuevos miembros.

Escasamente un mes antes de la reunión de París, había presentado una ponencia sobre formación en el European Symposium in Group Analysis de Zagreb.18En ella hacía una introducción histórica, pues había despertado ya en mí la curiosidad por el «mito de los orígenes» de las terapias grupales. La alusión de Malcolm a una «red invisible» de la AIPG me aclara algunos aspectos acerca de los orígenes de la organización grupoanalítica y me explica, en parte, el interés de Foulkes por la «internacional de grupo» y la influencia que él pudo tener en que no se constituyera siguiendo el modelo de la internacional psicoanalítica, tal y como los seguidores de Slavson preconizaban.

Previamente a París, mi interés por la AIPG había sido más bien escaso, limitado a lo que ésta significaba en cuanto a contexto institucional para la Group Analytic Society (London), y en la medida en que afectaba al «movimiento grupoanalítico europeo» en el que yo desde 1980 había adquirido cierto protagonismo. Hasta aquel día en París, mi visión de las psicoterapias grupales en sus fases pioneras era más bien utópica. 19 Desde ese momento han pasado once años. Serví cuatro períodos en la ejecutiva de la AIPG, uno de ellos como vicepresidente segundo y otro como vicepresidente primero. Puse en marcha la cuestión de las secciones y asistí a no sé cuántas reuniones de junta. Es más, durante el mismo Congreso de Amsterdam, donde se aprobó la sección de grupoanálisis como grupo de estudio, organicé la mesa redonda «Reencuentro de Pioneros: los Padres de la Constitución en una pecera»20, que está grabada en cinta y que junto con la correspondencia que su preparación generó constituye hoy por hoy la principal fuente de datos de que dispongo sobre los orígenes de la asociación. Actualmente creo estar mejor enterado que entonces, y me resulta relativamente fácil hacer una somera presentación de la AIPG.

Si tuviera que definirla operativamente y en pocas palabras, diría que se trata de una organización compleja, de carácter trashumante (sin sede fija) que se reúne en congresos cada tres años, y a partir del próximo Congreso de Londres cada dos. Cuenta con dos clases de socios -individuales y organizaciones afiliadas-, peculiaridad a la que ya nos hemos referido. La asociación no tiene otro órgano oficial de expresión que un boletín, el viejo Newsletter, llamado actualmente Forum. Esto, para una asociación que aglutina a varios grupos con el fin de promover la comunicación entre sus socios y cuyo presupuesto básico descansa en el respeto por la comunicación, no deja de ser algo extraño. Ser miembro de la AIPG no implica acreditación profesional alguna ni certificado de especialización o competencia para sus miembros individuales ni para sus organizaciones afiliadas. Los idiomas oficiales de la asociación son el castellano, el francés, el alemán y el inglés, si bien en los actos corporativos y en la correspondencia se utiliza, casi en exclusiva, este último. Hoy por hoy, la actividad principal de la AIPG se limita a organizar congresos mundiales o regionales sobre psicoterapia grupal. La asociación se financia con la matrícula de sus congresos y las cuotas de sus miembros. Las cuotas de los miembros individuales, salvo justificadas excepciones, son uniformes, mientras que las de las organizaciones afiliadas varían según el número de socios con que cuenten. La junta directiva se renueva periódicamente y sus treinta miembros son elegidos por correspondencia. El comité ejecutivo, que se va renovando de la misma forma, antiguamente contaba con diez miembros y a partir del congreso de Buenos Aires queda reducido sólo a cinco: presidente, tesorero, secretario, presidente anterior y presidente electo (President-Elect). La actual composición, si bien aumenta la operatividad del comité, que era lo que se pretendía, también acentúa el carácter presidencialista de la asociación. El ejecutivo cuenta con diversos comités establecidos en cumplimiento de los estatutos y con otros de libre elección, entre los que figuran las mencionadas secciones de reciente creación y una asamblea consultora de organizaciones afiliadas, la ACOA, que ha venido a sustituir a los tres consultores por elección con que contaba anteriormente. Lo más destacable de esta asociación de doble membresía es que el voto de los delegados de las asociaciones afiliadas tiene en asamblea el mismo peso que el de un miembro individual, independientemente de cuál sea el número de miembros que tengan o la cuota que aporten. Es importante recalcar que el ser miembro de una organización afiliada a la AIPG no basta para ser miembro individual de ésta y que, a pesar de que para la admisión de organizaciones afiliadas se cuente con un procedimiento de selección, para que un miembro individual sea admitido basta con que sea presentado por otros dos miembros individuales.

No tan fácil resulta responder a su pregunta con respecto a de dónde viene y adónde va la AIPG y, como dicen ustedes, en qué momento está ahora. De la situación en que se encuentra actualmente la AIPG nos da idea lo que hemos venido diciendo respecto a las secciones. Pero ¿cómo se llegó a esta situación? ¿de dónde vienen los polvos que dieron lugar a estos lodos? Averiguarlo supone meternos de lleno en el «mito de los orígenes», del cual hay tantas versiones como personas contribuyeron a su fundación. A este propósito me viene en mente esta observación de E. J. Anthony:

"La lección última que se puede sacar de la historia es que para el desarrollo coherente y lógico de una disciplina debe recordarse de forma constante y consistente de dónde viene y adónde va. El pasado es conglomerado, complejo, confabulatorio y conflictivo. Pese a ello, es responsabilidad de cada trabajador resolver dichas perplejidades y complejidades por sí mismo y, al así hacer, descubrir su propia identidad profesional y su propósito último. Cada psicoterapeuta de grupo debe convertirse en su propio historiador y encontrar su camino con amplitud de miras y suficiente imparcialidad relativa para a través de los bajíos de ideas psicobiológicas -improbables, mitológicas, místicas y paralógicas- del presente y del pasado, hacerse sus propias preguntas y buscar sus propias respuestas dentro de todo aquello que es conocido e imaginado. Él tiene que emprender esta tarea por sí mismo ya que nadie la puede llevar a cabo por él. La mentalidad científica, que se educa y alimenta de la historia, alcanza una ecuanimidad y objetividad que pasa a ser característica del científico en todo lo que hace. La paciencia, esa virtud científica esencial, puede venir no sólo de escuchar a los pacientes, sino también de escuchar a la historia. 21

Anthony para mí es el Heródoto de las psicoterapias de grupo, el verdadero Padre de la Historia, cuyos pasos yo, modesto Xenofonte del grupoanálisis, trato de seguir. Dos párrafos más arriba en este mismo trabajo nos da la clave para convertirnos en nuestro propio historiador:

"La esencia de un método histórico dinámico consiste en seleccionar datos significativos de la historia y situarlos en una secuencia temporal. Inevitablemente esta selección y este arreglo implican una cierta manipulación, pero no por ello deben distorsionarse los hechos. El historiador clínico debe estar dispuesto a admitir que, a pesar de que en su disposición de los hechos pueda tener prejuicios, está todavía capacitado para dar crédito a otras perspectivas, incluso cuando contradigan su propia tesis. Al igual que el buen terapeuta, debe ser capaz de ver en esta multiplicidad de perspectivas incompatibles no un fracaso o insensatez, sino la verdadera riqueza de vida".

Mi propio prejuicio -quien avisa no es traidor- está en creer que si el desarrollo de las terapias grupales no ha llegado ni mucho menos a lo que debiera haber sido su plenitud, ello se debe a que los terapeutas grupales, como colectivo, no hemos sido capaces de aplicarnos a nosotros mismos el método de trabajo grupal que con otros utilizamos. El viejo adagio «médico primero cúrate a ti mismo» se queda cojo cuando el médico es el grupo. La dificultad para «seleccionar datos significativos de la historia y situarlos en una secuencia temporal» está en que quienes los seleccionaron y ordenaron no siguieron la regla de oro del método histórico dinámico, ni confiesan tampoco los prejuicios que los guiaron.

En esto hay una excepción que es la autora de lo que podemos considerar la historia oficial de la asociación. Me refiero a Zerka Moreno, quien concluye el largo capítulo dedicado a la historia en The International Handbook of Group Psychotherapy (Manual Internacional de Psicoterapia de Grupo) en estos términos:

"La historia pone los verdaderos méritos en su propio orden de justa valoración y corrige falsas prioridades. Individuos a quienes en vida no se les da crédito alguno por sus logros, pueden obtener el reconocimiento tras su muerte. Y, al contrario, personajes cuyos nombres en vida fueron famosos, pueden quedar borrados de la memoria y olvidados en los anales de la ciencia [...] Pero es distinto con el científico. Éste no sabe qué lugar ocupa en el templo de la fama, ni siquiera si recibiera el premio Nobel, hasta que la historia de la ciencia se lo asigne. En nuestro mundo, la historia de la ciencia es lo que más se parece al juicio final. Con tal que haya documentos en las bibliotecas, en las leyendas populares, la verdad finalmente se pondrá de manifiesto".22

La «cuestión de las prioridades» puede ser de importancia cuando se trata de la historia de una ciencia. Sin embargo, cuando se trata de la historia de una organización, como máximo éstas deben figurar entre sus prolegómenos. De quedarnos pegados a esta cuestión corremos el peligro de que el árbol no nos deje ver el bosque.

La otra historia oficial de la AIPG, que yo conozca, es la de Samuel B. Hadden, miembro fundador y primer presidente de la asociación, quien fue asimismo el primero en intentar reunir unos Archivos de la Asociación. Desgraciadamente éstos se perdieron. Lo único que queda de ese esfuerzo es el «Esbozo histórico de la AIPG» que escribió para el primer directorio de miembros. Este esbozo cubre el período 1954-1980 y se guía por los congresos que condujeron a la fundación de la AIPG y los convocados por ésta hasta la última de las fechas.

El esquema de Hadden, siguiendo los congresos, tiene el inconveniente de eludir un período muy confuso y debatible que precede al primer congreso, lo que yo llamo la prehistoria de la AIPG. Considero también que en su desarrollo no separa suficientemente las etapas prefundacionales y posfundacionales. El mismo Hadden ya hace referencia a dicha prehistoria cuando empieza su relato diciendo:

"La Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo quedó organizada en Zúrich en agosto de 1973 como una ampliación del Consejo Internacional que ya había llevado a cabo exitosamente cuatro congresos. Después de considerables dificultades, el primer congreso tuvo lugar en agosto de 1954. Fue a continuación de la conferencia anual de la AGPA en 1952 que Sam Slavson sugirió que estábamos preparados para celebrar un congreso internacional conjuntamente con el Congreso Mundial de Salud Mental que se iba a celebrar en Toronto en agosto de 1954. Pronto nos enteramos, sin embargo, de que Jacob Moreno y el Instituto Moreno de Psicodrama planeaban un encuentro al mismo tiempo. Frank Fremont-Smith, cabeza de la Asociación Mundial de Salud Mental, insistió en que ambos organizaran conjuntamente un único congreso en psicoterapia de grupo". 23

Queda claro el lugar y el momento de la fundación y que con el congreso de Zúrich de 1973 acaba el período prefundacional. Lo que ya no queda tan claro es cómo este V Congreso (Zúrich, 1973) pudo haber sido organizado por un consejo internacional que surgió en el II Congreso (Zúrich, 1957) de una propuesta del comité internacional que hasta entonces venía organizando los congresos. Tampoco queda claro si fue Slavson o Moreno quien primero tuvo la idea de organizar congresos en psicoterapia de grupo, ni quien propuso montar comités internacionales a tal fin. Según Hadden, fue Slavson quien en 1952 consideró que la AGPA estaba ya preparada para organizarlos. Lo que no dice es que, ya en 1948, él y Hulse se habían comprometido a hacerlo; ni que en 1951 Moreno organizó en París un primer comité internacional con el mismo objetivo.

De alguna manera es importante que se comprenda qué es la AIPG, cuál es su utilidad, etc. Asimismo, creemos oportuno que nos haga su propia presentación y que nos explique hacia dónde nos podría conducir la AIPG y cuáles son sus objetivos y filosofía

 

A fin de introducir cierto orden en la secuencia de hechos, yo he escogido dividir mi exposición en los siguientes capítulos:

1 Prehistoria (1948-1954); que abarca desde el III Congreso Mundial de Salud Mental en Londres y el Congreso de Psiquiatría de París hasta el V Congreso de Salud Mental en Toronto, al cual se agregó el I Congreso Internacional en Psicoterapia de Grupo.

2 Período Prefundacional (1954-1973); que empieza con la Sesión Administrativa del I Congreso Internacional en Psicoterapia de Grupo del jueves, 12 de agosto de 1954 en Toronto, y termina en la Asamblea Constitutiva del V Congreso Internacional en Psicoterapia de Grupo de Zúrich. El período prefundacional a su vez viene dividido en dos subperíodos que podríamos denominar como:

a) Fase Promocional (1954-1957) -incluyo aquí los congresos de Toronto y el primero de Zúrich-; promovida por el comité internacional decidido en la Sesión Administrativa de Toronto, y

b) Fase Preconstitucional (1963-1973) -incluyo aquí los congresos de Milán y de Viena-; regida por el Consejo Internacional establecido en Zúrich el 31 de agosto de 1957 a fin de constituir una Sociedad Internacional en Psicoterapia de Grupo.

3 Período Constitucional (1973-1977); que se inicia con la aprobación de un borrador final de estatutos en el II Congreso Internacional de Zúrich y concluye con la legalización formal bajo el código civil suizo, la incorporación de miembros individuales y de organizaciones y la celebración, de acuerdo con los estatutos, de una I Asamblea General de Miembros (Congreso de Filadelfia, 1977), donde Raymond Battegay fue elegido presidente y se designó Londres como sede del siguiente congreso.

4 Período de Desarrollo Organizativo (1977-1998); el cual a su vez viene descrito en función del mandato de los presidentes bajo los cuales se organizó cada uno de los congresos:

  • Copenhague, agosto 1980: Raymond Battegay (1977-1980)
  • México, abril 1984: Malcolm Pines (1980-1984)
  • Zagreb, agosto 1986: Jay Fidler (1984-1986)
  • Amsterdam, 1989: Grete Leutz (1986-1989)
  • Montreal, 1992: Fern Cramer Azima (1989-1992)
  • Buenos Aires, 1995: Al Serrano (1992-1995)
  • Londres, 1998: Earl Hopper (1995-1998)
  • Jerusalén, 2000: Roberto de Inocencio Biangel (1998-2000)

Hay que tener en cuenta que la historia de la AIPG es la de un proceso en continua evolución, y por tanto intentar delimitarlo en períodos con fechas concretas es como intentar ponerle vallas al campo. Así y todo, ésta es la mejor manera que encuentro para ordenar el relato.

 

 

1. Prehistoria (Londres 1948-Toronto 1954)

Si bien las terapias de grupo empiezan en Estados Unidos en la década de los treinta (e incluso hay en ese mismo país precursores que los anteceden), no será hasta principios de los cuarenta cuando Moreno y Slavson fundan sus respectivas asociaciones de grupo en Nueva York. Es a finales de esta década, cuando en el III Congreso Internacional de Salud Mental (Londres, 1948) se empieza a pensar en la creación de una organización internacional permanente dedicada a las psicoterapias de grupo.

Con ocasión de las bodas de plata del International Journal of Group Psychotherapy, S. R. Slavson, su fundador, cuenta que:

"En verano de 1948 la recién fundada Organización Mundial de Salud Mental celebró un congreso en Londres. El Dr. Wilfred C. Hulse, con quien yo había trabajado muy estrechamente en la entonces llamada American Group Therapy Association, iba a pasar el verano en Europa [...] estaba pensando en asistir a esa conferencia y me urgió a que yo también asistiera ya que tenía indicios de que había un cierto interés en psicoterapia de grupo en algunos países europeos. A mí me resultaba imposible asistir y le pedí al Dr. Hulse que me representara. Sin embargo, bajo la presión de algunos de mis colegas del Jewish Board of Guardians, donde se había realizado el trabajo original en psicoterapia de grupo, cambié de idea a última hora y envié mi inscripción formal. Las sesiones plenarias sobre terapia estaban ya completas, pero había un espacio en la sesión sociológica y se me sugirió que presentara allí un trabajo, cosa que hice".24

Refiriéndose a este mismo viaje, Mortimer Schiffer, uno de los más íntimos colaboradores y amigos de Slavson, comenta:

"En 1948, Slavson y W. C. Hulse participaron en la I Conferencia Internacional de Salud Mental en Londres, Inglaterra.25 Allí lanzaron la idea de organizar una conferencia dedicada exclusivamente a psicoterapias de grupo bajo el patrocinio de la AGPA, entonces todavía una organización joven. Los psiquiatras extranjeros encontraron interesante la propuesta y pidieron a Slavson y Hulse que planificaran dicha conferencia. Con el apoyo del Dr. George S. Stevenson del National Institute of Mental Health, a quien se le solicitó colaboración, este plan se llevó a feliz término y se celebró un encuentro en psicoterapias de grupo conjuntamente con la III Conferencia de la Organización Mundial de Salud Mental (Toronto, 1954). Resultado de este encuentro fueron la formación de un International Council of Group Psychotherapy y un segundo encuentro en psicoterapia de grupo (Zúrich, 1957) bajo el patrocinio del recién formado Council".26

Este relato, a pesar de sus inexactitudes,27 parece confirmar la versión de Hadden, si bien nos precisa que Slavson venía considerando la idea desde hacía cuatro años. Lo que cabe preguntarse es por qué se demoró tanto la organización del congreso.

La versión de la gente allegada a Moreno es totalmente distinta. Moreno era bien conocido en Europa mucho antes que Slavson. La psicología social de Moreno y Kurt Lewin había sido estudiada en la Tavistock por un grupo liderado por J. R. Rees. Este grupo llevaría la guerra total a las neurosis de guerra y sería el origen en Inglaterra de las psicoterapias de grupo y las comunidades terapéuticas. Durante el conflicto bélico Foulkes utilizó el psicodrama para formar psicoterapeutas de grupo y algunas de las ideas sociométricas de Moreno fueron empleadas por Bion en la selección de oficiales de la War Office Selection Board. Nos cuenta Zerka Moreno que terminada la guerra, Jacob Moreno había sido invitado por la Tavistock Clinic a enseñar durante varios meses en Londres, cosa que no parece que se llegara a materializar. En cambio, confirma que el Mayor Fitzpatrick visitó el Instituto Sociométrico de Nueva York y, como resultado, la Beacon House publicó el famoso Symposium in Group Psychotherapy titulado «Algunos problemas grupales en la Armada Británica» por el que los estadounidenses se enteran del desarrollo británico. En 1947, Moreno aceptó coeditar con Kurt Lewin Human Relations, la revista del Institute of Human Relations de la Tavistock. No pudo, sin embargo, participar en el Congreso de Londres de 1948. Para extender al mundo entero la «buena nueva» que con tanto éxito venía propagando entre sus colegas en Estados Unidos, Jacob Levy Moreno aguardó a otra ocasión memorable, el I Congreso Mundial de Psiquiatría (París, 1950). Telegrafió a los organizadores un escueto mensaje: «Dos trabajos: Psicodrama.

Sociometría. Firmado: Moreno».28 Este primer viaje de retorno a Europa no pudo ser más gratificante ni fructífero para Moreno. Allí se sintió respetado y reconocido no sólo por los psiquiatras, sino también por los psicoanalistas, cosa que nunca había sucedido antes, ni en Viena ni en Estados Unidos. Naturalmente su obra ya era conocida tanto en Francia como en Inglaterra y algunos de estos analistas le habían visitado en sus institutos de Beacon y Nueva York. Al año siguiente Moreno viajó a Londres como huésped de Joshua Bierer para visitar la organización de su club socioterapéutico, el Marlborough Hospital, y le propuso a su anfitrión que convocara a los líderes de las psicoterapias de grupo para un encuentro. Además de J. Bierer, acudieron T. P. Rees, H. Ezriel, P. Senft, y S. H. Foulkes. Este último ya conocía a Moreno de haberle visitado en Nueva York. En la agenda del encuentro había dos asuntos: la presentación a cargo de Moreno de un plan para una Sociedad Británica de Psicoterapia de Grupo y la propuesta -también de Moreno- de fundar una revista británica, que finalmente editaría conjuntamente con Bierer bajo el título de The International Journal of Social Psychiatry. En abril de 1951 Moreno viaja de nuevo a París y consigue organizar bajo los auspicios del Moreno Institute y con él mismo como presidente, un comité internacional de psicoterapia de grupo con los objetivos explícitos de:

1 Definir los estándares profesionales para la psicoterapia de grupo y trabajar para alcanzar un consenso al respecto.

2 Preparar el I Congreso Internacional de Psicoterapia de Grupo a celebrar en Londres o París en otoño de 1952, y que finalmente se celebró en Toronto en 1954 .

3 Patrocinar unos Archivos Internacionales de Psicoterapia de Grupo.29

De estas tres tareas, la única que se ha completado fue la de organizar un primer congreso. La imposibilidad de alcanzar un consenso sobre requisitos para ejercer la profesión es lo que más demoró la fundación de la asociación.

Se da la curiosa coincidencia de que en el mismo mes de abril de 1951 en que Moreno organizó en París el First International Committee for Group Psychotherapy, en Nueva York se publicó el primer número del International Journal of Group Psychotherapy, idea en la que Slavson se puso a trabajar al regreso de su viaje a Londres en 1948. Slavson cuenta haberse quedado sorprendido en aquel congreso por "el gran número de delegados de distintos países que mostraban interés en la materia y que habían leído nuestros artículos acerca de la terapia de grupo en el American Journal of Orthopsychiatry."

y explica que

"Al volver a EE.UU. y con el apoyo del Dr. Hulse sugerí al Board de nuestra asociación que publicáramos una revista [...] Finalmente, en la asamblea general de 1950 ésta fue aprobada y se nombró un comité constituido por el Dr. Hulse, el Dr. Harris Peck y yo mismo para llevar a cabo el plan".30

Al leer esto pensé que la idea de lo internacional en Slavson pasaba más por la letra impresa que por los encuentros cara a cara, como lo sugiere el calificativo de «international» adoptado para el título de su publicación (International Journal of Group Psychotherapy), y quizá explica la demora de Slavson en organizar el congreso internacional con el que se había comprometido. Mi hipótesis parece verse reforzada por el siguiente párrafo de un informe del comité de historia de la AGPA:

"Como resultado de muchos contactos que habían hecho en Europa y América y de los cerca de 12.000 ejemplares de publicaciones de la asociación enviados libres de cargo a 49 países a lo largo de los años, Hulse y Slavson, con la cooperación del Dr. Stevenson [director del Comité Nacional de Salud Mental en EE.UU.] planificaron una Conferencia Internacional de Psicoterapia de Grupo en 1954, en conjunción con la III Conferencia de la Federación Mundial de Salud Mental en Toronto, Canadá. El International Journal of Group Psychotherapy publicó el programa y un anuncio, pero surgieron conflictos con la American Society for Psychotherapy and Psychodrama que boicoteó los planes. No obstante, para evitar una situación embarazosa a la Federación Mundial se celebró una conferencia conjunta". 31

Por más subjetiva que pueda llegar a ser una historia, siempre queda un poso de verdad en ella. En este caso, los textos de los acólitos de Slavson ponen en evidencia el enorme interés y esfuerzo realizado por la AGPA en su proyección internacional a través de la letra escrita, hasta el punto de conseguir una plataforma de difusión tan sólida y tan extensa que la prestigiosa International University Press no dudó en publicar el International Journal of Group Psychotherapy. Hasta entonces la AGPA solo contaba con las páginas que generosamente le brindaba el American Journal of Orthopsychiatry y con un modesto boletín (escrito, mimeografiado, ensobrado y enviado a los miembros por el propio Slavson desde 1945). El boletín, que se nutría de la amplia correspondencia mantenida por Slavson y de noticias de Estados Unidos y el resto del mundo, estaba redactado en un estilo fresco con el que su autor pretendía mantener el interés en tanto que no contara con una revista profesional seria. Resulta obvio que Slavson optó por dar prioridad a construir una red por correspondencia, renunciando al estilo de Moreno de hacerlo a base de viajes, conferencias, seminarios y demostraciones. Cuando el comité de historia emitió su informe ya se habían celebrado cuatro congresos internacionales, el comentario que sigue da idea de cuán escasa era la esperanza de que el proyecto de una asociación internacional permanente llegara a feliz término:

"Los sucesos de 1954 presagiaron las incesables dificultades que acompañarían al desarrollo de una corporación internacional que representara las psicoterapias de grupo. Persistieron el conflicto entre las ideologías teóricas y las divergencias profesionales, corporativas y personales. Así pues a pesar de haber hoy asociaciones de psicoterapeutas grupales en Europa y América, éstas permanecen en relativa falta de contacto unas con otras. Las dificultades naturales de comunicación se han complicado por el rápido crecimiento en los Estados Unidos de métodos grupales y técnicas que se han venido desarrollando con énfasis distintos a los de otros países".

 

 

2. Período Prefundacional (Toronto 1954-Milán 1963)

a) Fase Promocional (Comité Internacional, 1954-1957)

Sea como sea, el I Congreso Internacional de Psicoterapia de Grupo se celebró y con él se inicia el período prefundacional de la asociación. Al congreso asistieron 300 participantes procedentes de 24 países y hubo 37 ponentes. Se celebró en Toronto, la ciudad en la que Moreno había dado el primer paso para la organización de las psicoterapias de grupo durante una reunión de la American Psychiatric Association en 1931. Habían pasado seis años desde que Hulse y Slavson lanzaran en Londres la idea de organizar una conferencia bajo el patrocinio de la AGPA y cuatro desde que Moreno estableciera en París un comité internacional con propósitos parecidos. Gracias a los buenos oficios del presidente de la Asociación Mundial de Salud Mental, el congreso se celebró conjuntamente. Éste fue convocado, se lee en su formulario de inscripción, con el propósito de "proporcionar una oportunidad para un examen multidisciplinar y transcultural de los desarrollos en el campo de las psicoterapias de grupo y para promover la planificación para una futura cooperación entre disciplinas y organizaciones por encima de fronteras nacionales".

Estaba dirigido a profesionales de la psicoterapia, la salud mental y materias afines y concebido para servir los intereses de "psiquiatras, psicólogos, sociólogos, antropólogos, trabajadores sociales, oficiales de salud pública y otras agencias de gobierno, administradores de hospitales y otras instituciones, etc".32

El congreso venía convocado por un nuevo Comité Internacional en Psicoterapia de Grupo, con sede en Nueva York, presidido por Wilfred C. Hulse y Wellman J. Warner. J. L. Moreno y S. R. Slavson eran presidentes consultores y había representantes de 24 países.

Cuenta Hadden que:

"Con cierta reticencia se empezó la planificación para un congreso conjunto. Moreno y Slavson empezaron a reunirse para ello, pero sus conflictivos puntos de vista generaron tanta fricción que finalmente se les sugirió que cada uno designara a una persona de su confianza que resultara aceptable al otro para poder seguir con la planificación. Slavson eligió a Wilfred Hulse, un psiquiatra analítico, y Moreno a Wellman Warner, jefe del Departamento de Sociología de la Universidad de Nueva York. Estos caballeros colaboraron con gran tacto en la preparación de un excelente programa, para lo cual contaron con la ayuda de E. F. Rosen y un comité local".

El hecho de que Slavson y Moreno se vieran forzados a un pacto por la Federación Mundial de Salud Mental -de la cual eran miembros las instituciones lideradas por cada uno de ellos- no contribuyó a que las diferencias desaparecieran. Resulta emblemático que el Congreso de Psicoterapia Grupal de Toronto naciera partido, la primera parte tuvo lugar antes de que empezara el Congreso de Salud Mental el 12 de agosto y la segunda el día después de la conclusión de éste, el 20 de agosto. Tanto la internacional que proponía Slavson como la de Moreno se concebían como una «umbrella association», una «asociación paraguas» que sirviera de cobijo a las futuras organizaciones nacionales que fueran surgiendo. En realidad, sin embargo, es difícil concebir un paraguas con dos mangos, más cuando en el mismo congreso cada uno iba a lo suyo. Era notable el contraste entre un concepto de asociación internacional y otro. Slavson la concebía como una corporación profesional de altos estándares ligada a una asociación nacional, naturalmente la AGPA. Moreno, por su parte, la contemplaba más bien como una federación mundial de sociedades interesadas en psicoterapia de grupo y materias afines. Durante el mismo congreso, Slavson mantuvo una serie de reuniones con delegados latinoamericanos en las que el Dr. Seguín del Perú le sirvió de intérprete. Bubi Usandivaras que allí estuvo, nos cuenta:

"Allí conocimos a las dos grandes figuras de la psicoterapia de grupo de aquel entonces, Moreno y Slavson. Moreno, brillante, grandilocuente, un veterano actor, como correspondía al creador del psicodrama en el ámbito del congreso. Slavson, claro y convincente, pero con la apariencia discreta de un científico más acostumbrado al grupo pequeño que a las grandes disertaciones. Nos acercamos a ambos, pero como que había que optar por uno o por el otro -eran adversarios irreconciliables- elegimos a Slavson, y él fue quien nos instó a fundar nuestra propia asociación con el modelo de la estadounidense de la cual era presidente, abierta a todas las profesiones que trabajaban con grupos y no exclusivamente para psicoanalistas".33

A su regreso a Buenos Aires, Bubi Usandivaras y otros veinte colegas fundaron la AAPPG (Asociación Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo) que fue inscrita en la AGPA como asociación afiliada extranjera. La idea de incluir asociaciones extranjeras en la AGPA al parecer nació de Toronto. Lo que es poco conocido por los grupoterapeutas anglosajones es que la iniciativa de la AGPA llevó a fundar, primero, una asociación nacional en Argentina y en otros países de habla castellana del continente americano y, después, en 1957 la FLAPAG (Federación Latinoamericana de Psicoterapia Analítica de Grupo). A la vuelta a Nueva York se montó un comité para asuntos internacionales de la psicoterapia de grupo presidido por Slavson, comité que fue tan exitoso que llegó a incluir años más tarde a la propia AIPG, organización a la cual la AGPA a su vez estaba afiliada. Situación tan paradójica que nos trae resonancias de aquella poco conocida versión del enigma de la Esfinge que dice: ¿quién es la hermana que engendra a su hermana y a su vez es engendrada por ella? A mi entender, sin embargo, y pese a sus valiosas aportaciones científicas, el propósito principal de este primer congreso fue de orden político. Durante la noche de la primera jornada, se celebró una sesión administrativa a la que asistió la mayoría de los participantes del congreso. A petición de la asamblea allí reunida se decidió:

1 instituir un comité internacional permanente constituido a partir del comité que había organizado el congreso;

2 que este comité ampliara el número de sus miembros, captando representantes de distintos países y,

3 que el objetivo del comité fuera promover el desarrollo de la psicoterapia de grupo en tales países; en vistas a establecer una organización permanente a nivel internacional en la que pudieran participar en igual base tanto organizaciones como individuos.

Con el Congreso de Toronto termina la prehistoria de la AIPG y empieza netamente lo que podríamos denominar el período prefundacional. En aquel congreso se produjo un giro importante: de una idea de asociación nacida de la competencia entre dos líderes carismáticos se pasó a la de crear una corporación de profesionales y/o una confederación de organizaciones interesadas en lo grupal y liderada por un grupo. Este grupo, bajo la denominación primero de «comité» y luego de «consejo internacional» aglutina las características de lo que podríamos llamar una comisión promotora y de comunidad profesional. La ejecutiva del comité original de Hulse, Slavson, Warner y Moreno, se reunió en Nueva York con 16 miembros extranjeros escasamente dos meses después del congreso para proceder a la ampliación acordada en la sesión administrativa de Toronto. En la reunión se decidió:

1 que no hubiera más de cuarenta miembros en el comité;

2 fijar la sede del mismo en Nueva York y establecer allí un comité ejecutivo o administrativo compuesto por Bierer, Hulse, Moreno, Slavson y Warner;

3 que las adiciones al comité se hicieran bien por correo o bien en persona cuando éste se hallara reunido;

4 que la ejecutiva de Nueva York desarrollara las políticas y la administración del comité, consultándolo con el Dr. Bierer, y

5 que el ámbito de acción del comité abarcara los intereses y la participación de todas las personas profesionalmente cualificadas para realizar psicoterapia de grupo e investigación en psicoterapia de grupo.

Ya desde la primera reunión de la ejecutiva se plantearon las dificultades a superar en un futuro. Para empezar, se recibió información de que la AGPA rehusó participar en la edición conjunta -por el International Journal of Group Psychotherapy y Group Psychotherapy- en un solo número de las actas del Congreso de Toronto que les había propuesto la ejecutiva del comité internacional. Como alternativa, Moreno propuso que lo publicara el mismo comité internacional y que se incluyeran los trabajos y los informes acerca del desarrollo de la psicoterapia de grupo en los distintos países presentados en el congreso. Propuso sufragar personalmente el coste de la publicación y ceder al comité internacional cualquier beneficio que pudiera generar. Tan generosa oferta fue rechazada por considerar que hubiera sido un error que el comité estuviera obligado a persona alguna por razones económicas. Como alternativa Hulse propuso que el comité editara un informe oficial, para su publicación simultánea en ambas revistas, en el que se resumieran los trabajos científicos y los informes. Tras discutirlo, la ejecutiva terminó por elevar cuatro alternativas al comité internacional para que éste decidiera entre ellas. Que yo sepa, las actas y los informes del Congreso de Toronto siguen sin publicarse. Es curioso que el primer conflicto en un movimiento iniciado a base de la difusión de la letra impresa -ello es tan cierto para Slavson como para Moreno- surgiera al no ponerse de acuerdo en publicar conjuntamente los resultados de su primer encuentro cara a cara.

De cualquier modo, el comité se amplió a 40 miembros y se procedió a organizar el segundo congreso, cuyas actas esta vez sí se publicaron. En palabras de Hadden:

"Se contactó a representantes de muchos países que refrendaron el planificado congreso. La fricción entre los seguidores de Moreno y de Slavson no disminuyó, pero algunos europeos entraron en el comité internacional aportando una dirección neutral que finalmente planificó un segundo congreso en Zúrich. Bierer y Foulkes de Inglaterra, Lebovici de Francia y Friedemann de Suiza aunaron sus esfuerzos y el congreso tuvo lugar en Zúrich del 28 al 31 de agosto de 1957. El talante de Warner fue una gran contribución y los contactos europeos de éste y de Moreno aseguraron un excelente encuentro".34

Es importante la impresión que de aquel encuentro nos da Raymond Battegay, testigo de excepción llamado a jugar un papel decisivo durante la época fundacional y futuro presidente de la asociación:

"En el Congreso de Zúrich quedé impresionado por el contraste entre la colaboración y comprensión internacional por una parte y las tensiones personales entre los protagonistas de las psicoterapias de grupo del panorama estadounidense por otro. Slavson con su conocimiento extraordinario, su casi obsesiva manera de trabajar y cumplir las reglas y las técnicas, su dominio en aplicar principios analíticos al grupo, pero también su a veces actitud autoritaria, y Moreno con su ilimitada capacidad para la intuición, sus actuaciones dramáticas y su enorme empatía, pero también su ambición personal, representaban dos mundos distintos que necesariamente tenían que colisionar. Mientras que Moreno con sus variadas iniciativas resultaba más activo para formar una corporación internacional, Slavson era un trabajador más sistemático para construir, también en combinación con el International Journal of Group Psychotherapy, una red internacional de personas interesadas en este campo. No obstante, había también otros investigadores de naturaleza más tranquila, siempre dispuestos a colaborar en este campo, que trabajaron muy duro en el Consejo Internacional de Psicoterapia de Grupo para formar una sociedad internacional. A este respecto merecen particular mención Wellman J. Warner de EE.UU. y Adolf Friedemann de Biel, Suiza". 35

Este congreso, efectivamente, se celebró en Zúrich conjuntamente con el Congreso Internacional de Psicoterapia. Participaron en él 500 miembros y 80 ponentes. En palabras del propio Moreno:

"La universalidad del movimiento se manifestó con la máxima claridad en el II Congreso Internacional de Psicoterapia de Grupo, en el que estuvieron representadas todas las escuelas e ideologías. Recordemos que cada una de las escuelas individuales de psicoterapia -los freudianos, los adlerianos, los jungianos-, solía tener sus propios congresos internacionales, pero todas ellas eran incapaces de mantener sesiones conjuntas o se resistían a ello. Los terapeutas de grupo mostraron en este punto tener una mayor capacidad de adaptación; por muy importante que puedan ser las divisiones y oposiciones, se aceptaron unos a otros y celebran congresos juntos. El movimiento de las psicoterapias de grupo ha mostrado tener consecuencias que van más allá de la significación de la psicoterapia de grupo como método científico. El creciente reconocimiento de la psicoterapia de grupo para grupos «normales», el desarrollo de comunidades terapéuticas y de una ciencia terapéutica de la sociedad, la «sociatría», constituyen un adelanto más en la dirección de ese «orden mundial terapéutico» que yo anuncié hace veinticinco años como el paso inmediato en la serie de revoluciones mundiales".36

No sabemos, por cierto, si estas palabras de Moreno son «restos mnémicos» o «hijas de un deseo». Independientemente de quién sea la madre, su padre es la ideología que le llevó a proclamar ya en 1933 como primera frase de su provocativo libro Who shall survive (¿Quién sobrevivirá?):

" Ningún procedimiento terapéutico verdadero puede tener otro objetivo que el de la humanidad entera".37

Este pensamiento desiderativo no parece coincidir con la descripción del evento hecha por Hadden, y menos aún con el comentario allí citado de Wellman Warner, lugarteniente de Moreno, gracias al cual la gestación de la AIPG llegó a feliz término:

"La inesperada aparición de Carl Jung en la sesión plenaria satisfizo a muchos de los asistentes y puede que fuera lo que impulso a Wellman Warner a escribir a Sam Hadden: «Me choca el paralelo entre el desarrollo temprano de la organización psicoanalítica con todas las amarguras, sospechas mutuas, recriminaciones y obstrucciones y nuestra naciente organización internacional en psicoterapia de grupo. La inmensamente reveladora correspondencia Freud-Jung, publicada justo el año pasado, arroja luz no sólo acerca de las personas y los grupos nacionales, sino también acerca de ideas y teoría.»

Las sesiones ejecutivas en Zúrich fueron en momentos tormentosas, y la fricción entre Moreno y Slavson continuaba.

A pesar de lo tenso del ambiente y lo tormentoso de las sesiones de la ejecutiva, la sesión administrativa resultó muy fructífera. El comité internacional en funciones propuso establecer un consejo internacional más amplio y representativo para que éste a su vez eligiera sus cargos ejecutivos y creara la maquinaria precisa para llevar a cabo las siguientes funciones:

1) preparar la constitución de la proyectada sociedad internacional; 2) definir los requisitos de ingreso para las organizaciones en distintos países y las cualificaciones de los miembros individuales, y 3) estimular el desarrollo de organizaciones interesadas en psicoterapia de grupo a nivel nacional en todo el mundo [y finalmente se acordó que] el propio consejo decidiría en qué momento su trabajo preparatorio permitiría que una Sociedad Internacional de Psicoterapia de Grupo pudiera operar como organización. Y, entonces, se encargaría de llevar a cabo las disposiciones de la constitución establecida por el consejo.38

Estas propuestas fueron aprobadas sin voto alguno en contra por parte del comité internacional y sus cargos directivos aceptaron asumir la dirección del nuevo consejo internacional. 39 La elección de los miembros del consejo y de los cargos ejecutivos se hizo por correspondencia, y éstos no tomaron posición oficialmente hasta el III Congreso (Milán, julio de 1963). El consejo quedó constituido por representantes de 46 países con un total de 138 miembros. Resultaron elegidos: J. L. Moreno, presidente; S. H. Foulkes, vicepresidente primero; Serge Lebovici, vicepresidente segundo; B. Stokvis, secretario; A. Friedemann, tesorero, y como directivos: Joshua Bierer, J. H. Schultz, Zerka T. Moreno y Wellman J. Warner. Después de aquel congreso Slavson prácticamente renunció a participar en el comité internacional, si bien nominalmente siguió formando parte del consejo. Moreno, sin embargo, a través de sus numerosos contactos europeos y su dinámica personalidad aseguró el mantenimiento de una organización internacional, mientras que Friedemann como secretario general hacía significativas contribuciones. Fue a continuación de este congreso que Wellmann Warner, que ejercía de secretario desde su casa en Mamaroneck, dimitió y la función de la secretaría fue transferida a Beacon, Nueva York.

Hay un detalle que no he visto reflejado en la documentación de la AIPG de la que dispongo que estoy seguro jugó un papel facilitador muy importante en la realización de las tareas asignadas en Zúrich a la directiva del nuevo Consejo. Me refiero al IV Congreso Internacional de Psicoterapia (Barcelona, septiembre de 1958), donde no sólo yo sino muchos de los líderes de la segunda generación europea de terapeutas de grupo entramos en contacto con la Internacional y sus miembros fundadores. Este congreso contó con una Sección en Psicodrama presidida por Moreno y otra en Psicoterapia de Grupo presidida por S. H. Foulkes y en el que Slavson presentó un trabajo titulado «Lo que es y lo que no es la psicoterapia de grupo».40

b) Fase Preconstitucional (Consejo Internacional, 1957-1963)

De la redacción del primer borrador de los estatutos quedaron encargados Moreno, Friedemann y Stokvis. Las principales fuentes de fricción a este respecto entre Slavson y Moreno venían de la objeción de este último a adoptar una constitución en la que Slavson insistía deberían venir especificados los criterios de formación. El deseo de Moreno señalado en la ya mencionada carta de Warner a Hadden era más bien proporcionar canales de comunicación para un amplio rango de trabajadores en este campo dado, pues sostenía que en Europa la ortodoxia psicoanalítica ya había sido reemplazada por el pluralismo de teorías. Quedó claro que la búsqueda de una constitución que asegurara un cierto grado de permanencia sería objetivo del siguiente congreso. Esta explicación que debemos a Hadden se refiere al concepto de organización con que se opera y no es meramente anecdótica, sino que apunta directamente a la raíz de las dificultades que hubo para fundar la AIPG y que siguen latentes en la actualidad. Para Slavson se trataba de una corporación profesional con elevados criterios de formación acreditados y reconocidos, mientras que para Moreno se trataba de una asociación de profesionales cuyo presupuesto básico fuera el de promover la comunicación entre representantes de distintas orientaciones y métodos.

El Congreso de Milán, que estuvo guiado más bien por el criterio de Moreno, se convocó del 18 al 21 de julio de 1963. Su objetivo era el de unir a los "representantes de todos los países y regiones donde se practica la psicoterapia de grupo y se utilizan los métodos grupales, a fin de hacer posible un intercambio de experiencias productivo y valorar las diferencias culturales entre los países en los que se aplican [...] Se fomentará la participación más amplia posible y la confrontación de la mayor variedad de métodos utilizados en este campo interdisciplinar a fin de estimular la organización de nuevas sociedades de psicoterapia de grupo."41

De la organización local del congreso se encargó el Profesor Spaltro, presidente de la Sociedad Italiana de Psicoterapia de Grupo. Para entonces, además de la italiana, habían surgido sociedades de psicoterapia de grupo en Argentina, Chile, Francia, Austria, Inglaterra, Japón, Cuba e Israel. El congreso fue un gran éxito tanto desde el punto de vista científico como social. Se registró un total de 1215 inscripciones, con 261 ponentes de 51 países. Por primera vez las actas se publicaron íntegramente con algunos comentarios sobre psicoterapia de grupo por J. L. Moreno, con la colaboración de Zerka Moreno, A. Friedemann y R. Battegay en el Handbook of Group Psychotherapy (Moreno y otros, 1966).

El 20 de julio se celebró la reunión del consejo al que asistieron 100 de sus miembros. El tema principal de discusión era la futura Constitución de la Sociedad Internacional de Psicoterapia de Grupo. Moreno aclaró que ésta debería ser sometida a la aprobación del conjunto del consejo mediante el voto por correo. Una rica discusión surgió respecto a la composición de la futura sociedad. Hadden, quien a sugerencia de los miembros de la AGPA había presentado una constitución y un reglamento en los que no figuraba ningún criterio de formación, sugería que la admisión de socios quedara limitada a miembros colectivos de sociedades reconocidas. Foulkes, por su parte, aconsejaba que la sociedad se organizara de acuerdo a escuelas o tendencias dominantes en el movimiento. Moreno señaló que para su futuro desarrollo el movimiento precisaba de una participación más amplia tanto de miembros individuales como colectivos. Friedemann, que junto con Moreno y Stokvis había sido designado para redactar la Constitución, sugirió que se contratara a este fin a un abogado experto en derecho internacional, dado que las consideraciones legales variaban de país a país. Como estaba previsto se marcó el objetivo de aprobar la constitución en el siguiente congreso. La muerte prematura del secretario Stokvis en septiembre de aquel mismo año fue un duro golpe para el consejo. A. Friedemann que ya ejercía de tesorero asumió las funciones de secretaría con la colaboración de R. Battegay.

El indudable interés de Moreno por una sociedad internacional de tipo general no le privaba, sin embargo, de organizar congresos internacionales específicos en psicodrama, el primero en París en 1964 y el segundo en Barcelona en 1966. Foulkes, por su parte -quizás algo desanimado por las exiguas perspectivas de contar con una sección específica en grupoanálisis dentro de la futura AIPG-, lanzó en enero de 1967 su Group Analysis Panel and Correspondence, base como ya hemos dicho del futuro «movimiento grupoanalítico europeo». No es de extrañar pues, que en el VII Congreso de Psicoterapia (Wiesbaden, agosto de 1967) Sam Hadden y Alice Peters organizaran un encuentro «para planificar un fórum de discusión sobre práctica, investigación, formación y problemas en psicoterapia de grupo desde la perspectiva de los países de los participantes», con el fin de promover una organización internacional desde el punto de vista de la AGPA. Comenta Battegay que «la propuesta suscitó una agitada y tensa discusión», ya que entre los presentes había algunos partidarios de una asociación internacional que no dependiera de ninguna asociación nacional.

Con estos antecedentes se celebró, organizado por R. Schindler y sus colaboradores, el IV Congreso Internacional de Psicoterapia de Grupo en Viena del 16 al 21 de septiembre de 1968. El hecho más notable a destacar fue que los trabajos presentados estaban a disposición de los asistentes ya durante el encuentro. El congreso fue un éxito enorme, más desde el punto de vista social y emocional para Moreno en particular. En la reunión de la directiva del consejo internacional se leyeron las versiones de la Constitución que Friedemann y Warner habían preparado. Warner leyó su borrador en inglés y Friedemann el suyo en alemán. Foulkes, que estaba muy interesado en establecer la constitución, se encargó de traducir este último al inglés. Se intentó sintetizar ambas versiones en una sola, ya que cada una ofrecía aspectos que no estaban cubiertos en la otra. Friedemann, Warner y Hadden unieron sus esfuerzos para redactar conjuntamente una constitución capaz de funcionar, y que a base de adoptar procedimientos democráticos quedara establecida una sucesión ordenada de la autoridad en la elección de los miembros del Consejo y su directiva. Una vez más, sin embargo, se pospuso la votación por considerar que no sería justo tomar decisiones al respecto sin dar oportunidad de expresar su opinión al resto del consejo, que ya constaba de 130 miembros.

 

 

3. Período Constitucional (1963-1973)

La elaboración de la Constitución se prolongó casi hasta el V Congreso Internacional de Psicoterapia de Grupo celebrado en Zúrich en 1973 gracias a los esfuerzos de A. Uchtenhagen, A. Friedemann y R. Battegay. El congreso contó con casi 1300 inscritos. Para entonces las psicoterapias de grupo habían alcanzado su máximo esplendor y el programa estuvo a la altura de excelencia que había caracterizado a los cuatro congresos precedentes. A pesar de que era más que probable que en aquella ocasión saliera finalmente aprobada la asociación, muchos de sus primeros promotores ya habían perdido el entusiasmo. Malcolm Pines, por ejemplo, nos cuenta que, a pesar de tener agotado su cupo de congresos para aquel año, decidió acudir dado que

"consideramos importante que un representante de la Group-Analytic Society (London) estuviera en Zúrich, ya que finalmente parecía que llegaba a su fin el prolongado período de gestación de la Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo y todo indicaba que su nacimiento tendría lugar con ocasión de este Congreso. Durante muchos años Foulkes había sido vicepresidente del Consejo Internacional de Psicoterapia de Grupo y, como nole era posible asistir, yo fui en parte como representante suyo a la vez que como Chairman de la Group Analytic Society. Se celebraron allí varias sesiones formales e informales de comité [] A lo largo de la semana, los miembros del viejo consejo, ampliado con algunos nuevos miembros en representación de la AGPA, revisaron y aprobaron el borrador definitivo de la constitución propuesta para la nueva asociación, quedando designado su primer comité ejecutivo".42

Efectivamente, durante el encuentro de Zúrich la actual Asociación Internacional de Psicoterapia de Grupo quedó finalmente fundada. Moreno pudo todavía asistir, si bien estaba muy enfermo. Apareció sólo para la sesión plenaria y respondió brevemente a la espontánea manifestación de afecto que esto provocó. La constitución fue ampliamente estudiada en las sesiones ejecutivas y finalmente se adoptó con unos pocos cambios de menor importancia. Moreno se mostró complacido al comprobar que la disciplina por cuyo progreso había trabajado tan duramente, tenía asegurada su continuidad bajo una constitución democrática. Sam Hadden presidió la asamblea en el Congreso de Zúrich en que la Constitución fue finalmente adoptada y se eligieron a los miembros de la ejecutiva. Samuel B. Hadden fue nombrado primer presidente de la AIPG y Anne Ancelin-Schützenberger aceptó encargarse de la organización del siguiente congreso a celebrar en Niza.

El Congreso de Zúrich supuso el final de este parto de los montes que llevó más de un cuarto de siglo. Eso no quiere decir que el proceso constitutivo ya hubiera terminado entonces o que lo esté ahora. Un relato de Jay Fidler nos lo da claramente a entender:

"En el V Congreso de Zúrich (1973), se tomó la decisión de convertirse en una organización formal con una constitución y estatutos. Moreno convocó a un pequeño grupo de nosotros, y la AIPG empezó a dar los pasos necesarios para que la constitución quedara formalmente establecida y la asociación constituida en Suiza."43

Cinco años después, refiriéndose a esta tarea, Fidler comentaba:

"Después de asistir al encuentro organizativo inicial convocado por Moreno en Zúrich durante el V Congreso de 1973, he estado vigilando con mucho cuidado si de hecho se convertiría en una organización funcional con un órgano directivo compuesto por gentes de diferentes lugares geográficos y líneas teóricas. La alternativa hubiera sido que una sola persona asumiera un papel preponderante en la organización, como había sido el caso hasta entonces con Jacob y Zerka Moreno. En aquel primer encuentro, Sam Hadden fue nombrado primer presidente y se nos dijo que con declararnos constituidos en Suiza no nos hacía falta ninguna otra acción específica para asegurar la validez, pero sí teníamos que seguir las leyes y regulaciones exigidas por esta constitución. Esta declaración informal de constitución parece permanecer subliminal en nuestra manera de pensar y no parece ser tomada en serio".44

Esta observación me parece muy oportuna, pues la flexibilidad que el artículo VI de la Ley Civil Suiza da a la constitución de asociaciones es un arma de doble filo. Si bien permite enmendar con facilidad la Constitución de la AIPG (basta con una mayoría simple en una votación por correo de sus miembros), tiene el inconveniente, dada la desinformación de los afiliados, de que la enmienda queda «en manos de los expertos» designados por su comité ejecutivo. Battegay, recordando a su vez el momento de la fundación, comenta:

"Después de años de esforzado trabajo, fue maravilloso contar con una organización formal que unía a los psicoterapeutas de grupo y a los teóricos en este campo de todo el mundo [...] A Moreno, ciertamente le complació ver que la psicoterapia de grupo había progresado hasta el punto de permitir que la AIPG fuera una realidad. No solamente pudo comprobar que existía una corporación internacional para organizar los congresos internacionales, que en el pasado en parte él y su mujer habían organizado con el único apoyo de un pequeño grupo de colaboradores, sino que su continuidad quedaba asegurada".

Si la continuidad de esta obra de Moreno quedaba asegurada con la fundación de la AIPG, su propia vida se apagaba al año siguiente y el grupo elegido para asumir su liderazgo se ponía a prueba con la organización de los dos congresos siguientes. Esta transición no fue fácil. El mismo presidente Hadden, un hombre de la AGPA en Filadelfia, explica:

"Desgraciadamente, surgieron complicaciones para conseguir ayuda financiera [para un congreso en Niza] y la junta acordó celebrar el congreso en Madrid en agosto de 1976. El propuesto encuentro en Niza había sido ampliamente publicitado, por lo que su cancelación causó considerables pérdidas. Los preparativos de Madrid iban progresando bien y se habían recibido muchas inscripciones. El programa, a cargo de Jay Fidler, Malcolm Pines y Zerka Moreno progresaba sin contratiempos, hasta que España votó a favor de la declaración de Israel como nación racista en las Naciones Unidas. Este hecho hizo que fueran tantos los que cancelaron sus reservas y se retiraron del programa que la junta directiva decidió cancelar de nuevo el encuentro cuando considerables sumas habían sido ya invertidas en propaganda y otros gastos. Finalmente, el congreso se convocó para agosto de 1977 en Filadelfia".

En realidad, la cancelación del congreso en Niza no obedeció tan sólo a razones financieras, ni tampoco la del de Madrid a las razones políticas aducidas. Por Anne Schützenberger sé que en el primer caso fueron cuestiones de protocolo y la dificultad de los estadounidenses por comprender la tradición universitaria francesa en la organización de congresos lo que imposibilitó obtener la ayuda económica. En el caso de Madrid, en cuya organización participé con Marina Prado de Molina, fue más bien la inseguridad política que se respiraba en España por la inminencia de la muerte de Franco y lo que pudiera venir después lo que realmente provocó la desbandada entre los inscritos. El mismo Fidler, refiriéndose a este período, dice que:

"[Hadden], sin ninguna constitución de hecho, ni un solo miembro, y ningún dinero, reclutó a Malcolm Pines, a Zerka Moreno y a mí para buscar en Europa una sede para el congreso. Esto no funcionó y, finalmente, con un año de retraso se celebró en Filadelfia en 1977. Mientras tanto, un comité constitucional redactó el acuerdo tomado en Zúrich. Los cargos directivos, el comité ejecutivo y la junta directiva fueron nombrados de acuerdo con la nueva Constitución, por una gran asamblea al final del Congreso de Filadelfia.

Raymond Battegay fue elegido presidente y se designó Londres como sede del siguiente congreso". 45

El mismo Fidler, refiriéndose a lo que él denomina «primer ciclo del desarrollo organizativo» -que concluye con el Congreso de Filadelfia, punto de inflexión en la AIPG y punto de partida de una estructura más formal de la organización-, dice en otro lugar que la responsabilidad del siguiente congreso pesaba sobre cuatro personas ( Sam Hadden, Zerka Moreno, Malcolm Pines y él mismo), que la coordinación fue dificultosa, que se estableció una pequeña cuota a los miembros a fin de afrontar los costos de secretaría, y que los gastos de la organización local fueron prácticamente nulos. Los cuatro miembros del comité de programa trabajaron a partir de planos y los horarios fueron decididos sin siquiera visitar el lugar. Si bien fue tan sólo un modesto éxito en número de inscritos (600 personas), se consiguió salvar el bache de las cancelaciones europeas que llegaron a amenazar la supervivencia de la Asociación, y aún sobraron 500 dólares.

Hadden por su parte explica que:

"Las dos cancelaciones, los impresos, gastos de correo y otros costos habían dejado a la tesorería sin fondos y fue necesario hacer un vigoroso esfuerzo por enrolar nuevos miembros individuales y organizativos. A tal fin tuvo que suspenderse la selección de miembros individuales y organizativos. También por motivos económicos tuvo que suspenderse la traducción simultánea. Sin embargo, y a pesar de que se disponía de solo 15 meses, el congreso se celebró. Algunas de las presentaciones fueron justamente criticadas. En el encuentro administrativo, tal como requería la constitución adoptada en Zúrich para asegurar la buena marcha del siguiente congreso, se pidió a los miembros organizativos que sometieran un plan para el mismo. Jacob Katwan presentó una bien documentada propuesta que contaba con el apoyo del gobierno alemán y de la ciudad de Berlín Oeste, donde fantásticas facilidades se pondrían a nuestra disposición sin costo alguno. Malcolm Pines presentó un proyecto para celebrar el congreso en una ciudad universitaria británica, donde los dormitorios y otras instalaciones estarían a nuestra disposición, y esta atractiva propuesta fue la adoptada. En la asamblea administrativa, Raymond Battegay, de Basilea (Suiza), fue elegido presidente con Malcolm Pines como director del comité de programa". 46

 

 

4. Período de Desarrollo Organizativo

a) VII Congreso Internacional de Copenhague 1980. Presidente Raymond Battegay.

Si con el Congreso de Filadelfia cristaliza la AIPG como asociación formal legalmente establecida y reconocida, con la elección de Raymond Battegay como presidente y la determinación por la asamblea general de la sede del siguiente congreso empieza su desarrollo organizativo. Hadden, refiriéndose a este período, a continuación del párrafo antes citado dice:

"Tensiones profesionales de carácter local en Inglaterra impidieron que la propuesta de sede llegara a buen término. Raymond Battegay viajó a Berlín, pero se encontró con que Jacob Katwan no podía seguir manteniendo la oferta anterior. Finalmente, Pines y Battegay se reunieron con Lise Rafaelsen y sus colaboradores en Copenhague y acordaron celebrar el VII Congreso Internacional en la capital danesa. Éste fue un congreso soberbiamente organizado que resultó un éxito científico, social y financiero.

Battegay no sólo trabajó para organizar el Congreso de Copenhague, sino que dejó sentadas las bases para futuros congresos en México, Yugoslavia, Portugal, Israel y Japón. La maquinaria de la organización había empezado a funcionar tal como se había planeado".47

Me decíais que hiciera mi propia presentación a medida que os presentaba a la AIPG... Bueno, en mi «ordenación de la secuencia temporal de datos significativos» que he venido exponiendo hasta aquí me he basado en lo que otros me contaron o dejaron en sus escritos; claro que debidamente filtrado, regado y abonado por mis propios prejuicios. Me parece oportuno que haga ahora un paréntesis para explicar cuáles son y de dónde me vienen esos prejuicios. De lo que cuente de aquí en adelante, soy testigo vivo, he participado en los sucesos del relato y lo quiera o no soy parte de la maquinaria de la organización que empezó a funcionar durante el mandato de Battegay.

El Congreso de Copenhague fue el primero de la AIPG al que asistí. Allí me encontré sumido en una constelación de circunstancias que me forzaban a jugar un papel distinto dependiendo del lugar desde el cual hablara. Después de muchos años de dedicación a los servicios públicos, la universidad y la política sanitaria -en que mi formación en psicoanálisis y en terapias grupales analíticas me sirvió fundamentalmente para orientar mi actividad asistencial y docente-, entraba de lleno en la práctica privada como profesional libre y como científico a tiempo completo. Aquel mismo año se publicó Psicología Dinámica Grupal, la experiencia de un debate grupal entre distintas orientaciones y métodos, escrito por varios autores, 48 un proceso que me resultó muy impactante. También había terminado el prólogo a la versión castellana del último libro de Foulkes con el que me había comprometido antes de su muerte; como decía él, para hacer ese libro accesible a Sudamérica, donde creía que la aproximación al grupo, a pesar de ciertas diferencias, iba en la misma dirección que la suya.49 No sé hasta qué punto este libro ha servido para acercar la obra de Foulkes a Sudamérica, pero traducirlo y prologarlo ciertamente me sirvió a mí para acercarme al grupoanálisis, de la misma manera que Psicología Dinámica Grupal me sirvió para acercarme a los grupólogos sudamericanos que habían escogido España como lugar de exilio. Tanto una experiencia como la otra evocaban en mí experiencias tempranas de formación profesional cuya impronta ha marcado mi destino. Con Foulkes, había trabajado en el Maudsley Hospital, hospital docente del Instituto de Psiquiatría de Londres y en tanto que sede universitaria un lugar más que ecléctico. En la unidad de psicoterapia para pacientes ambulatorios que él dirigía, tanto la formación como la docencia y la asistencia se hacían a través del grupo. Mi entrenamiento formal posterior, tanto en psicoanálisis como en psicoterapia analítica de grupo, tuvo lugar en el Postgraduate Center for Psychotherapy de Nueva York, una clínica de costos reducidos cuyos tratamientos se podían cubrir gracias a que las terapias eran llevadas a cabo por terapeutas cuya formación era en gran parte sufragada a su vez por el trabajo becado que hacían. Esta institución era, al igual que el Maudsley, radicalmente ecléctica: profesores y supervisores eran miembros de distintas profesiones y representantes de las distintas orientaciones analíticas del Nueva York de aquellos días; los becarios -psiquiatras, psicólogos clínicos y trabajadores sociales- podíamos elegir el analista y los supervisores de la orientación que nos placiera y, al igual que con Foulkes, la formación venía centrada en el grupo clase. Un tercer factor de gran importancia es que, al conocer a Hernán Kesselman -discípulo de Pichón-Rivière-, y gracias al coloquio que iniciamos con ocasión de nuestra coautoría en Psicología Dinámica Grupal, nos dimos cuenta del tremendo hiato que había en nuestras formaciones respecto a la obra del maestro del otro. Esto propició que el diálogo que por afinidad personal se había establecido entre nosotros, se extendiera a nuestros respectivos grupos de referencia. Para cuando decidimos juntos ir al Congreso de Copenhague, ya habíamos celebrado un par de talleres de encuentro teórico-prácticos sobre mi grupoanálisis y sobre sus escenas temidas del conductor de grupos, que me permitieron superar algunos de los prejuicios contra el psicodrama, resultado de mi formación analítica. Vale recordar que este espíritu de solidaridad y de diálogo dentro de la diversidad es el que prevalecía en España en la época de transición de la dictadura franquista a la democracia que culminó con el establecimiento de la Constitución en 1979, y que explica la generosa acogida que los españoles dieron en aquellos años a los argentinos que venían huyendo de la dictadura militar. No es de extrañar pues, que mi viaje a Copenhague fuera presidido por una idea de conjunción, de cooperación, y de diálogo entre los opuestos . Así, cuando Malcolm Pines me invitó a participar en una subplenaria del Congreso sobre terapia de familia lo hice desde el punto de visto grupoanalítico y la principal conclusión a la que llegué fue que:

"Los psicoanalistas o grupoanalistas tienen más familias que la gente corriente. Además de su familia de origen y las que hayan podido constituir, por formación y por asociación pasan a ser parte de la familia analítica de su instituto. Como Martin Grotjahn solía recomendar, cierta terapia de familia con sus familias reales les haría mucho bien y cierta psicoterapia de grupo para las sociedades analíticas de pertenencia no les haría ningún daño. Quizás ésta fuera una mejor manera que la de resolver nuestros «problemas teóricos» a base de divorciarnos de nuestra vieja familia. De esta manera, al igual que en la familia real, la patología de la familia analítica dejaría de transmitirse a su descendencia".50

En este mismo orden de cosas, a mediados de 1979 había enviado a mis colegas de GAIPAC una nota recordando que, en la intención original de Foulkes, aquel panel por correspondencia no era nada más que un medio para un fin, cuyo objetivo último era el de establecer una «asociación internacional de grupoanalistas». Allí me preguntaba:

"¿Cuáles son las posibilidades de una tal asociación de grupoanalistas? o, sin ser tan ambiciosos, ¿qué es lo que quedaba del «gran taller internacional» o «grupo de estudio por correspondencia» establecido por Foulkes? Es mi sentimiento [terminaba diciendo] que sin contactos cara a cara, sin una libre y profunda discusión por todos los implicados en esa aventura común, el grupoanálisis corre el riesgo de institucionalizarse y que las dinámicas del poder le quitarán el espíritu y la sal de lo que podría haber llegado a ser. La organización jerárquica ahogará las posibilidades de crecimiento que nuestra asociación afiliativa ha tenido desde sus inicios [...] Se requiere una participación mayor y más activa entre nosotros, a fin de llevar a cabo la labor de reflexión que exige decidir a dónde nuestro gran grupo quiere ir".

Me preguntaba si el Congreso Internacional de Copenhague no fuera una buena ocasión para que la Group-Analytic Society (London) y el GAIPAC organizaran un gran encuentro conjunto entre sus socios británicos y extranjeros (overseas) y sus corresponsales y suscriptores. Como un miembro más de la mayoría silenciosa, propuse que fuera Pat de Maré, el editor de GAIPAC, quien convocara el encuentro.51 Este largo paréntesis queda justificado dada la importancia que estas experiencias e ideas tendrían en el posterior desarrollo del movimiento grupoanalítico y en mis actitudes como miembro y como directivo de la AIPG.

El Congreso de Copenhague fue ocasión para otros encuentros. Aprovechando la circunstancia de que en aquel congreso coincidimos Elizabeth Foulkes, Ana Quiroga, Hernán y yo, el primer día improvisamos un diálogo de discípulos de Pichón-Rivière y de Foulkes que repetiríamos en los congresos de Zagreb y, de nuevo, en Buenos Aires.52

Por otra parte, la reunión que yo había propuesto en GAIPAC se celebró a la hora del almuerzo convocada in situ, no por su editor, Pat de Maré, sino por la entonces presidenta de la Group Analytic Society, Jane Abercrombie. Al iniciar la reunión, ésta me pidió que expusiera mi idea de cómo llevar a cabo aquella «asociación internacional de grupoanalistas» que S. H. Foulkes proponía con GAIPAC. Mis palabras, que no recuerdo, dieron lugar a un encendido y rico debate que ponía de manifiesto cuán madura estaba la idea de un «movimiento grupoanalítico europeo». A mi vuelta de Copenhague escribí a petición de GAIPAC otra nota, resumiendo las conclusiones a que llegaba después de aquel encuentro y donde, de hecho, decía:

"Lo que a mí me gustaría, lo que actualmente propongo, es que de esta amplia red de gente que se ha visto influida por el grupoanálisis y que son grupoanalistas de corazón por más que no hayan oído hablar de aquél, un pequeño grupo nos juntáramos y nos propusiéramos como tarea pensar y trabajar hacia ese género de asociación. Es para esto que pido voluntarios y creo que nuestro «panel de corresponsales» bien puede servir como pista de lanzamiento. Nunca fui cualificado como psicoanalista (de la API, se entiende) ni como grupoanalista (del Institute of Group Analysis, se entiende). Sin embargo, a pesar de los muchos certificados de capacitación formales que haya recibido de otras instituciones cualificadoras, básicamente me siento un grupoanalista. ¿Qué es ser un grupoanalista? Para mí consiste en afrontar los problemas del individuo y de la sociedad en el punto nodal donde éstos se encuentran y pertenecen: el pequeño grupo cara a cara, conducido en líneas grupoanalíticas. Consiste también en facilitar la comunicación a todos los niveles mediante una discusión franca y abierta; consiste en funcionar en la vida profesional y asociativa diaria guiados por principios grupoanalíticos tal como fueron específicados por S. H. Foulkes en «Principios y Métodos». Ésta es la razón por la cual este modo de pensar me resulta tan querido y atractivo. Ésta es la clase de asociación que yo contemplo y a la que aspiro". 53

Este alegato puede ser considerado como el Manifiesto del Movimiento Grupoanalítico Internacional, que primero intentamos desarrollar, aunque sin éxito, dentro del ámbito de la propia Group Analytic Society (London) y, años después, en el contexto de la AIPG como una red de grupos de estudio o una sección de interés especial en grupoanálisis.54

El último día del Congreso de Copenhague, mientras la asamblea general de miembros de la AIPG estaba reunida, me encontré con los hermanos Napolitani de Italia, encargados de la organización del siguiente Symposium de Grupo Análisis en Roma. Los hermanos Napolitani asimismo estaban convocando un foro que llevara a una confederación europea de organizaciones grupoanalíticas, propuesta que daría lugar años después a la Confederación de Organizaciones Italianas de Investigación Analítica Grupal (COIRAG).

Como muy bien dice Battegay, el Congreso de Copenhague fue un congreso soberbiamente organizado que resultó un éxito científico, social y financiero. Para empezar, el tema elegido fue un acierto: «El individuo y el grupo. Fronteras e interrelaciones.» Los trabajos aportados fueron publicados en forma de libro en un tiempo récord, utilizando una avanzada tecnología de reproducción de los mismos originales.55 En Copenhague se inscribieron 1200 personas y hubo un beneficio de 23.000 dólares. Este congreso se convirtió con el tiempo en patrón de lo que se considera un éxito en la organización de los congresos de la AIPG. Se ha dicho que la historia de la AIPG es la historia de sus congresos. Esta historia puede ser contada desde un punto de vista científico, el que considera las temáticas bajo las cuales se convocan los congresos, o bien desde uno más político-organizativo, el que considera la elección de los directivos.

Hasta el Congreso de Copenhague el presidente de la AIPG y la sede del siguiente congreso eran elegidos directamente en asamblea. En esta ocasión, como dice Hadden:

"Con Malcolm Pines como presidente, quedan fijados los planes del VIII Congreso Internacional a celebrar en México en 1984. Luis Feder se hará cargo de la organización local y Raymundo Macías de establecer el programa. Gracias a los esfuerzos de Jay Fidler se ha dado un modesto paso para conseguir establecer una Oficina Central permanente".

Sin embargo, antes de pasar al mandato de Malcolm Pines y al VIII Congreso, hay algo a nivel institucional que quisiera comentar. La Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo (SEPTG) para cuya junta directiva acababa entonces de ser elegido, me había solicitado que explorara las ventajas e inconvenientes que en su proyección internacional tendrían para la sociedad el afiliarse como organización ya fuera a la AIPG o bien como asociación extranjera a la AGPA. Dio la casualidad de que, en Copenhague, Jay Fidler, secretario y tesorero de la AIPG, era a la vez un destacado miembro del comité de asuntos internacionales de la AGPA. De manera que para enterarme de dos organizaciones distintas, terminé hablando con la misma persona. Una de las cosas que no convenció a la SEPTG fue que en Filadelfia la AIPG -por razones económicas al parecer- había aceptado como miembros a organizaciones españolas que no le merecían demasiado crédito. Con los años, la falta de criterios para la admisión de organizaciones se subsanó y yo mismo promoví y avalé la admisión de la SEPTG y de otras organizaciones de grupo españolas y extranjeras. Tampoco nos convenció

afiliarnos a la AGPA dado que no tenía sentido pasar a ser una asociación extranjera afiliada de otra asociación nacional, y menos aún cuando España no pertenece al área de dominio anglófono. Este primer contacto fue seguido por una extensa correspondencia con ambas instituciones, que yo seguí como interlocutor de la SEPTG. Si bien la afiliación de la SEPTG, que acabaría decantándose por la AIPG, no cuajaría hasta siete años más tarde, mi intervención durante este período me familiarizó lo suficiente con la asociación como para intentar asociarnos colectivamente a ella como grupo con Convergencia Analítica, petición que fue en principio aceptada por la junta directiva, pero que no se pudo concretar debido a que esta agrupación no cumplía con el requisito de estar debidamente legalizada en su país. Esta idea es precursora a la de establecer secciones especializadas. La filosofía que nos llevó a proponerlo era que si la AIPG es una asociación internacional, sus miembros individuales pueden constituirse en grupos permanentes a su amparo, sin tener que pasar por el mismo calvario legal que ésta tuvo que padecer para constituirse.

 

 

b) VIII Congreso Internacional (México 1984). Presidente Malcolm Pines.

Malcolm Pines, al igual que Sam Hadden, es uno de los presidentes cuyo mandato se prolongó por casi cuatro años. Sin embargo, es el único que no llegó a presidir el congreso que organizó y para el cual había sido elegido. Razones de salud le impidieron asistir al VIII Congreso. Durante su mandato, la Constitución se fue desarrollando, y se instauró un comité de nominaciones. Este comité es el que seleccionaría los candidatos a directivos y cargos de la ejecutiva, en la que a partir de entonces se incluyó la figura del presidente electo. La elección se realizó una vez más mediante el voto por correo. El procedimiento de planificación mejoró notablemente. Pines exigió que se contara con una propuesta para el IX Congreso antes de que se celebrara el octavo y se instituyeron reuniones anuales de junta directiva para el período entre congresos, que se hacían coincidir con la conferencia anual de una de sus organizaciones miembro, la AGPA.

Fue a partir de una de estas reuniones, la de febrero de 1983 en Nueva York que se me invitó a formar parte de la junta directiva. Al transmitirme la invitación, William E. Powels, a la sazón presidente del comité de nominaciones, me explicó que si bien la junta se reunía una vez al año, coincidiendo con la reunión de invierno de la AGPA, no era un requisito asistir a las reuniones dada la dificultad que una obligación así hubiera implicado. Me aclaró que las dos exigencias para estar en la junta eran: primero, ser un miembro individual de la asociación y estar al corriente de pago -no basta ser miembro de una asociación afiliada- y, segundo, dar mi autorización para ser incluido en la lista de elegibles que iba a ser enviada por correo.

Todos estos cambios fueron posibles gracias a la estrecha colaboración entre Malcolm Pines y Jay Fidler, quien como secretario-tesorero demostró su extraordinaria capacidad administrativa y organizativa. En esta etapa, las cuotas de socio empezaron a recabarse sistemáticamente; las funciones de la directiva, de los comités de programa y de la organización de los congresos quedaron separados específicamente y el control del programa se centralizó; se contrataron los servicios de una agencia de congresos y el presidente se mantuvo en contacto con el comité de programa y con el comité ejecutivo; el dinero para la promoción del congreso vino de fuentes externas y la publicidad fue bien organizada una vez que quedaron concretadas el lugar y la fecha del mismo. El secretario-tesorero Fidler, a quien debemos estos datos, estableció una lista de correspondencia con fines publicitarios y de seguimiento de los miembros. En la medida en que éstos aumentaban, el sistema de fichas se tornó imposible de manejar y se impuso la adopción de un sistema informático que desde entonces opera eficazmente. Gracias a ello fue posible publicar el primer Directorio, si bien el monto de trabajo implicado en esta operación hizo necesario contratar ayuda secretarial por horas.

Con un año de retraso, el VIII Congreso de México se celebró a fines de abril de 1984, y fue convocado bajo el lema «¿Qué es lo efectivo en psicoterapia de grupo?» Yo contemplaba con mucha ilusión mi participación en el Congreso de México entre otras razones porque iba a ser la primera vez que un congreso de la AIPG iba a celebrarse en un país hispanohablante. Esperaba que nuestros colegas de habla inglesa, que resulta ser la dominante en la mayoría de asociaciones internacionales, tendrían ocasión de experimentar lo que significa atravesar la barrera de la lengua y comunicarse con otra cultura. Desgraciadamente no pude asistir, ya que mi implicación en el movimiento grupoanalítico europeo en aquellos momentos me lo impidió. Sin embargo, de haber acudido al congreso, es muy posible que me hubiera llevado una desilusión, por lo menos a este respecto. La ejecutiva no salió muy satisfecha de la experiencia mexicana desde el punto de vista de la organización del programa. Además, la organización local fue incapaz de ganar dinero y dar adecuada cuenta de las finanzas. Paradójicamente, el Congreso de México no resultó tan eficaz como prometía su lema. El choque entre la organización local y la central no se debió sólo a las dificultades lingüísticas y culturales, sino también al distinto talante organizativo de los miembros hispanohablantes y los anglófonos.

Fidler explica que en preparación de este VIII Congreso se empezó a considerar la creación de una oficina central para mejorar la organización, debido en parte a que el secretario-tesorero se veía obligado a cumplir cada vez más funciones, lo que obligó a contratar a tiempo parcial a una administrativa. Tanto las cuotas de miembro como las matrículas del congreso empezaron a ser cobradas desde una oficina central. Se nombró un editor del boletín de noticias, Guillermo Ferschtut, si bien la publicación del mismo y su distribución corría a cargo de la administrativa. Los arreglos del congreso estuvieron prácticamente en manos de una sola persona, Luis Federn, quien utilizó para ello los 5.000 dólares que le habían sido anticipados por la oficina central y que posteriormente fueron reintegrados. La publicidad se vio retrasada porque las fechas no se establecieron con la suficiente antelación y, finalmente, hubo que cambiarlas. La presidencia del comité de programa originalmente fue asignada a una persona residente fuera de México y, tras algunas dificultades, recayó en alguien de México que ni siquiera había sido nunca miembro de la AIPG. De nuevo, se empleó una agencia de congresos para algunos de los trámites. La asistencia fue de unos 700 miembros.

La ausencia de Malcolm Pines hizo que fuera Fidler quien presidiera todas las sesiones administrativas. En la primera, se leyó la declaración de Pines en la que resumía su mandato como presidente. Fidler, a su vez, dio cuenta de los resultados de las elecciones por correspondencia y señaló las ventajas e inconvenientes de que un congreso fuera conducido desde una organización central; sobre todo tenía la ventaja de eliminar o disminuir los costos que suponía alquilar los servicios de una agencia de congresos. En función de esto propuso que se creara un comité para la selección de sede que fuera presidido por el presidente electo, un nuevo cargo que ocuparía Grete Leutz. Brevemente, se expuso la propuesta que Eduard Klain ya había hecho circular entre los miembros de la junta directiva de que Zagreb fuera sede del próximo congreso. La idea venía avalada por Malcolm Pines que había visitado la ciudad croata en dos ocasiones a fin de valorarla. Esta propuesta resultaba muy económica, puesto que contaba con el respaldo de la Oficina General de Turismo de Yugoslavia y de Aerolíneas Yugoslavas. Después de una viva discusión respecto a las ventajas e inconvenientes de celebrar un congreso en un país comunista, la propuesta fue aceptada por unanimidad. Claude Pigott, que ya había sido elegido por la anterior directiva y había visitado el lugar conjuntamente con Pines en octubre del año anterior, se hizo cargo del comité de programa.

Fue Fidler, ya en función de presidente, quien introdujo la idea de organizar un instituto de formación antes del siguiente congreso. A tal fin invitó a Milton Berger, iniciador de los institutos de formación de la AGPA, para que explicara en qué consistían. Esta proposición fue aprobada y, al igual que la propuesta de sede, la decisión final se dejó a la junta entrante.

En la Asamblea General de Miembros del último día, tuvo lugar un suceso relevante en lo que concierne a las secciones. Diana Villaseñor, en nombre de un grupo de psicodramatistas, propuso que se estableciera una sección de especial interés en psicodrama dentro de la AIPG. Fidler, ya como nuevo presidente, aclaró que para tomar este paso se exigía someter la petición por escrito. De todas formas, la moción fue aceptada por unanimidad por la asamblea con la recomendación de que, una vez cumplido el trámite, se aprobara en la siguiente reunión de la junta directiva.56 Años después, en carta personal y en respuesta a mi informe de Lisboa sobre la Sección de Grupo Análisis, Fidler me escribió que «cuando el Congreso de México, parecía que los del Psicodrama (que de hecho iniciaron los congresos internacionales) sugerían un subgrupo tal como estás proponiendo. Zerka Moreno y yo los disuadimos por considerarlo divisivo».57 No sé si realmente los psicodramatistas cumplieron con el requisito de presentar por escrito la petición con 25 firmas como exigen los estatutos o simplemente se aburrieron en el intento. Lo cierto es que este asunto no figuraba en la agenda de la reunión de junta del 27 de octubre de 1984 en París, a la que me convocó el presidente Fidler pocos días después de la clausura del Congreso de México, y tampoco parece que nadie en dicha reunión se acordara de ello.

 

 

c) IX Congreso Internacional (Zagreb 1986). Presidente Jay W. Fidler.

Los escasamente dos años y medio que duró la presidencia de Fidler constituyen el mandato más corto que hasta ahora hubo en la AIPG. A pesar de ello se consiguió que el Congreso de Zagreb se celebrara en la fecha prevista y que su organización fuera de lo más exitosa. A ello contribuyeron la decisión de Malcolm Pines de que la preparación del siguiente congreso empezara antes de que se celebrara el de México y el hecho de que el comité organizador local ya venía rodado con la experiencia de organizar dos años antes el VI Symposium Europeo de Grupo Análisis.

En la reunión de junta celebrada en México el 26 de abril de 1984, se tomaron importantes decisiones. Como dice el propio Fidler:

"Reconocimos las dificultades implícitas en manejar los asuntos de la asociación en sólo dos o tres horas en tiempo de congresos. Aunque habíamos mantenido encuentros en febrero de 1982 y 1983 durante las reuniones de la AGPA en Estados Unidos, el sentimiento general era de que los miembros europeos de la junta se encontraban en desventaja y daba la impresión de que nos aliábamos demasiado estrechamente con una de las organizaciones miembro. Se decidió por tanto que para el año que viene tendremos una «agenda dividida» en dos encuentros. Uno será el 27 de octubre en París y el segundo durante la reunión de la AGPA a mediados de febrero de 1985"...58

La decisión de dividir la agenda de las reuniones entre congresos -y de dedicar tiempo suficiente para cubrirla y asegurar la cooperación de toda la junta directiva con la labor de los comités de programación y de organización local- fue posible en parte por la imaginación y dedicación de Eduard Klain y la ayuda prestada por el Ministerio de Turismo de Yugoslavia. El citado ministerio no sólo se comprometió a financiar el viaje a la reunión de París de los miembros de la junta y del comité de programa, sino que invitó a sus miembros a participar en el Congreso de Psicología Médica de Opatija, con lo que posibilitó que un año después se celebrara en Zagreb otra reunión en las mismas condiciones. Los encuentros en Europa de la junta directiva facilitaron una mayor cohesión y conjunción con el comité de programa y el comité organizador local que hicieron que el congreso de la AIPG en Zagreb esta vez fuera pensado por un grupo o mejor dicho por un grupo de grupos. El congreso, que partió de México bajo el lema de «Psicoterapia de Grupo y desarrollos tempranos», se celebró en Zagreb del 24 al 29 de agosto de 1986, bajo el de «Desarrollos y transiciones en un contexto de rápido cambio: Un reto para los psicoterapeutas de grupo», y fue precedido por un instituto. Se dice que el camello es un caballo diseñado por un grupo. La idea del camello me vino en mente cuando en la sesión inaugural del congreso, con todas las autoridades presentes, un fallo técnico provocó que a los traductores se les cruzaran los cables de salida y que brotara de los altavoces una ensalada de lenguas, mientras que los traductores seguían impertérritos en sus cabinas alimentando aquella moderna torre de Babel. Afortunadamente, el fallo se arregló pronto, con lo que el pánico inicial de los organizadores se transformó en jolgorio general para la audiencia.

Fue en este congreso donde por primera vez yo me empeñé en trabajar el tema del congreso en grupo y en hacer presentaciones de grupo. Con Hernán Kesselman presentamos bajo el título de «Desde el Psicoanálisis a la Psicología Social: Grupo Análisis Operativo» el trabajo que habíamos desarrollado en Madrid a lo largo de un año durante once sesiones con un grupo de colegas de distintas orientaciones teóricas y prácticas procedentes de diferentes lugares de España. Aquí de nuevo nos topamos con aquello de tradutore traditore, pero en este caso por ausencia. Nos habían asignado una subplenaria en la que a última hora nos enteramos que no era posible la traducción simultánea. Dado que esperábamos una asistencia multilingüe, se nos ocurrió recurrir a una traducción grupal. Improvisamos grandes carteles en inglés y castellano con el rótulo: «Guerra a Babel. Ven como estés. Tráete tu propia cultura. Habla tu propia lengua. No te preocupes de traducciones. Fíate del grupo. Deja que sea el grupo el que lo haga». Y, efectivamente, funcionó. La gente se reunió en grupitos por lenguas, donde quedamente uno traducía para el grupo lo que se decía en la sala y a su vez traducía a la sala como portavoz del grupo. Fue una experiencia bien satisfactoria, en vez de «hablarles» de grupoanálisis operativo, lo aplicamos para resolver el problema que allí, entonces y entre todos, el grupo tenía entre manos.

No tanto éxito tuvo el Segundo Coloquio entre la Group Analytic Society de Londres y la Escuela Privada de Psicología Social de Buenos Aires (presididas por Elizabeth Foulkes y Ana Pampliega de Quiroga), que, de nuevo Hernán y yo, organizamos en este Congreso. A pesar de la experiencia previa y el dominio bilingüe de algunos asistentes, que permitió una traducción secuencial, ésta, como siempre sucede, no acababa de funcionar por escindir los discursos y reforzar los aspectos narcisistas del último que habla. Curiosamente, Elizabeth y Ana que estaban sentadas una al lado de la otra se dieron cuenta, una vez terminada la reunión, de que ambas hablaban fluidamente francés.

Otra reunión translingüista fue el «Encuentro para un diálogo en grupo análisis mediterráneo» que organizamos con Fabrizio Napolitani y Guilherme Ferreira. En éste cada uno hablaba en su propia lengua y asumía entender la de los demás, por más que las diferencias entre el castellano, el portugués y el italiano son mucho mayores de lo que uno intuye.

Fue en el curso de la preparación de este congreso cuando surgió en mí el interés por la historia de la AIPG. Recuerdo cómo en Opatija Grete Leutz me introdujo en la vida y obra de Moreno. En el desayuno del último día del congreso, empezamos a hablar con Max Rosenbaum y Raymond Battegay de los orígenes de la asociación y nuestro entusiasmo subió hasta el punto de decidir celebrar una mesa redonda sobre este tema en el siguiente congreso.

Volviendo al desarrollo organizativo, diría que el mandato de Jay Fidler se caracteriza por una cada vez mayor descentralización de tareas, dejando éstas en manos de comités específicos, y por un progresivo intento de coordinar y controlar administrativa y económicamente los gastos y las tareas de dichos comités desde la oficina central que él había ya instaurado como secretario-tesorero y que estaba a cargo de la administrativa contratada a tal fin. Aparte de los peligros de burocratización, que con bastante éxito se consiguió evitar, y el mayor costo que la nueva estructura organizativa suponía, cabe decir que en conjunto se consolidó la organización y se impulsó la consecución de los fines de la asociación. De la complejidad de la labor y el esfuerzo de coordinación llevados a cabo por la organización bajo su mandato nos da idea el siguiente párrafo del propio Fidler:

"Durante este período el nuevo secretario-tesorero recababa las cuotas. La introducción de esta nueva dirección inducía en ocasiones a confusión. El administrador que representaba a la oficina central siguió en la antigua dirección. La edición y la publicación del Newsletter fueron transferidas a Suecia, lo que daba pie a otra confusión de direcciones. El comité organizador local (34 personas) estaba a su vez centralizado y fue un comité muy activo. El comité de programa incluía un conjunto internacional (16 miembros) y un grupo francés de profesionales. Se estableció un comité de instituto internacional (9 personas) con sede en Holanda. Con un comité de miembros presidido en México y un comité de nominaciones presidido en Dinamarca, empezamos a funcionar como una asociación internacional. A fin de evitar la fragmentación, todos los comités se han mantenido en contacto continuo con la oficina central. Ésta se responsabilizó de financiar los costos de correo y trabajo secretarial de los comités, aparte de la ayuda prestada al comité local y al comité de programa en los inicios de la planificación"...

Éste fue el contexto, éste fue el ritmo de cambio que en su desarrollo se vio obligada a afrontar la asociación. Éste fue el reto que supimos superar con espíritu grupal durante el mandato de Fidler. Así y todo, Fidler no se sentía satisfecho:

"Al igual que sucede en otros grupos, estamos empezando a mostrar signos que amenazan la aparición de subgrupos. Esto debe ser contemplado con mucha precaución. Algunos psicodramatistas sugirieron formar una División de Psicodrama, propuesta que luego retiraron. La American Group Psychotherapy Foundation prometió costear una Slavson Memorial Lecture en el congreso. El Dr. Napolitani prometió costear una Foulkes Memorial Lecture. Todas estas actividades bien puede que enriquezcan nuestros congresos, pero la directiva debe sentar las reglas para que se mantengan a un nivel integrador y no competitivo".

Jay Fidler, en la última reunión de junta directiva que presidió, en febrero de 1986 en Washington, sugirió que se mantuviera la práctica de celebrar dos reuniones de junta al año, una en Europa y otra en Estados Unidos. Consideraba que esto beneficiaba a la AIPG y la ayudaría a convertirse en una organización más estructurada y cohesionada. Se reafirmó asimismo en su convencimiento de que debiera mantenerse una oficina central, si bien la AIPG no debía endeudarse más allá de lo que realmente podía afrontar. El tema de la gestión de los asuntos de la AIPG figuraba como primer punto de la reunión conjunta que las ejecutivas de las juntas directivas entrante y saliente celebraron en Zagreb el día 24 de agosto. No recuerdo los términos de la discusión, pues ésta fue la primera reunión de la ejecutiva a la que asistí, pero sé que se decidió prescindir por el momento de una oficina central y sustituir ésta por ordenadores y el uso del fax. Curiosamente, veo en la agenda de esta reunión que consta como segundo tema precisamente la localización de los archivos de la AIPG; tarea pendiente, si recordamos, desde la propuesta de Moreno en París a principios de los cincuenta.

Vistos los resultados financieros de los dos últimos congresos, una de las preocupaciones de Grete Leutz al asumir la presidencia fue definir la política respecto a las finanzas del siguiente congreso a celebrar en Amsterdam y formular un contrato con sus organizadores locales. Poco consciente de aquellos antecedentes, me extrañó el detalle con que se les hizo explicar su propuesta a los organizadores. Daba la impresión de que la directiva no acabara de creerse la ventajosa propuesta de la Freie Universät de Amsterdam. Entre el informe del tesorero y la propuesta de Montreal como sede del subsiguiente congreso, presentada por la entonces presidente electo Fern Cramer Azima, se agotó el tiempo, hasta el punto que ni tan siquiera se pudo satisfacer el requerimiento del comité organizador de Amsterdam, presidido por Peter Jongerius, respecto al tema del congreso. Éste quedó definido por la ejecutiva como «Encuentro o Alienación. La significancia del grupo en la sociedad moderna», y se nombró a Stuart Whiteley presidente del comité de programa.

 

 

d) X Congreso Internacional (Amsterdam de 1989). Presidente Grete Leutz.

La precaria situación económica en que se encontraba la asociación en el momento en que Grete Leutz asumió la presidencia pudo ser superada merced a la decisión tomada en Zagreb de recabar las cuotas de los miembros allí presentes, facilitar mediante un descuento de un 20% la inscripción anticipada al siguiente congreso, todo ello gracias los esfuerzos especiales hechos por el nuevo secretario-tesorero Giovanni Boria en este sentido. Todo el mandato de Grete Leutz vino marcado por el signo de las estrecheces a que había conducido confiar la financiación de la asociación a unos hipotéticos beneficios en la organización de sus congresos, en vez de buscar como principal fuente de financiación las cuotas de sus miembros. La crisis económica mundial y el importante paso de apertura hacia el Este que supuso el Congreso de Zagreb, y que se siguió impulsando con vistas al Congreso de Amsterdam, implicó reducir las cuotas y facilitar la forma de pago para miembros de éstos y otros países con dificultades semejantes. Una propuesta en este sentido ya fue formulada y aceptada en la reunión de junta de Nueva Orleans de febrero de 1987 y se confió su elaboración al secretario-tesorero y a la presidenta. El sistema que se diseñó se basaba en la colaboración de las organizaciones miembro. La idea central era que la reducción se ofreciera sólo a miembros individuales que pertenecieran a organizaciones miembro de la AIPG, que a su vez se hubieran comprometido a: 1) recabar localmente las solicitudes y las cuotas de los socios que se inscribieran a la AIPG, 2) garantizar su adecuación profesional, 3) distribuir, una vez traducida a la propia lengua, la correspondencia de la AIPG, y 4) distribuir asimismo otros materiales impresos, como el Directorio, etc. Las organizaciones miembro que lo aceptasen quedaban dispensadas de pagar sus cuotas y el ahorro en gastos de correo y administrativos que esto suponía permitía un descuento de un 30% a un 60% según la situación económica del país. Es más, a los miembros de aquellos países en que no fuera posible transferir divisas se les autorizaba a invertir el importe de las cuotas en su propio país en la traducción y publicación del Newsletter. Esta solución -que resultó un fracaso, ya que en vez de atraer nuevos miembros individuales consiguió que éstos disminuyeran- dio lugar, sin embargo, a un rico debate acerca de la naturaleza individual y colectiva de la asociación a la AIPG, y a que se estableciera un comité de finanzas para estudiar este problema.

Por otra parte, se suprimieron las alegrías que habían hecho posible costear los desplazamientos del comité de programa en el período anterior. Sin embargo, la estrecha cooperación establecida entre el secretario-tesorero y la presidenta hizo posible una eficaz gestión a pesar de que no hubiera una oficina central, sustituyendo las tareas de un administrador a sueldo mediante el fax, el ordenador y el trabajo voluntario. Con este sistema, y gracias al esfuerzo de Giovanni Boria y de su familia, fue posible publicar en autoedición y en cuatro fascículos sucesivos el más completo Directorio de Miembros de la AIPG que ha habido hasta la fecha y que incluía una autopresentación de la mayoría de ellos.

Mi progresiva implicación con la AIPG, que me llevó a aceptar ser elegido directivo durante el mandato de Jay Fidler y vicepresidente segundo durante el de Grete Leutz, va íntimamente ligada al movimiento grupoanalítico europeo que se inició a partir de mi alegato en Copenhague. Éste se concretó con mi aportación teórica sobre «resistencias institucionales» al Symposium Europeo de Grupo Análisis de Roma en 1981 y mi propuesta, en mayo de 1982 en Londres, de establecer un comité de trabajo para estudiar y fomentar el desarrollo de este movimiento. Por el momento, se decidió ubicar el citado comité en el marco de la Group Analytic Society (London) y establecer unas jornadas anuales donde las decisiones políticas a tomar fueran previamente debatidas científicamente. Dado que una propuesta de cambio organizativo a nivel teórico tiene siempre implicaciones políticas dentro de una asociación, la mejor manera de neutralizarlas es incorporar al establishment a quienes la encabezan. Fue así como acabé siendo el primer miembro extranjero en el comité directivo de la sociedad londinense a la vez que se me consideraba como portavoz del área latino-parlante dentro del movimiento grupoanalítico europeo. Ésta es la historia de un movimiento nacido de una de las organizaciones miembro de la AIPG y que por su interés general me propongo escribir en algún otro lugar algún día. Si aquí la aduzco es porque a principios de abril de 1987, el profesor Leonardo Ancona me invitó a conducir un seminario histórico-metodológico sobre «El Grupo Análisis entre formación y práctica: Problemas de la dependencia cultural del Psicoanálisis y de colonización formativa de la Escuela Londinense» en la Facultad de Medicina de la Universidad Católica del Sacro Cuore de Roma, y a participar en el seminario sobre «Experiencia formativa conjunta entre expertos en Grupo Análisis y expertos en análisis de las organizaciones».

Durante aquellas jornadas llegamos a la conclusión de que el medio más adecuado para facilitar el diálogo y la confrontación de puntos de vista entre las distintas escuelas, orientaciones y culturas grupoanalíticas, a nivel mundial y no sólo europeo sería el establecer una sección de grupoanálisis dentro de la AIPG, y se me encargó llevar una propuesta en este sentido a la siguiente reunión de la junta directiva de la Asociación. A mi regreso, consulté a la presidenta Grete Leutz con quien coincidí pocos días después en Madrid, y ésta me sugirió que el borrador de la propuesta lo acompañara con un memorando59 dirigido a los miembros de la ejecutiva, prudente medida que yo hice extensiva a los anteriores presidentes de la asociación. En principio la idea fue aceptada, aunque con reservas. La principal fuente de objeción era el miedo atávico a que el establecimiento de secciones reactivara los conflictos de intereses y la competencia entre organizaciones que tanto había demorado la fundación de la AIPG. Lo que no advertía es que esta propuesta implicaba cuestiones de principios y de ideología, política y estrategia relativas al desarrollo organizativo que tenían una larga historia: probablemente la historia entera de la asociación. Consciente además de que la creación de una sección específica en grupoanálisis en la AIPG pudiera lesionar intereses de la Group Analytic Society (London), antes de presentar la propuesta a la junta directiva de la AIPG en Amsterdam la discutí abiertamente en el seno del Symposium Europeo de Grupo Análisis que se reunía en Oxford unos días antes. La oposición del Consejo Directivo de la Group Analytic Society y de algunos de sus miembros anglosajones más prominentes allí fue flagrante. En vista de ello, y por muchas otras razones, decidimos en Amsterdam posponer la discusión de la propuesta, que no se materializó hasta el año siguiente en la reunión de junta que tuvo lugar en Cumberland Lodge en Windsor. Allí, tras larga discusión, la propuesta fue aceptada con la condición de que se denominara no Sección sino Grupo de Estudios en Grupo Análisis; denominación, por cierto, muy afortunada dado que se ceñía más estrechamente a los fines perseguidos con su establecimiento.

La ingente cantidad de trabajo y de esfuerzo emocional que me supuso llevar a término esta iniciativa no me distrajo, sin embargo, de cumplir con la responsabilidad asumida en la ejecutiva de la AIPG. Por ejemplo, siguiendo la conclusión a la que habíamos llegado en Zagreb de que la principal fuente de ingresos de la asociación debería provenir de las cuotas de sus miembros individuales y colectivos, y no de los hipotéticos superávits de la matrícula de congresos, inicié una campaña de reclutamiento y mantenimiento de miembros que en el curso de este mandato hizo que dos asociaciones de grupo españolas y la COIRAG italiana se afiliaran a la AIPG y que las organizaciones afiliadas de las cuales yo era miembro fomentaran a su vez la inscripción de miembros individuales. No sé hasta qué punto la idea de incrementar el número de miembros individuales a base de fomentar la inscripción de organizaciones afiliadas es realmente eficaz, dado que en la realidad algunas de las organizaciones de grupo que mayor número de socios tienen son las que con menos miembros individuales en la AIPG cuentan, si bien acostumbran a ocupar posiciones de poder dentro de la estructura de la misma. Es la vieja disyuntiva discutida ya en Milan entre Hadden, Foulkes y Moreno respecto a una confederación de asociaciones, una asociación de profesionales o ambas cosas a la vez.

Otra iniciativa impulsada por mí fue que las organizaciones afiliadas a la AIPG adoptaran en sus reuniones anuales la misma temática propuesta para el siguiente congreso. En el caso de la SEPTG, la cuestión de encuentro y alienación la debatimos no en uno sino en dos de sus symposiums anuales. La SEGPA (Sociedad Española para el Desarrollo del Grupo, la Psicoterapia y el Psicoanálisis), de la cual fui presidente fundador, llevó al Congreso de Amsterdam la elaboración de sus primeras jornadas internacionales sobre «El significado actual del grupo: un lugar de encuentro y divergencia. Una reformulación por trabajadores grupales españoles.»

A medida que se van desgranando mis recuerdos en este relato me doy cuenta de que mi vocación, al igual que la de Penélope, siempre fue la de tejedor de tramas y que, puestos a anudar redes, la atmósfera que reinaba en la AIPG bajo el mandato de Grete Leutz no podía ser más propicia. En febrero de 1987, en la primera reunión de junta directiva presidida por ella en Nueva Orleans se aceptaron dos proyectos en este sentido. El primero encabezado por la propia Grete Leutz, fue la organización de un Intercambio Internacional de Posgraduados en Psicoterapia de Grupo que permitiera a éstos pasar temporadas en otros países y hospitales para conocer otros abordajes. El segundo, propuesto por Yvonne Agazarian y Mónica Zuretti, era la creación de un Liaison Committee -un comité de contactos, de networking, de tejer redes- consistente en una base de datos de personas interesadas en participar en conferencias a nivel regional o en el intercambio de instructores de la AIPG. En mi caso particular, mis afanes vinculativos, aparte de responsabilizarme de la puesta en marcha del Grupo de Estudio en Grupo Análisis, me llevaron a organizar dos encuentros. El primero relacionado con los orígenes de la AIPG, iniciado al despedirnos en Zagreb, se concretó en una correspondencia y entrevistas con algunos de los pioneros que cristalizaría en el panel de nueve personas «Reencuentro de Pioneros: los Padres de nuestra Constitución en una Pecera» durante el Congreso de Amsterdam que fue ampliamente atendido y debatido con otros pioneros presentes en la audiencia. En el curso de estas investigaciones un golpe de fortuna me hizo descubrir que la Lifwynn Foundation, la organización fundada por Trigant Burrow, el descubridor del método grupal de análisis y padre del término Group Analysis, seguía existiendo. Su presidenta, Alfreda Galt, acababa de publicar un libro que fue reseñado en Group Analysis en tono muy peyorativo. Esto dio lugar a un debate en que mi colega Max Rosenbaum, un experto en Trigant Burrow, y la propia autora salieron a la palestra. Max me facilitó el contacto con Alfreda Galt por quien fui acogido con gran generosidad y me dio acceso de una manera directa y viva a la obra de Burrow. El segundo encuentro que organicé en Amsterdam fue de editores de revistas grupales, del que nacería Plexus Editor(e)s, una red de información e intercambio entre revistas. Naturalmente se repitió también en Amsterdam el encuentro ya casi tradicional de Grupo Análisis Mare Nostrum que se había reunido con anterioridad en Opatija y en Zagreb.

El año que precedió al Congreso de Amsterdam, una de las preocupaciones fundamentales de Grete Leutz fue cómo facilitar la llegada e inscripción de los colegas de los países socialistas que carecían de recursos económicos. Ante la imposibilidad de los organizadores locales de abaratar los costos de matrícula, se estableció un Encounter Fund para recoger donativos a tal fin y algunos holandeses ofrecieron hospedaje gratuito en sus domicilios. No me extrañaría que esta preocupación por soldar los dos bloques tuviera que ver con la coyuntura política que se vivía. Al fin y al cabo, la clausura del Congreso de Amsterdam coincidió con el cincuenta aniversario del inicio de la segunda guerra mundial y, aunque no se supiera, pronto iba a derrocarse el muro de Berlín.

En la última reunión de junta presidida por Grete Leutz el 27 de agosto en Amsterdam, ésta expresó su deseo de que en vista del incremento de 300 miembros alcanzado durante su mandato, el número de directivos se ampliara, en consecuencia, de 30 a 35. El creciente número de miembros y la afiliación de organizaciones en un número cada vez mayor de países, obligaría a reconsiderar la estructura de gobierno de la asociación, la representatividad de sus directivos y la gobernabilidad de una organización internacional de tales dimensiones, sin propósitos de lucro. Max Rosenbaum propuso la formación de un comité ad hoc para estudiar la estructura administrativa de la AIPG y de su junta directiva, moción que fue secundada por Jay Fidler a condición de que el número no se aumentara en tanto en cuanto dicho comité no hubiera emitido su informe. Uno de los grandes logros de la administración de Grete Leutz fue el grado de cohesión alcanzado entre la ejecutiva y la junta directiva, gracias a la facilitación de las comunicaciones conseguida mediante los encuentros personales y el uso de fax introducido por Boria. En su despedida, después de agradecer la cooperación de los directivos, Leutz expresó una vez más su frustración por la inadecuación del tiempo dedicado a reuniones durante congresos. Le parecía mucho más productivo el encuentro residencial de dos días que tuvo lugar en Cumberland Lodge, Windsor, algo en lo que todo el mundo estuvo de acuerdo. En la reunión de la nueva directiva del 30 de agosto, ya presidida por Fern Cramer Azima, ésta, abundando en la idea del comité ad hoc aprobado en la reunión anterior, expresó su preocupación de que el comité ejecutivo tal como estaba estructurado careciera de operatividad con relación al elevado número de miembros y su gran dispersión geográfica. En su opinión lo que se requería era más bien una estructura de gabinete bien consolidado alrededor del presidente y esperaba poder dejar resuelta esta cuestión en la siguiente reunión a celebrar en Boston. La junta aprobó la formación del subcomité y Fern Cramer Azima pidió a los nuevos directivos que le hicieran saber quiénes estaban interesados en formar parte del mismo. Yo fui uno de ellos. La cuestión de la gobernabilidad de la Asociación y el concepto y estilo de liderazgo derivados de las recomendaciones de este comité es lo que marcaría el curso del período siguiente.

 

 

e) XI Congreso Internacional (Montreal de 1992). Presidente Fern Cramer Azima.

El primer memorando de la presidencia que a mediados de noviembre de 1989 recibimos los miembros de la ejecutiva en el que se nos convocaba a la reunión a celebrar en Boston, empezaba en los siguientes términos:

"Dada la premura de tiempo para seleccionar los miembros del comité, encargar el papel de carta oficial y atender a distintos asuntos de la organización, os circulo el siguiente memorando: Ratificación de presidentes de comité. He consultado con el presidente anterior, presidente electo, secretario y tesorero, y han dado su aprobación respecto a la presidencia de los siguientes comités. Todos los nuevos presidentes han sido contactados y están de acuerdo en aceptar dichos nombramientos. Me gustaría que cada uno de vosotros, tan pronto como sea posible, me envíe por teléfono, telegrama o fax su aprobación o desaprobación a estas candidaturas. A no ser que haya una objeción seria a algún candidato, la aprobación por mayoría simple bastará para la ratificación de la ejecutiva a esta lista de nombramientos".

A continuación anunciaba la agenda para la reunión, notificaba que el Newsletter y las actas de las reuniones de la ejecutiva, la junta y la asamblea de Amsterdam nos llegarían a su debido tiempo a través de su oficina y nos solicitaba con urgencia que ratificáramos o rechazáramos el cobro por tarjeta de crédito de las cuotas acordado en Amsterdam. Por último, terminaba amablemente diciendo:

"Te pido que me escribas qué piensas de estos asuntos o cualquier otro y me mandes tus sugerencias. Está claro de que para ser más eficientes, necesitaremos llegar a ser un grupo bien cohesionado, lo que, estoy segura, se traducirá en que haremos bien las cosas al mismo tiempo que disfrutaremos".

Daba la impresión, pues, que Cramer Azima ponía ya en acción la política anunciada en Amsterdam, es decir, que la toma de decisiones dependiera de un «reducido grupo» operativo cercano a la presidencia, relegando al resto del comité ejecutivo a ratificar o rechazar las decisiones tomadas en Montreal a que obligan los estatutos, y como máximo a hacer alguna que otra sugerencia. Sin embargo, animado por las palabras de su último párrafo, envié de inmediato un fax en el que lamentaba no poder asistir a la siguiente reunión de Boston, al tiempo que ratificaba todas las decisiones tomadas según nos pedía. Daba asimismo cuenta de las gestiones que me había confiado referentes a explorar las posibilidades de Barcelona como sede de la siguiente reunión europea, cuya decisión final se tomaría en Boston. En su informe a la junta directiva en dicha reunión, la presidenta, después de anunciar los presidentes de comité nombrados, abordó la cuestión del comité ad hoc pendiente desde Amsterdam. Declaró que tras discutirlo con los miembros del comité ejecutivo allí presentes, había decidido asumir la presidencia del Governance Review Committee ella misma. Este comité, constituido por diez de los miembros de la directiva que habíamos manifestado interés en ello, iba a revisar los siguientes puntos: a) cómo y cuándo llevar a cabo la ampliación de 30 a 35 miembros de la junta directiva, b) deberes y funciones de los miembros de la ejecutiva y de la junta de directivos, c) responsabilidades de los presidentes de subcomités y frente a quién eran responsables, y d) frecuencia de reuniones de la ejecutiva y de la directiva. Este anuncio fue seguido por una viva discusión de los procesos de toma de decisiones y del papel de la junta directiva (originalmente representantes geográficos de los miembros), y los directivos recalcaron la necesidad de ser informados con antelación suficiente de las reuniones en las que se fueran a tomar decisiones de importancia. A este respecto, la presidenta explicó que previamente a la siguiente reunión europea donde continuarían tales deliberaciones, el comité se reuniría en Nueva York y se facilitaría un informe a la junta con la debida antelación. Entre los lugares barajados para la siguiente reunión prevista para septiembre figuraban Dubrovnik, Budapest, Lisboa y Barcelona. Poco después y por separado recibía dos circulares, una del secretario, dirigida a los miembros de la directiva y otra, desde la oficina de la presidenta dirigida al Governance Committee (comité de gobierno). La primera nos convocaba a la reunión de dos días a celebrarse a mediados de septiembre en Budapest, precediendo al Congreso Húngaro de Psicoterapia de Grupo, y en ella se nos instaba a confirmar la asistencia de inmediato. Las actas de la reunión anterior y la agenda de reuniones de subcomités para Budapest se enviarían en fechas más cercanas al encuentro, una vez que se supiera el número definitivo de asistentes y que los directores de subcomité hubieran sometido sus informes. La segunda circular incluía a su vez dos memorandos de Cramer Azima como presidenta del comité de gobierno. El primero, dirigido a todos los miembros de la junta, notificaba la fecha en que la mitad del comité se reuniría en Nueva York e invitaba a aportar ideas por escrito con relación a la agenda que se incluía en la convocatoria del segundo memorando. A principios de agosto recibimos los informes que Cramer Azima y otros miembros habían elaborado sobre el comité de gobierno después de la reunión de Nueva York, y que iba a servir de plataforma de lanzamiento para la discusión de Budapest. De los documentos elaborados a partir del encuentro de Nueva York el 13 mayo, los primeros en llegar fueron el de Jay Fidler y el de Isaiah Zimmerman, con un pequeño diagrama, ambos del día 15 de mayo. El de Cramer Azima data del 5de agosto -fecha de envío- y el de Otto F. Kernberg del 21 de agosto. Nuno Ribeiro, uno de los participantes no envió informe alguno, y al parecer, ninguno de los miembros no presentes en Nueva York se animó a aportar ideas. Una detallada lectura de esta documentación resulta de capital importancia tanto para entender la idea de la AIPG y la filosofía de cambio organizativo propiciado durante el mandato de Fern Cramer Azima como para comprender la teoría e ideología que sustentan este cambio. Los informes están escritos en tono de «expertos en organización», sobre todo el de Kernberg que es de siete páginas. La lectura que hacen del encuentro varía también en función de la inmediatez o distancia en el tiempo de la reunión y, naturalmente, en función de las opiniones previas con que participaron en el mismo. Si algo hay en común, yo intuyo que es la experiencia anterior de todos ellos en la AGPA y de algunos en especial en el comité de asuntos internacionales de la misma. De todos modos, el ideólogo o teórico de la sesión es Kernberg, de quien por su relevancia cito y comento algunos párrafos:

"La AIPG me parece una organización todavía joven, relativamente pequeña dado su alcance internacional y necesitada de un liderazgo fuerte y centralizado. A organizaciones más antiguas, más grandes y más estabilizadas les cabe contar con un tipo de gobierno más estático, burocratizado y descentralizado, pero para que la AIPG pueda alcanzar su máximo dinamismo y desarrollo debiera ser manejada eficientemente por un pequeño grupo de individuos entusiastas, dispuestos y capaces de trabajar los unos con los otros".

"Quiero comentar la cuestión práctica de contar en la AIPG con miembros individuales y corporativos. Entiendo que hay buenas razones históricas para que esto así sea, pero resulta confuso en términos de responsabilidad con la organización, criterios para ser miembro y cobro de cuotas. Recomendaría que se aceptaran miembros individuales de cada país hasta alcanzar un cierto tope, a partir del cual es responsabilidad del país organizarse como una sociedad local y enviar un representante. De nuevo, reducir la autoridad de la junta directiva evitará que esta federalización se convierta en un peligro para la AIPG". 60

  • "Yo recomendaría mantener la junta directiva como un cuerpo internacionalmente representativo, y como tal constituido por representantes de cada país donde haya un número significativo de miembros. Sugiero hacerla lo más representativa posible, pero reducir su autoridad sustancialmente, de manera que súbitas regresiones masivas o procesos grupales no lleven a decisiones impulsivas que interfieran con un liderazgo razonable de la organización en general. Creo que es razonable designar el número de directivos en relación con el actual número de miembros de un país particular, estableciendo una cota mínima por debajo de la cual ningún país tenga derecho a estar representado".

En suma, lo que propone es una asociación internacional de asociaciones nacionales, de las cuales la junta directiva sería su cámara de representantes. A nivel del comité ejecutivo y a fin de reforzar la autoridad de su presidente y la representatividad regional al mismo tiempo, propone diferenciar el comité ejecutivo del consejo ejecutivo, que debería ser muy reducido y estar investido de la suficiente autoridad para llevar los asuntos de la asociación de manera continuada entre reuniones de consejo ejecutivo y de junta directiva. Recomienda que el comité ejecutivo quede reducido al presidente los dos vicepresidentes, el secretario y el tesorero, y como medida complementaria -pero de gran importancia- sugiere que estos dos últimos sean elegidos directamente por el presidente y no mediante el voto por correo de la asamblea de miembros. La razón de esta medida está, dice, en que

"el presidente necesita de un equipo responsable a él o a ella, en quienes pueda confiar por completo. Creo que sin un secretario y un tesorero eficaces, el presidente no puede llevar la organización [...] Entiendo que los vicepresidentes primero y segundo también reflejan un mandato de los miembros, pero en el caso de que hubiera corrientes políticas contradictorias, de esta forma se evita que el comité ejecutivo quede paralizado por razones políticas. Por lo tanto, el presidente debiera controlar por lo menos tres de los cinco miembros de este reducido, pero poderoso, comité ejecutivo".

El consejo ejecutivo que Kernberg propone estaría constituido por el comité que acaba de describir, más tres consejeros para cada una de las regiones mayores en el mundo: Norteamérica, Latinoamérica, Europa y una región combinada de Asia, África y Australia. En suma, Kernberg propone una estructura política marcadamente presidencialista y una administración con controles pseudodemocráticos más propia de las situaciones posdictatoriales como la que se da en la Rusia de Eltsin que no de países tradicionalmente democráticos como el Reino Unido o los propios Estados Unidos de América.

Naturalmente, no todos los consejeros estuvieron totalmente de acuerdo con esta propuesta ni éste es el único informe que fue discutido en las sucesivas juntas directivas. De cualquier modo, el hecho es que esta ideología sí marcó el estilo de gobierno durante este mandato, donde el comité ejecutivo en la práctica funcionó con cinco miembros, con la salvedad de que los vicepresidentes fueron reemplazados por el presidente anterior y el presidente electo. El resto del comité pasó a funcionar cual si se tratara del consejo ejecutivo recomendado por Kernberg. Estas medidas fueron refrendadas por la junta de Budapest que aprobó el informe del comité de gobierno en el sentido de que las organizaciones miembro deberían implicarse más y de que la descentralización que se propugnaba debería ir vinculada a una oficina central, creando una secretaría permanente a tal fin. Sin embargo, en la discusión se puso de manifiesto que los miembros de la directiva que carecían de una tarea concreta se sentían excluidos. A mí me fue imposible acudir al encuentro de Budapest, dado que no pude compaginarlo con el compromiso previo de asistir a un taller de una semana en Nueva York de investigación del yo social sobre adicción, en el sentido más amplio de trastorno individual y social. Éste fue un evento en grupoanálisis organizado por la Lifwynn Foundation, que no se había celebrado desde hacia más de cuarenta años. No asistir a Budapest implicaba para mí no asistir a las reuniones del comité de gobierno hasta la siguiente reunión europea que tendría lugar un año después. En una organización como ésta donde sus gobernantes se reúnen tan sólo dos veces al año entre congreso y congreso, el perderse tres juntas seguidas le deja a uno descolgado durante dos años por más esfuerzos que haga por mantenerse en contacto por correspondencia. De modo que cuando, finalmente, en Lisboa pude por primera vez asistir al comité de gobierno, su presidenta me comunicó in situ que había dejado de pertenecer al mismo por mis ausencias. Por otra parte, está claro que el patrón de funcionamiento de un pequeño gabinete central y del resto del comité en la periferia que ya se había adoptado en la ejecutiva, se repetía en el comité de gobierno. Cramer Azima se dirigió a la junta directiva reunida en Budapest en los siguientes términos:

"La fase inicial de mi presidencia ha ido dirigida a establecer una oficina central con una activa red por correspondencia con el presidente electo Alberto Serrano, el secretario Stuart Whiteley, el tesorero Giovanni Boria y los presidentes de comité. Dado que Montreal será la sede del XI Congreso, he estado implicada en el establecimiento de pautas juntamente con Alan Surkis, presidente del comité canadiense, y Alberto Serrano, presidente del comité de programa [...] Otro vínculo de consulta importante ha quedado establecido con John Salvendy, editor del Newsletter y del equipo editorial en Montreal. La doctora Grete Leutz me ha mantenido fiablemente en contacto con los asuntos que quedan por resolver del Congreso de Amsterdam y de la asociación".

Obviamente, de esta activa red por correspondencia quedaban excluidos los dos vicepresidentes y los tres consejeros de la ejecutiva, en tanto que el contacto con los presidentes de comité que quedaron fuera del ámbito inmediato de Montreal era muy escaso.

En la reunión de septiembre de 1991 en Lisboa, la directiva discutió a fondo las propuestas del comité de gobierno, especialmente la de reducir el número de ejecutivos, y la referida a la introducción de una asamblea de presidentes de organizaciones afiliadas, la ACOA, estructura ésta que serviría para descentralizar la AIPG y ampliar y estimular sus sectores locales. Esta asamblea se reuniría con la ejecutiva cada tres años (coincidiendo con los congresos) y formaría una red con un presidente elegido por ellos. A propuesta del comité de gobierno se aprobó asimismo una moción para establecer el rol de «Parlamentario o Consultor Senior» como asistente a la presidencia en las reuniones de la directiva. Por unanimidad fue elegido para este cargo el presidente del comité de estatutos, Raymond Battegay. Al difundir esta información a todos los miembros a través del Forum, Cramer Azima advertía que quería

"recalcar que la ejecutiva y la directiva están en un proceso de cuidadosa revisión de la estructura y administración de nuestra asociación. No se hará ningún cambio constitucional sin una cuidadosa adhesión a nuestros estatutos y la consideración de estas propuestas en la Asamblea General de Montreal en agosto de 1992".61

Donde mejor quedan reflejados los propósitos del comité de gobierno es en el informe que se somete a la última reunión de la junta directiva en Montreal el 24 de agosto de 1992. Dice así:

"El comité de gobierno recibió el mandato de revisar, evaluar y proponer soluciones para el funcionamiento y la administración global de la organización. Como punto de partida, los miembros del comité Jay Fidler, Otto F. Kernberg, Isaiah Zimmerman y yo misma redactamos unos documentos de trabajo".

Resumiendo este proceso de tres años, las mociones elevadas por el comité y aprobadas por la junta son:

1 La incorporación de una Asamblea de Presidentes de Organizaciones, la cual servirá como una corporación consultora, sin voto. Se espera que esta innovación descentralizadora vigorice a los afiliados locales, aumente el número de sus miembros y provea un vehículo para implicar a miembros individuales y corporativos proporcionándoles una voz responsable en la organización. La primera asamblea se celebrará el martes 5 de septiembre.

2 La nominación de una lista de dos candidatos al cargo de presidente electo fue aprobada por la junta en febrero de 1992. Como addendum a esta moción también se aprobó que la persona que consiguiera menos votos ocuparía el cargo de vicepresidente primero, y se enviaron por correo las correspondientes papeletas a todos los miembros individuales y corporativos que estaban al corriente de pago para la ratificación de la lista de miembros de la ejecutiva y de la junta directiva...

3 Una moción proponiendo la disminución del número de directivos que constituyen el consejo ejecutivo fue asimismo aprobada por la junta, pero la introducción de este cambio tendrá que ser puesto en práctica por la próxima administración. El actual consejo ejecutivo, es decir presidente, presidente electo, secretario, tesorero, dos vicepresidentes y los consejeros ejecutivos se mantendrá durante el período 1992-1995.

4 La aprobación por la junta de la revisión de la Constitución ha sido ya iniciada. Quiero aprovechar la oportunidad para agradecer sinceramente a los miembros de mi comité que hayan trabajado tan diligentemente. Pienso que la creación del comité de gobierno proporciona a la organización un método democrático de revisión de cambios que debe continuar en la próxima administración.

  • Miembros del comité: Jay Fidler, Earl Hopper, Otto Kernberg, Nuno Ribeiro, Alberto Serrano, Stuart Whiteley y Isaiah Zimmerman. Firmado: Fern Cramer Azima, Presidenta.

En la asamblea de miembros del día siguiente la presidenta saliente anunció que la junta había decidido limitar su composición a 30 miembros, y que se había mostrado asimismo de acuerdo en que el comité ejecutivo quedara reducido a un grupo operativo constituido por el presidente, el presidente electo, el presidente anterior, el tesorero y el secretario. Estas mociones requerían la aprobación de toda la asamblea de miembros y una enmienda de estatutos, y no entrarían en vigor hasta 1995-1998.

No sé hasta qué punto si la moción de una doble candidatura a presidente electo aprobada en la reunión de Nueva York de febrero de 1992, partió efectivamente del comité de gobierno, o más bien fue consecuencia de que uno de sus miembros, Earl Hopper, dimitió de su cargo de presidente del comité de nominaciones, y presentó su candidatura a presidente electo para el período 1992-1995, y Mónica Zuretti, otro miembro de este comité, igualmente dimitió y optó presentarse al mismo cargo. Esta situación, que carece de precedentes en ninguna otra organización profesional, forzaba a invalidar ambas candidaturas o bien a proceder a una elección salomónica entre las dos. Estoy convencido de que del acierto o desacierto de la solución a que se llegó depende el futuro desarrollo organizativo de la AIPG. Dada la importancia del caso, y en cuanto a historiador, intentaré reconstruir aquí los hechos en la medida que mi memoria y los documentos de que dispongo me lo permiten.

Al parecer, la idea de Hopper de dimitir del comité de nominaciones y presentarse como candidato surgió durante el II Congreso Argentino de Psicología y Psicoterapia de Grupo (Buenos Aires, 5- 8 de junio de 1991). Con fecha del 18 de julio recibimos de Earl Hopper una carta pidiéndonos sugerencias de directivos y cargos para la lista de nominaciones del período 1992-1995, cuyo primer borrador estaba preparando. El 20 de agosto, Earl Hopper envía desde Londres a los miembros de su comité con copia a Fern Cramer Azima y Alberto Serrano el siguiente comunicado:

"He recibido cierto número de cartas y de llamadas de teléfono sugiriendo nominaciones posibles para la junta directiva y para cargos [ejecutivos]. Son muchos los que aquí y en el extranjero me han animado a que proponga mi propio nombre como presidente electo. Me lo he pensado mucho y he decidido hacerlo. Debo pues, por tanto, dimitir como presidente del comité de nominaciones y, en consecuencia, le estoy escribiendo a Fern Cramer Azima. Muchísimas gracias por toda tu ayuda como miembro del comité. Pasaré todas las sugerencias llegadas hasta hoy al nuevo presidente".62

Con la misma fecha, dirige una circular más larga a los presidentes anteriores de la AIPG, asimismo con copia al presidente y presidente electo. Esta carta, donde vuelve a comunicar su decisión, es algo más extensa. Dice haber llegado a ella después de consultar con colegas en puestos de responsabilidad en Londres, Estados Unidos y otras partes, y argumenta que si la ha tomado, aparte de ambiciones personales, es por varias razones:

"Ha llegado el turno de que alguien pueda representar a Europa como un todo, a la vez geográficamente y profesionalmente. Como estadounidense que ha vivido en Inglaterra durante treinta años, siento una afinidad por las aspiraciones e identificaciones europeas. Inglaterra está llamada a jugar un papel especial en el renacimiento de Europa. A pesar de encontrarse en la periferia en algunos aspectos, Inglaterra es un lugar seguro y ofrece una atmósfera de neutralidad al mismo tiempo que de compromiso. De no ser que nuevos desarrollos tales como EGATIN y EATGA sean contenidos dentro de la AIPG, ésta quedará mermada de contenido"...

Su lista de méritos continúa en este tono para terminar, después de informar de su dimisión, con este párrafo:

"Sé que estos asuntos exigen reflexión y reelaboración. Soy consciente de que hay otros candidatos adecuados para este cargo. Estoy dispuesto a trabajar con ellos y para ellos. Me gustaría discutirlo personalmente contigo en los próximos meses, y espero contar con tu apoyo".63

En una carta del 23 de agosto de 1991 en la que informa a la presidenta de la AIPG de su candidatura y su dimisión, así como de la correspondencia con los miembros del comité de nominaciones y presidentes anteriores, incluye un párrafo que no figura en estas correspondencias y donde se encuentra a mi entender la clave del misterio:

"He recibido un fax de Mónica Zuretti, en que me dice que espera llegar a ser la vicepresidenta y que por tanto ha dimitido del comité de nominaciones. Te pasaré la correspondencia recibida por el comité de nominaciones cuando nos veamos en Lisboa".

Este tema no se tocó en la ejecutiva de Lisboa en la que estuve presente. No sé si Hopper lo trataría en el comité de gobierno del que era miembro y del que fui excluido, pero si lo hizo, no consta en acta. Ni en mis conversaciones privadas con él sobre el asunto de las nominaciones, ni en mis contactos sociales con Mónica Zuretti y Janine Puget donde también se tocó este tema, se hizo referencia alguna a las dimisiones de Hopper y Zuretti. Asumo que entre ellos sí lo discutirían y, sin duda, aprovecharían la ocasión que les brindaba la reunión para hacerlo igualmente en privado con los miembros del ejecutivo y presidentes anteriores, a quienes habían informado previamente.

La primera noticia del asunto la tuve el 8 de noviembre de 1991 por la copia de la carta que Janine Puget envió a todos los miembros del directorio, para renovar ante la nueva presidenta del comité de nominaciones, Raquel Berman, la propuesta de Mónica Zuretti como presidente electo de la AIPG, propuesta que el 2 de julio de 1991 ya había presentado al entonces presidente del citado comité.

Ante mi sorpresa, lo comenté con Al Serrano, quien el 10 de diciembre de 1991 me escribía al respecto que

"[la cuestión del] comité de nominaciones ha venido precipitada por el hecho de que su presidente [Earl Hopper], y un miembro [Mónica Zuretti] han sido propuestos como presidente electo. En todas las organizaciones que yo conozco, los miembros del comité de nominaciones no son elegibles para cargos. Con su dimisión del comité y la reorganización de éste bajo la presidencia de Rachel Berman esperamos corregir esta anomalía".

Tampoco me comunicó nada Rachel Berman, que desde el 1 de octubre ya había asumido esta responsabilidad y con quien en aquel entonces, por presidir el comité de organizaciones, mantenía frecuente correspondencia con relación a la solicitud de la Lifwynn Foundation como miembro corporativo que yo refrendaba. He de confesar que yo debí de ser uno de los pocos en no enterarme de lo que en el encuentro de Lisboa ya era un secreto a voces. No me sirve de excusa que el grado de incomunicación de la política de un núcleo central y una periferia en la ejecutiva llegara al extremo de que en el comité de gobierno se propusiera denominar la parte nuclear como «comité ejecutivo» y al conjunto de cargos elegidos como «consejo ejecutivo», el hecho es que no estuve a la altura de la responsabilidad que me habían confiado quienes me eligieron. Es cierto que denuncié esta política, pero no lo hice con suficiente fuerza ni a su debido tiempo y de acuerdo con los caminos que marcan los estatutos. A mediados de febrero de 1991, cuando intuía que estaba a punto de celebrarse la reunión en Estados Unidos coincidente con la Conferencia Anual de la AGPA, le escribí a Al Serrano, el enlace que había escogido para mantenerme en contacto con el ejecutivo, quejándome en estos términos:

"Me deja perplejo comprobar que en fechas tan avanzadas todavía no haya recibido de la oficina de la presidenta o del secretario la «agenda» para la reunión de San Antonio. Es posible que haya sido cancelada o que dentro de unos días la reciba por correo ordinario conjuntamente con la exigencia urgente de enviar por fax mi informe como presidente del comité coordinador del Grupo de Estudios en Grupo Análisis. De lo único que tengo que informar es de haber circulado entre los posibles miembros de esta red de estudios de la AIPG una carta de introducción a The Lifwynn Correspondence, un informe acerca de la conferencia en Bailey Farms sobre adicción [...]

Estoy seriamente preocupado por la falta de comunicación entre los miembros del ejecutivo. Aún espero que me lleguen las actas de Budapest, para mí esto es sintomático. En una situación mundial tal como en la que nos encontramos [la guerra del Golfo] me parece importante que «un grupo de expertos» como nosotros hagamos algo al respecto. Agradecería que la oficina del presidente circulara entre nosotros los números de fax de todos los miembros del ejecutivo y la de los directivos si están disponibles, estaría bien si los costos por el uso de tales medios de comunicación fueran asumidos por la Tesorería".64

En vista de que no recibí respuesta alguna ni tampoco los materiales reclamados, escribí en este mismo sentido, si cabe en tonos más duros, directamente a la presidenta el 6 de marzo de 1991.65 Con ello logré por fin que me enviaran los materiales, incluidos los informes del comité de gobierno que se empezaron a discutir en la reunión de Budapest, pero no conseguí mejorar las comunicaciones. Por toda respuesta se me decía:

"He comprobado cuidadosamente con mi oficina y la de Stuart Whiteley y ambas me confirman que toda la información respecto al ejecutivo, la junta y el comité de gobierno te ha sido enviada al igual que a todo al mundo. Parece ser que eres el único en quejarse. Ni yo, ni Stuart hemos recibido propuestas para la agenda de la junta, ni comentarios a los informes del comité. Es comprensible que cada miembro tenga sus prioridades respecto a los encuentros a los que prefiere acudir. Como tú mismo haces notar, no has asistido a ninguno de los últimos tres encuentros".66

Es posible que tenga razón y que de haber asistido a estas reuniones -y en especial a las del comité de gobierno- y haber expresado allí mi opinión, las cosas hubieran sido distintas. Lo que no sé es si yo lo hubiera aguantado.

La «anomalía» del comité de nominaciones mencionada por Al Serrano, efectivamente acabó por corregirse en Nueva York en febrero de 1992. Si el remedio fue peor que la enfermedad o el precio que se ha tenido que pagar para impulsar los cambios preconizados por el comité de gobierno queda justificado, es cuestión que sólo la historia en un futuro lejano puede dirimir. De todos modos, el remedio no fue fácil. Berman y Leutz sustituyeron respectivamente a Hopper y Zuretti en el nuevo comité de nominaciones. Durante la mañana del primer día de reunión de Nueva York, estudiaron personalmente los informes, correspondencia y otros materiales legados y debatidos por carta, fax y teléfono,. En la presentación de su informe a la junta, Berman empezó por señalar que la primera decisión a tomar era si en la lista deberían figurar uno o dos candidatos a presidente electo y, luego, cómo esto debería ser presentado y a quién para la votación. Recalcó la importancia de ser cautos en la introducción de cambios radicales. En la discusión que siguió se puso en duda hasta qué punto los miembros en general conocían a los candidatos y, por tanto, si estaban capacitados para emitir un voto informado, en contraposición al deseo manifiesto de moverse hacia una participación más democrática en el gobierno de la AIPG. Pareció llegarse al consenso de que por el momento sería preferible una lista con dos candidatos. La cuestión, sin embargo, era si este voto quedaba restringido a la junta directiva y presentado para su ratificación a la asamblea o bien se procedía directamente a la votación por correspondencia de todos los miembros, lo que implicaba un esfuerzo considerable. Se consideró que se necesitaba más tiempo para pensar y dirimir esta cuestión y se decidió continuar la discusión el día siguiente, y así se hizo una vez que el comité de nominaciones presentara su propuesta por escrito. En la sesión del segundo día, se produjo una discusión considerable respecto al procedimiento a adoptar para la nominación del presidente electo. A la alternativa inicial de una lista de una o dos personas, se añadió una tercera opción de copresidencia sugerida por Battegay, la cual se desechó ya que requería una decisión de la Asamblea General de Miembros. La votación directa de todos los miembros propuesta en la reunión de la ejecutiva a fin de conseguir una mayor implicación democrática de éstos, planteaba la cuestión de si el derecho a sufragio quedaba reservado a quienes pagaban una «cuota completa» o era extensible a los de «cuota reducida». Se optó por lo segundo. Por fin, Alberto Serrano manifestó su opinión de que había llegado el momento de abrirse a una mayor participación de los miembros en la gestión de la AIPG y expresó su deseo de que, tal como había sugerido previamente, el candidato que no ganara las elecciones fuera nombrado vicepresidente. La moción se formulaba en los siguientes términos: «Esta Junta aprueba una lista de dos personas para el cargo de presidente electo.» Fue aprobada con 11 votos a favor, 0 en contra, y 5 abstenciones. Naturalmente, los candidatos quedaron excluidos de esta votación.

En esta misma reunión se aprobaron también las siguientes propuestas del comité de gobierno:

a) que la ejecutiva quedara reducida a cinco miembros: presidente, presidente electo, presidente anterior, secretario y tesorero,

b) que la Asamblea Consultora de Organizaciones Afiliadas se reuniera cada tres años con la ejecutiva y se constituyera como una asamblea sin derecho a voto que iría evolucionando hacia una corporación para sugerir nombres para la directiva, y

c) que, a pesar de que el Código Suizo exige que el tesorero y secretario sean cargos elegidos, se entendía que el presidente electo tendría prioridad en nominar los candidatos a estos cargos para el período de su administración. Curiosamente, el primer presidente electo en beneficiarse de esta última medida excepcional fue el propio Earl Hopper, el primero asimismo en adoptar en su mandato la estructura presidencialista actualmente en vigor.

Se dice que la democracia es el menos malo de los sistemas de gobierno, aunque sabemos que al calificativo de democrático pueden atribuírsele muchos y variados sentidos. No es éste el lugar para juzgar, pero diría que la introducción de un comité de gobierno, que ha quedado ya instituido permanentemente en la AIPG; por lo menos ha generado una legislación para el comité de nominaciones y ha cambiado radicalmente la estructura de gobierno de la organización. Si esto facilitará alcanzar los objetivos de la asociación o no, depende de cuáles sean éstos. Para mí, en aquel entonces, los objetivos que figuran en el artículo II de los estatutos originales como presupuesto básico me resultaban -igual que ahora mismo-suficientemente buenos y estimulantes. Fue este objetivo, que viene formulado en términos de «respeto mutuo en la comunicación entre representantes de diferentes teorías y prácticas», el que yo intenté facilitar con el desarrollo del Grupo de Estudios en Grupo Análisis que había quedado establecido bajo el mandato de Grete Leutz.

Desde la toma de posesión de Cramer Azima como presidenta comprendí que me sería difícil compartir el concepto de gestión de la AIPG que ella llevaba en mente y participar en el tipo de administración a que conducía. El tono del primer memorando del 12 de diciembre de 1989 convocando a la ejecutiva a la reunión de Boston e instándonos con la mayor urgencia a aprobar o desaprobar ciertas decisiones de la presidencia, así como el silencio administrativo que siguió a mi respuesta inmediata, me confirmó que la comunicación no iba a ser fácil. Tanto es así que opté por utilizar como enlace con la ejecutiva al presidente electo Alberto Serrano, que además de presidir el comité de programa era buen amigo mío y con quien me podía comunicar en castellano. Justo antes de la reunión de Boston el 6 de febrero de 1990, le informaba de mi plan de trabajo cara al Congreso de Montreal. Le decía que uno de mis propósitos, que esperaba que él pudiera compartir, era potenciar el desarrollo del área de lenguas de origen latino dentro de la AIPG, recalcando que «si esto no lo conseguimos con una ejecutiva donde un 60% de miembros son latinos, no lo conseguiremos nunca.» Bien, no sé hasta qué punto este objetivo fue alcanzado. Por lo menos se consiguió que el siguiente congreso se celebrara en Buenos Aires, claro que no fue precisamente debido a mis esfuerzos. Mis otros dos objetivos prioritarios, le decía, serán consolidar los frentes abiertos durante el período anterior, es decir: el de Plexus Editor(e)s, la red de editores de revistas de grupo, y el Grupo de Estudios en Grupo Análisis, una red de personas y colectivos interesados en grupoanálisis, cuyo comité de organización Cramer Azima me había asignado dirigir.

Clínica y Análisis Grupal, órgano oficial de expresión de SEGPA, una sociedad de grupo española que yo presidía, fue la primera revista en adherirse al esquema de Plexus Editor(e)s y en dedicarle una sección en sus páginas. El primer grupo que se había interesado en el Grupo de Estudios en Grupo Análisis fue The Lifwynn Foundation, con cuya entonces secretaria Alfreda Galt inicié una intensa correspondencia, que cristalizaría en el lanzamiento por su parte de The Lifwynn Correspondence y, más tarde, en la incorporación de la Lifwynn Foundation a la AIPG como organización miembro. Conocer el pensamiento de Trigant Burrow, fundador del grupoanálisis, y comprobar cómo se traducía en la realidad de la práctica del grupo por él fundado en 1927, fue para mí una de las experiencias más alentadoras. Por aquel entonces, del grupo fundador tan sólo quedaba su nonagenario presidente, Hans Syz, y Alfreda Galt que, si bien entrada en los setenta, trabajaba con una energía y una lucidez admirables. Desde hacia años, ambos eran bien conscientes de que la fundación terminaría cuando quienes habían colaborado con Burrow dejaran de ser capaces de continuarla. A pesar de las dificultades financieras en que se encontraba la fundación, a mediados de 1989 decidieron inyectar sangre nueva. A tal fin contrataron un nuevo director de investigación, con el que esperaban expandir y renovar el diálogo que habían mantenido con la extensa red de correspondientes a lo largo de los últimos cuarenta años, y buscar un formato de conferencias de investigación del yo social enfocadas a cuestiones actuales de salud pública. Compartir con los colegas de la fundación mi experiencia con GAIPAC, el movimiento grupoanalítico europeo y el establecimiento del Grupo de Estudios en Grupo Análisis en la AIPG, les animó a lanzar la mencionada Lifwynn Correspondence, cuyo primer número salió a la luz en la primavera de 1990. Por otra parte, en octubre de aquel mismo año se celebró el primer laboratorio residencial en investigación del yo social, que giró alrededor del tema de la adicción en el sentido más amplio, y al cual fui invitado a participar. Ésta fue una de las experiencias más revulsivas en mi vida profesional. No sólo me permitió entender desde dentro el pensamiento de Trigant Burrow, sino que me obligó a repensar mi concepción grupoanalítica en general. En consonancia con el tema general del Congreso de Montreal, «Amor y Odio. Resolviendo conflicto en grupos, familias y naciones», esta experiencia me llevó a proponer con Max Rosenbaum (miembro del consejo asesor de la Lifwynn Foundation) y tres de los cargos de su directiva, el panel titulado «Más allá de la dicotomía: La orientación de Trigant Burrow».67 Por otra parte, me hizo comprender que la oposición con que me había topado en la AIPG para establecer como sección el Grupo de Estudios en Grupo Análisis, no era en absoluto debida a factores coyunturales o relacionada con las actitudes de las personas de la ejecutiva o la directiva, sino que se trataba de un conflicto ideológico resultado de la neurosis social en que vivimos. Esta toma de conciencia me llevó a dedicar mis mayores esfuerzos a elaborar un extenso informe68 de ocho páginas como director del comité permanente del Grupo de Estudios en Grupo Análisis para la junta directiva reunida en Lisboa en septiembre de 1991. Este informe incluía una revisión histórica de la constitución del comité, el significado institucional del concepto de grupo de estudios como alternativa al de secciones que contempla el artículo X de los estatutos y, finalmente, proyectos y propuestas para la organización de tal comité y filosofía y programa de actividades a desarrollar. Distribuí el documento entre cargos ejecutivos y directivos de la junta previamente a la reunión y tuve oportunidad de discutirlo personalmente con Al Serrano, quien pasó por Barcelona en su ida a Lisboa. Empecé allí mi presentación comprobando que todos los miembros habían recibido mi informe y rogando a quienes lo habían leído que me dieran su opinión y comentarios. Expliqué que mi objetivo era doble: dejar constancia para unos futuros archivos del proceso seguido para su aprobación y mostrar las dificultades que se habían tenido que superar para establecer el «nuevo concepto» de grupo de estudios. Durante la reunión de Lisboa hubo ocasión para mantener la reunión asamblearia del comité que había solicitado y concretar detalles respecto al ya mencionado symposium con la Lifwynn Foundation en Montreal y la afiliación de esta organización a la AIPG. La única respuesta por escrito que recibí al informe circulado fue la de Jay W. Fidler quien, por no haber podido acudir a Lisboa, me la enviaba por carta. Fidler ha sido sin duda el principal oponente a mi propuesta de crear una sección en la AIPG, pero también el más noble de todos, ya que siempre lo hizo abiertamente y cara a cara expresando las razones por las cuales se oponía. De los motivos ideológicos que nos separaban da idea su carta del 13 de octubre que por su importancia traduzco in toto:

"Querido Juan:

Como bien sabes, no estuve en Lisboa. Ciertamente me perdí algo importante. ¿Vendrás tú a Nueva York en febrero?

  • Mi retraso en responder a tu correspondencia respecto al Grupo de Estudios en Grupo Análisis está basado en parte en mi desconcierto respecto a las formaciones grupales en la sociedad en general. Miro al Este de Europa y me doy cuenta de que cada gran nación parece estar rompiéndose en pequeñas naciones étnicas. Éstas, en el peor de los casos, como en Yugoslavia, luchan, o abusan la una de la otra como en Armenia. Esto plantea la cuestión de si no estará sucediendo lo mismo en nuestra profesión de grupoterapeutas.

    Veo en esto dos extremos. La gente de Análisis Transaccional de Eric Berne ha desarrollado su propia organización internacional y en tanto que grupo no se ha afiliado a la AIPG. A pesar de esto, algunos de sus miembros lo han hecho.

    Por otro lado, la AGPA se nos ha unido como organización, pero ha mantenido a sus miembros individuales en un intento de crear un Grupo de Estudios en Psicoterapia Grupal Dinámica. De hecho, los de análisis transaccional se han mantenido separados. Los estadounidenses sencillamente se unieron.

    Tu conflicto parece estar relacionado con que tú te has unido y ahora intentas formar tu organización separada dentro de la organización huésped, por tanto me pregunto si tú cuentas ya con una organización separada que pudiera unirse a la AIPG o ir por su propio camino como hizo el grupo de Berne. De existir una tal organización (y la Lifwynn afirma ser una) entonces, ¿por qué no solicitar la admisión como organización? La Group Analitic Society (London) parece haber llegado a un acuerdo con la AIPG sin necesidad de constituir un tal grupo.

    Durante el Congreso de México parecía que los psicodramatistas (que fueron de hecho quienes iniciaron los congresos internacionales) sugirieron un subgrupo tal como tú propones. Tanto Zerka Moreno como yo los disuadimos de hacerlo por considerarlo divisivo.

    Mi preferencia personal es la de mantener la AIPG `no denominacional' y con mínimas subdivisiones. Esto todavía da lugar a symposiums separados en los congresos. Tú podrías, al igual que la AGPA, mantener allí un puesto de exposición sin necesidad de crear una subdivisión.

    Espero que seamos capaces de hacer una labor de agrupamiento y subagrupamiento mejor de la que se está haciendo en los países del Este europeo.

    Esperando verte en Nueva York o ciertamente en Montreal, con mis mejores deseos,

    Firmado: Jay W. Fidler."69

Efectivamente yo fui a Nueva York en febrero para asegurar la aprobación de la solicitud de la Lifwynn Foundation como miembro corporativo de la AIPG, que Max Rosenbaum y yo mismo patrocinábamos. Nuestro motivo era conseguir que la pionera de las organizaciones de grupo -fundada en 1927- se adhiriera a nuestra asociación, por más que no se tratara de una asociación de psicoterapeutas grupales de individuos. La satisfacción que sentí cuando la junta aceptó por aclamación a la Lifwynn Foundation como organización miembro de la AIPG, es sólo comparable al desencanto que experimenté años después cuando esta organización se vio obligada a perder su afiliación al no poder afrontar el monto de sus cuotas.

Así como la Conferencia sobre Adicción de la Lifwynn Foundation impidió que asistiera a la única reunión europea que me he perdido en todos mis años de servicio en la directiva de la AIPG, la tramitación de la solicitud de admisión como miembro de esta organización hizo que por primera vez en los más de treinta años que llevaba como socio de la AGPA acudiera a una de sus conferencias anuales, que casualmente coincidía con las bodas de oro de su fundación. La AGPA decidió convertirse en «sociedad acreditativa» (es decir, una organización que responde de la cualificación de sus miembros e indirectamente de las instituciones que impartían formación en psicoterapia de grupo) y prescindir de la afiliación de asociaciones extranjeras que había mantenido desde los años cincuenta. Con gran sorpresa mía descubrí que la AIPG era una de sus asociaciones afiliadas. Movido por esta incoherencia, escribí una nota para el Forum sobre «asociacionismo profesional» que entregué en mano a John Salvendy, su editor, en el curso de una de las prolongadas sesiones de junta. Curiosamente, este trabajo se perdió o fue sencillamente censurado, pero aquí lo menciono para que no se olvide que incluso en las organizaciones más democráticas consciente o inconscientemente existe la censura. Mi trabajo «On the way to the Forum» que escribiría después con más detalle tampoco fue publicado.

De esta manera llegamos al XI Congreso de Montreal. Allí mantuvimos con gran asistencia de público el Symposium sobre Trigant Burrow, organicé en la librería del congreso una exhibición de libros 70 y colecciones de artículos de éste, y al día siguiente una sesión administrativa del Grupo de Estudio en Grupo Análisis a la que asistieron veinte miembros, en representación de grupos de estudio en grupoanálisis de ocho países. Se decidió tomar como tema de estudio hasta el Congreso de Buenos Aires la cuestión de la relevancia actual del pensamiento de Trigant Burrow y colaborar en la difusión del cuestionario del proyecto de investigación del Laboratorio de Grupo Análisis de Palermo sobre la identidad del grupoanalista.

He dicho ya y repito que los sucesos que se produjeron durante el mandato de Cramer Azima no son en absoluto ajenos a la situación que atravesaba el mundo en aquel entonces. De hecho, este período empieza con el desencanto que sigue a la caída del muro de Berlín y la unificación de los dos bloques, y con la guerra del Golfo y termina en medio de las guerras étnicas entre las repúblicas yugoslavas como señalaba ya Fidler. No es de extrañar, pues, que el modo de resolver conflictos a todos los niveles fuera el tema general del congreso, que la conferencia con la que se abrió la sesión plenaria del último día se confiara a Su Excelencia el Sr. I. Yves Fortier, ex embajador del Canadá en la ONU y que el tema escogido fuera «Resolución de Conflicto a Nivel Internacional». Lo que resulta chocante es que, cuando en la discusión de esta presentación, Eduard Klain, un veterano de nuestros congresos y de la guerra en los Balcanes, se acercaba al micrófono para hacer uso de la palabra que había solicitado, desde la presidencia se le detuvo con el argumento de que se había terminado el tiempo para la discusión. Éstas son cosas que sencillamente pasan y no se entera nadie. Algo similar sucedió en Amsterdam cuando en la euforia de la despedida nos olvidamos de que aquel día era el aniversario del inicio de la segunda guerra mundial.

De nuevo quisiera terminar este capítulo con otra anécdota que demuestra que el «inconsciente social» puede ser operativamente tanto o más poderoso que el personal. Resulta que yo figuraba en la lista de candidatos a directivos para el período 1992-1995 aprobada en Nueva York, pero en la que se envió a los miembros para su ratificación no figuraba mi nombre. Ante el serio perjuicio que mi exclusión de la junta podía implicar para el Grupo de Estudios en Grupo Análisis, de cuyo comité yo era el único representante, telefoneé de inmediato a la presidenta Cramer Azima y envié un fax notificando la anomalía a la presidenta del comité de nominaciones, Rachel Berman, quien al poco me respondió en estos términos:

"No me encontraba en México entre el 27 y el 29. Como no dispongo de máquina en casa, no me enteré de tu fax hasta el lunes día 1. Cuando Fern me llamó el domingo día 30, mencionando un error tipográfico en la lista que te omitía, simplemente no sabía de lo que me estaba hablando. Hay dos razones para mi ignorancia de todo este asunto: 1) que la lista todavía no ha llegado a México y 2) que no viera tu fax hasta el lunes día 1.

Fern me informó de que la omisión de tu nombre es un error y que tomarán las medidas necesarias para repararlo. Espero que tú ya te hayas puesto en contacto con ella. Sinceramente, Rachel Berman, presidenta del comité de nominaciones".

Curiosamente, cuando al final de la Asamblea General de Miembros en el Congreso de Montreal el nuevo presidente leyó la lista de los miembros de la nueva junta directiva, de nuevo omitió mi nombre. Está visto que hay «errores tipográficos» difíciles de enmendar. Tal error no se vio reparado en letras de molde hasta la publicación del primer número del Forum durante el mandato del presidente Serrano,71 cuya edición fue asumida por Fern Cramer Azima tras la dimisión de John Salvendy después del Congreso de Montreal.

En resumen, bajo el lema «Los grupos en el umbral del nuevo siglo», con Mónica Zuretti como abanderada y capitaneados por otro argentino de origen, Al Serrano, zarpamos para Buenos Aires donde el comité organizador de Janine Puget se preocuparía de asegurarnos la arribada.

 

 

f) XII Congreso Internacional (Buenos Aires de 1995). Presidente Alberto Serrano.

A mediados de agosto, ya antes de llegar a Montreal, Alberto Serrano me envió una breve nota en la que me decía que estaba deseoso de trabajar conmigo desde su nuevo rol y que esperaba que le hiciera saber cuanto antes qué nuevas áreas de interés me gustaría desarrollar con la AIPG durante su administración. Me anunciaba que Fern Cramer pasaría a ser la nueva editora del Forum, y me invitaba a enviar noticias regularmente a fin de mantener bien informada nuestra red internacional. Durante el congreso apenas tuvimos ocasión de comentar proyectos, pero al despedirme le entregué en mano el informe sobre las actividades mantenidas allí por el Grupo de Estudios en Grupo Análisis. El 5 de octubre -esto es de forma casi inmediata- me enviaba desde Filadelfia una nota manuscrita en la que me felicitaba por el trabajo que él mismo se aseguraría de que se publicara en el Forum72. Obviamente, esto fue un respiro, y prometía que durante la «administración» de Serrano las cosas iban a ser distintas y la comunicación, más humanizada y más fluida. La reunión de invierno tal como estaba previsto tuvo lugar en San Diego coincidiendo con la de la AGPA, pero esta vez por lo menos precediendo a su instituto y conferencia. Al leer las actas de la citada reunión, a la que una vez más no pude acudir, me doy cuenta de que fue precisamente en aquella ocasión cuando por primera vez David Kipper sugirió formar una Sección de Psicodrama. De haber sido consciente de ello quizá no hubiera pedido cambiar la denominación de nuestro grupo a Sección de Grupo Análisis. El episodio es de tal interés que no puedo resistir la tentación de citarlo por completo. Figura entre los asuntos propuestos por los miembros y dice así:

"El Dr. Kipper difirió para su oportuno lugar la discusión de la política de publicaciones del Forum, y opinó acerca de la creciente insatisfacción de quienes practicaban el psicodrama con lo que a él le parecía una falta de representación de los mismos en las actividades de la AIPG, en principales presentaciones y en Junta. Sugirió formar una Sección de Psicodrama. Esto dio lugar a una discusión en la cual se recordó que en cierta ocasión se pensó que formar secciones de especial interés era divisivo. Sin embargo, J. Fidler [recordarán fue siempre el más vigoroso opositor al establecimiento de nuestra sección y precisamente con este argumento] ya no pensaba lo mismo. Boria recordó que la libertad para establecer secciones de especial interés quedaba refrendado en el artículo X de la Constitución en vigor. Cramer negó que el psicodrama estuviera poco representado en la junta, cuando de hecho el 30% estaba ocupado por psicodramatistas. Además, el mayor número de aportaciones para Montreal fueron de psicodrama, si bien muchas en forma de talleres que no de panel. El peligro está en que las secciones abrumen a una organización que aún no es suficientemente amplia para contenerlas. Alguien recordó que el Grupo de Estudios en Grupo Análisis llevaba ya cierto tiempo funcionando y no había producido división alguna. Kipper aclaró que el problema no era tanto el de la falta de representación como la necesidad de los psicodramatistas de contar con una organización internacional y que ellos deseaban montarla en el seno de la AIPG. De Inocencio trajo a colación la experiencia de la SEPTG donde la falta de una sección especial hizo que los psicodramatistas tuvieran que irse. Se debatió acerca del título de la asociación: Asociación Internacional de Terapias de Grupo, Asociación Internacional para las Terapias de Grupo, Asociación Internacional para los Terapeutas de Grupo... E. Hopper recalcó que la Group Analytic Society (London) en su proyección internacional no se había sentido representada por la AIPG y se había concentrado en la Federación Europea de Grupo Análisis. Se resolvió que los psicodramatistas trajeran una propuesta clara de su deseo de una sección especial a la siguiente Junta".

A quien no esté familiarizado con toda la política que a lo largo de los noventa se ha venido desarrollando con intención de conseguir que las psicoterapias clínicas adquirieran el estatus de profesión legalmente establecida, puede que se le escapen las connotaciones ideológicas subyacentes a este debate. En Estados Unidos estos cambios en el campo de la psicoterapia grupal son encabezados por el Plan Estratégico de la AGPA73 de febrero de 1991 que llevaría a la creación de un Registro Nacional de Psicoterapeutas de Grupo. La federación europea de grupoanálisis mencionada por Hopper, que yo sepa, todavía no existe como tal. A lo que seguramente se refiere es al «movimiento europeo grupoanalítico», nacido en el contexto de una asociación local, la Group Analytic Society (London), que en 1986 en el seno del Congreso de la AIPG inició EGATIN (European Group Analytic Training Institutions Network). Earl Hopper preveía que en la Asamblea General de Miembros de la Group Analytic Society, a celebrarse aquel agosto en Heidelberg, se decidiría fundar tal federación internacional.

Si el mandato de Fern Cramer Azima inspiró los cambios administrativos sugeridos por el comité de gobierno, la administración Serrano sería la que asumiría la tarea de enmendar la Constitución para hacer efectivos aquellos cambios. Desgraciadamente, el año empezó para la AIPG con una gran pérdida. Bernardo Blay Neto, uno de los pioneros de la asociación a la que pertenecía desde 1954 y vicepresidente segundo en la administración anterior, fue asesinado por un paciente. Este luctuoso suceso impregnaría las reuniones en San Diego. Se celebró una ceremonia conmemorativa, la junta acordó dedicarle el número siguiente de Forum y Fern Cramer Azima propuso que fuera nombrado Fellow de la asociación a título póstumo. Sin embargo, el dolor por la pérdida y el duelo no impidieron que la asociación siguiera funcionando. En la reunión de San Diego se estudió el detallado estado de cuentas y el informe final elaborados por GEM, la empresa cuyos servicios se habían contratado para la organización del Congreso de Montreal, congreso que se saldó sin pérdidas gracias al éxito de las gestiones de la presidenta Cramer Azima para conseguir subvenciones. En aquel entonces, la planificación del Congreso de Buenos Aires todavía estaba en sus inicios, por lo que no se pudieron dar detalles de rol y funciones de los comités de programa y de organización local ni de los talleres del precongreso. A diferencia de lo que había sucedido en los dos congresos anteriores, los organizadores del Congreso de Buenos Aires decidieron llevar la organización ellos mismos y el fantasma del contrato establecido con GEM y la Freie Universität Amsterdam, empresas de servicios especializadas en congresos, perseguiría a los argentinos de allí en adelante. Mónica Zuretti explicó que había invitado a representantes de varios países a formar parte de un comité de programa ampliado a fin de difundir el congreso a nivel internacional. Dejó sentado asimismo que los idiomas oficiales serían el español y el inglés.

La investigación que como grupo de estudios nos habíamos propuesto sobre la identidad del grupoanalista caía de lleno dentro de las investigaciones que yo venía haciendo sobre el desarrollo del grupoanálisis y su internacionalización, que el pensamiento de Trigant Burrow había iluminado significativamente. A primeros de abril de 1993, el Laboratorio de Grupo Análisis de Palermo y la COIRAG organizaron un seminario internacional sobre el tema de «Futuro y Creatividad: Grupo Análisis y Cambio»74 al cual yo contribuí con un trabajo titulado «El cambio en la organización grupoanalítica». En él presentaba desde un punto de vista genético-evolutivo los cambios organizativos que la Group-Analytic Society (London) intentaba implementar políticamente durante el IX Symposium Europeo de Grupo Análisis que se iba a celebrar en agosto en Heidelberg. El trabajo iba acompañado de una colección de artículos publicados en el viejo GAIPAC y encuadernados en su formato habitual con tapas amarillas. La mayoría de los participantes de la AIPG en Palermo, incluidos Earl Hopper y Malcolm Pines, éramos miembros del Grupo de Estudio en Grupo Análisis. En San Diego se decidió que la reunión europea se celebraría de forma previa al Symposium de Heidelberg. Para este symposium se había aplazado la segunda mitad de la Asamblea General de miembros de la Group-Analytic Society (London), cuyo principal tema del orden del día era decidir si definitivamente pasaba a ser una asociación internacional de pleno derecho no dependiente de una sociedad local y a tal fin enmendaba su Constitución y pasaba a denominarse simplemente Group-Analytic Society. A mitad del symposium se organizó un taller-pecera (fish bowl)75 sobre aspectos históricos de la sociedad que yo recogí en otro facsímil de GAIPAC (titulado «Group Análisis. Sus raíces y destino, ¡al modo de GAIPAC... por supuesto!»), juntamente con las constituciones de varias asociaciones grupales y trabajos relacionados con el tema que había publicado previamente en otros idiomas.

En esta atmósfera, se iniciaron las reuniones de la AIPG en Heidelberg. En el punto 8a de las actas de la reunión de junta del primer día por la mañana se lee:

"Formación de una Sección de Psicodrama. Se ha recibido una petición de acuerdo con los estatutos pidiendo la formación de una Sección de Psicodrama. El secretario señaló que no todos los firmantes eran miembros de la AIPG al corriente de pago, pero a pesar de ello había un número suficiente de los mismos para dar validez a la petición. Hubo un general consenso a la formación de la sección, ya que no había actualmente ninguna Asociación de Psicodrama internacional. G. Leutz informó a la junta de que del 16 al 18 de octubre habría en Estocolmo una reunión de psicodramatistas de la AIPG y que su

primera labor consistiría en determinar los requisitos para ser miembros de la sección. Siguió una discusión sobre el tema de las secciones en la que se pidió que fuera el comité de gobierno el que propusiera las condiciones para su creación y una estructura para su gestión. Se concluyó que la integración de las secciones significaba un proceso de trabajo y reflexión importante, pero que en principio se estaba de acuerdo con la propuesta de creación de la Sección de Psicodrama.

El Dr. Kipper elevó una moción para que se aprobara, de acuerdo con los artículos de la Constitución, el establecimiento de una Sección de Psicodrama. Ésta fue secundada por J. Campos. Hubo 20 votos a favor, 1 en contra y 3 abstenciones. La propuesta fue APROBADA".

El comité de gobierno presidido por Zimmerman y del que formaban parte Serrano, Cramer Azima, Hopper y Whiteley, elaboró por la tarde de aquel mismo día las condiciones que le había pedido la junta. Al día siguiente en un ínterin de la junta, los grupoanalistas miembros de la misma allí presentes, me sugirieron que elevara una moción para cambiar la denominación de Grupo de Estudio en Grupo Análisis a Group Analysis Section, moción que formalice tras comentar el informe que había previamente sometido sobre el plan de trabajo para el Congreso de Buenos Aires del Grupo de Estudio. Leo en las actas, que fue secundada por J. LeRoy y aprobada sin discusión inmediatamente antes de que el comité de gobierno expusiera las condiciones que sugería. Me parecía recordar -tal como explico en un trabajo-76 que fue el propio Kipper quien secundaba esta moción, devolviéndome el mismo gesto que yo había tenido con su propuesta del día anterior. En realidad él fue el primero en solicitar ser miembro de mi sección y yo de la suya. En principio las condiciones77 sugeridas por el comité de gobierno estaban totalmente de acuerdo con la idea de sección que yo había propuesto en la reunión europea de Amsterdam en 1987.

Los informes de los comités de programa y de organización fueron discutidos conjuntamente. En lo que concierne a las secciones, Hopper aconsejó que algunos de los actos se dirigieran a integrar los distintos enfoques tales como el grupoanálisis y el psicodrama, y que se estimulara la integración de las nuevas secciones en desarrollo.

En el curso de aquel Symposium de Grupo Análisis convoqué una asamblea de personas potencialmente interesadas en la sección de la que se levantó acta78 y cuyas decisiones quedan reflejadas en la Carta Circular Informativa Nº. 1 79 de la Sección de Grupo Análisis del 28 de septiembre dirigida a los miembros del antiguo Grupo de Estudios no presentes en Heidelberg.

Me excusé de asistir a las reuniones de invierno que, como de costumbre, se celebraron coincidiendo con la reunión anual de la AGPA a mediados de febrero, esta vez en Washington. En la reunión de junta directiva del día 15, Susana S. Bulrich y Alberto Serrano sometieron una propuesta para la creación de la Sección de Terapia Familiar, que la junta aceptó por unanimidad. Su aprobación fue propuesta por E. Hopper y secundada por F. Cramer Azima. Mi informe sobre la Sección de Grupo Análisis fue circulado en mi ausencia por M. Pines quien, además, informó de la reunión habida el día anterior sobre la estructura de la sección y donde se expresó el deseo de que ésta se mantuviera como una red comunicativa para intercambio analítico y no se estructurara como había sugerido la Sección de Psicodrama. Es interesante destacar que paralelamente al desarrollo de secciones, durante la administración Serrano se desarrolló la Asamblea Consultora de Organizaciones Afiliadas (ACOA), cuya coordinación había sido confiada a Sabar Rustomjee. Es decir, por una parte se ponían los medios para facilitar el diálogo entre las distintas orientaciones y por otra se creaba una estructura «democrática» que facilitara el diálogo entre las organizaciones afiliadas y la administración.

Para entonces en la andadura hacia el Congreso de Buenos Aires, hacía ya rato que se había cruzado el ecuador. Como de costumbre, Mónica Zuretti y Janine Puget informaron conjuntamente de las comisiones del congreso que presidían. Trajeron consigo un nuevo folleto en inglés y otros dos en francés y castellano, y comunicaron que la cota de matriculados al congreso había alcanzado ya los 240. Cuando la ejecutiva empezó a mostrar su ansiedad por la imprecisión de los términos financieros y las condiciones de pago formuladas hasta entonces por el comité organizador, los organizadores recordaron que en la propuesta por ellos sometida había una cláusula que había sido aceptada por la AIPG donde se especificaba que los beneficios que pudieran producirse se dividirían 50/50 entre la AIPG y las sociedades organizadoras (algunas de las cuales no eran miembros de la AIPG). Revisando los acuerdos al respecto en congresos previos, Pines afirmó que existía el precedente de compartir algunos beneficios durante el Congreso de Copenhague, pero Battegay defendió que todos los beneficios de Copenhague fueron a la AIPG y que previamente a ese congreso los miembros de la junta se habían comprometido por escrito a afrontar las pérdidas, en el caso de que las hubiera. Surkis, que había estado en el comité canadiense del congreso anterior, dijo que les hubiera gustado poder seguir esta política, pero que tuvieron que pagar una compensación de 5.000 dólares canadienses a la Canadian Group Psychotherapy Association, que ésta dejo de ingresar al cancelar su reunión anual a favor del Congreso de la AIPG. La cuestión de la responsabilidad por ganancias y pérdidas entre la AIPG y los organizadores se convirtió en el tema central de la reunión de Washington. Mónica Zuretti manifestó que si bien estaban de acuerdo en tratar de obtener los máximos beneficios, la prioridad debía estar en conseguir el éxito del congreso y defendió que alguna flexibilidad debía quedar para los organizadores locales. Zuretti reiteró que el conflicto de intereses e incomprensión existentes estaba obstaculizando el progreso y éste era un tópico de procesos grupales. El tesorero insistió en que debieran firmar un contrato y los organizadores accedieron a condición de que se les mandaran los contratos anteriores.80

No sé por qué, esta discusión me trae reminiscencias de la que se prolongó durante años entre la ejecutiva de la AIPG y los organizadores del Congreso de México. A mi juicio, la cuestión de la incomprensión tiene poco que ver con la barrera de las lenguas. La barrera entre hispanos y anglosajones para mí está en el lenguaje financiero que se habla en una u otra cultura, tema éste que es uno de los intocables.

La reunión de Santander, la más lujosa mantenida por la AIPG en el continente europeo, es sólo comparable a la celebrada en Cumberland Lodge, Windsor, Reino Unido, en la cual se aprobó como Grupo de Estudios la propuesta por mi encabezada de establecer una Sección de Grupo Análisis, posibilidad contemplada por la Constitución desde la fundación de la asociación. En Santander estaba previsto que quedaran establecidas las normas a regir en el gobierno de estas secciones de interés especial. Consciente de la situación y anticipando la oposición que se iba a desencadenar ante el concepto de sección que yo preconizaba, preparé un detallado informe en el que daba cuenta de la reunión mantenida por miembros de la sección en la Universidad del Sacro Cuore de Roma el 27 de mayo de 199481 y, de acuerdo con la agenda de la reunión de junta, elaboré un documento que cubría los siguientes tres puntos:

Punto 1.3 de la Agenda: Asuntos que surgen de las actas de la reunión en Washington.

Punto 1.9c de la Agenda: Asuntos propuestos por los miembros de la junta: Reglas y Normativas para las Secciones, y

Punto 2 de la Agenda: Informes y preguntas respecto al comité permanente de gobierno.

En el primero preguntaba cuál era la razón por la que oficialmente las actas utilizaran consistentemente «Sección Grupo-analítica» en vez de utilizar la denominación «Sección de Grupo Análisis» bajo la cual esta sección había sido aprobada por la junta en Heidelberg.

En el segundo -de acuerdo con las observaciones hechas por Zimmerman y Battegay en la reunión anterior en el sentido de que era urgente llegar a un conjunto de reglas para el gobierno de las secciones y que al mismo tiempo estas reglas debieran ser aplicadas a todas las secciones por igual y no llevar a una proliferación de las mismas- hacía una serie de comentarios respecto a las inconsistencias entre las formulaciones básicas propuestas por el comité de gobierno y las formulaciones concretas acerca del gobierno de las secciones que hacían. Insistía en que para ello no hacía falta modificación alguna a lo ya explícito respecto a secciones en el artículo X de la Constitución.

Finalmente, en el tercero, muy sencillamente preguntaba qué era lo que exactamente significaba el Punto b) del informe del comité de gobierno donde se decía: «Hay que evitar cualquier institucionalización de una orientación teórica o área de interés.»82

Mi informe iba acompañado de un gráfico sobre las relaciones entre las distintas agencias de gobierno en la AIPG. Vale aclarar que las propuestas que figuraban en este informe debían ser discutidas dentro de una apretada agenda en que, aparte de la cuestión del gobierno de las secciones, entre otros asuntos de capital importancia figuraban los de ultimar detalles y concretar asuntos pendientes del Congreso de Buenos Aires, elegir entre cuatro candidatas la sede del subsiguiente y decidir las reglas respecto a la rotación de directivos en la nominación de propuestas sometidas a la asamblea general de miembros para su elección o ratificación. No voy a dar cuenta aquí de las discusiones a que llevaron estos temas, pero sí haré mención de ellos en la medida en que incidan en el tema del gobierno de las secciones y en la medida en que conducían a la creación de la atmósfera a analizar en el think tank (comité asesor) acerca del futuro de la AIPG. Este comité asesor que conducía el entonces presidente electo Earl Hopper -y, por oficio, miembro de los comités de gobierno, de nominaciones y de sede del siguiente congreso- se encontró por espacio de tres horas el último día de la reunión de Santander bajo el lema de «El Espíritu de Santander» .

Visto en retrospectiva me doy cuenta de que tanto los informes previos del comité de gobierno como del de grupoanálisis, y las innumerables horas que ambos comités dedicaron en Santander a estudiar el problema, fueron totalmente inútiles dada la decisión a la que llegamos respecto a un pseudoproblema. La ansiedad de la junta directiva en lo que se refiere a estructura y función de las secciones se relacionaba con el miedo a que la promoción de éstas fomentara escisiones dentro de la AIPG. Para lo único que sirvió tanto esfuerzo fue para reconocer que la actual formulación del artículo X de los estatutos respecto al establecimiento de «secciones basadas en intereses especiales a fin de servir el propósito de la asociación y para asegurar su cooperación en la organización de congresos», bastan y sobran para prevenir tales escisiones. Así y todo, a fin de asegurar su integración en la AIPG, la directiva decidió proporcionar a las secciones un mentor especial. Grete Leutz, presidente anterior, fue designada para compartir la dirección de la Sección de Psicodrama con el promotor de la misma, David Kipper; Malcolm Pines, presidente anterior, a codirigir con Juan Campos la Sección Grupo-analítica, y Alberto Serrano, entonces presidente, a codirigir la Sección de Terapia de Familia con Susan Bulrich. Esta propuesta de compartir la dirección del comité de coordinación con Malcolm Pines de la Sección de Grupo Análisis, para nosotros resultaba particularmente aceptable, entre otras cosas por ser él ya miembro de la sección y colaborador y amigo mío desde finales de los cincuenta. Como es tradicional, previamente a la sesión de junta donde se llegó a estas decisiones, el comité coordinador de la Sección de Grupo Análisis, se reunió, por una parte, en asamblea con los miembros allí presentes y, por otra, con el comité coordinador de la Sección de Psicodrama.

El comité de sede del próximo congreso presentó en Santander el cuestionario al que habían sometido a los cuatro candidatos entre los que elegir en la siguiente reunión de junta en Atlanta y, dado el número de ofertas, recomendaron que los congresos se celebraran cada dos años en vez de cada tres, recomendación también a decidir en Atlanta. Por otra parte, en Santander, el comité de nominaciones presidido por Gerhard Rudnitzki empezó a elaborar la lista de candidatos para la elección de 1995 en la que figurarían el presidente electo, el tesorero y el secretario. Se decidió asimismo que el tercio de la actual junta que hubiera servido más de tres períodos (nueve años) se retirara y que lo mismo hicieran quienes por las razones que fuera no habían sido capaces de asistir a un mínimo de un congreso y dos reuniones de junta durante el último período de tres años. Alberto Serrano a quien debo estos datos, dice textualmente en la página presidencial del Forum de donde cito:

"Permitidme os recuerde que los cargos (presidente electo, secretario y tesorero) vienen nominados de entre los actuales miembros de la directiva, mientras que los candidatos a ésta lo son de entre los miembros en general. La tarea del comité de nominaciones terminará de preparar su lista antes del próximo encuentro de febrero del 1995. Los candidatos reflejarán la diversidad geográfica y de orientación teórica, al mismo tiempo que deberán haber demostrado su capacidad de liderazgo. Es más, se espera de ellos que, de acuerdo con el artículo VI de los Estatutos, se comprometan a participar por lo menos en uno de los dos encuentros anuales de la directiva y, como mínimo, en un congreso internacional. A la junta directiva le gustaría poder presentar ya una doble lista de candidatos a directivos en las próximas elecciones que tendrán lugar en la primavera de 1995 previamente al Congreso de Buenos Aires". 83

Para entonces la organización del Congreso de Buenos Aires estaba bien avanzada, el comité organizador presentó la programación diaria del congreso, la ubicación de las ponencias y una detallada lista de presentaciones. A pesar de no haber recibido copia de los contratos anteriores, 84 sometieron su esbozo de contrato.

El encuentro de Santander fue para mí una reunión trabajosa, pesada y agotadora, a pesar de lo prometedores que en apariencia fueron los resultados a los que se llegó respecto a la coordinación de secciones. Lo más creativo y animado de todo el encuentro fue la «discusión flotante» del think tank del último día por la tarde que había sido bautizada en agenda como «El Espíritu de Santander» y que se celebró cuando ya muchos de los participantes habían partido. Hay razones de sobra para que el tema de ésta se centrara en las futuras actividades de la junta directiva. A medida que iban surgiendo las ideas, el secretario Stuart Whiteley las iba anotando en un bloc-pizarra. No eran nada más que sugerencias que, que yo sepa, no han sido publicadas en lugar alguno.85 Durante la sesión, sin embargo, mis asociaciones libres iban en otra dirección. Aparte de las que comuniqué en voz alta, lo que no era posible compartir allí me lo reservé para el artículo titulado «Plus ultra», nombre del monoplano con el que cuatro militares españoles cruzaron el Atlántico Sur con Buenos Aires como destino final, un vuelo grupal que tuvo lugar en 1926, un año antes de que Charles Lindbergh emprendiera su famosa travesía en solitario de Nueva York a París a bordo del monoplano Spirit of Saint Louis. El artículo, al igual que su hermano «On professional associationism», concebido igualmente durante una reunión de junta en Nueva York, nunca llegó a aparecer en las páginas del Forum.

La última reunión de junta de Santander se celebró el domingo a las 9 de la mañana, y a los pocos que todavía quedábamos nos cogió prácticamente con un pie en el estribo. Allí los comités clave presentaron un resumen de lo trabajado en la ciudad cantábrica, se informó sobre las recomendaciones hechas por el think tank y se decidió el lugar de la siguiente reunión que, tal como estaba previsto, sería los días 19 y 20 de febrero en Atlanta, a continuación de la reunión anual de la AGPA.

Cuando se llega a la penúltima reunión de un mandato, como era el caso esta vez en Atlanta, ya se está pisando la recta final que llevará a la elección de una nueva junta y a la Asamblea General de Miembros donde tomarán posesión los nuevos cargos de la ejecutiva y los directivos. Esta reunión es la más importante en cada mandato, ya que en ella se ultiman los detalles del congreso que se avecina y la junta aprueba la lista de nominaciones propuestas por el comité y ratificadas por el ejecutivo. Los directivos europeos por lo general están en desventaja ya que esta reunión siempre se hace en febrero coincidiendo con la reunión anual de la AGPA y, en consecuencia, en Estados Unidos. En esta ocasión, además de las habituales, había importantes decisiones a tomar que requerían enmendar la Constitución. También se refrendó la elección de la ejecutiva reducida, aprobada mediante voto por correo en la anterior enmienda de la Constitución. Entre las primeras estaban las recomendaciones de la Junta de Santander respecto al máximo de mandatos consecutivos que se permitía servir en la junta directiva y que podría entrar en vigor después de que fuera aprobada por la Asamblea en Buenos Aires. Así y todo, se rogaba a quienes hubieran servido tres períodos consecutivos o más que notificaran al presidente de nominaciones si estaban dispuestos a retirarse voluntariamente. Pasado el intervalo de un período fuera de la directiva, de estar interesada, la persona volvía a ser elegible para la junta.

La recomendación de que se pasara de un intervalo de tres años a uno de dos entre congreso y congreso, con las consecuencias implícitas para los períodos de servicio en junta y en la ejecutiva, fue aprobada en principio, si bien la enmienda de la Constitución que exigía tenía que ser formulada para someterla a la Asamblea. Por otra parte, dado el número de candidatos, la decisión final sobre la sede del próximo congreso se había pospuesto hasta esta reunión y salió ganadora Londres frente a Estocolmo.

En cuanto a la próxima reunión europea, Earl Hopper había contactado a la organizadora del Symposium Europeo de Grupo Análisis en Copenhague en 1996, preguntando acerca de la posibilidad de tenerla allí. Prefería ésta sede a otras candidatas, como por ejemplo Sicilia.

La Sección de Grupo Análisis no sometió informe alguno a esta reunión y, a pesar de que mi codirector Malcolm Pines estaba presente, que yo sepa, no convocó una reunión de comité. La razón por la que no sometimos informe de la sección fue porque yo había circulado ya la información a todos los interesados y me había concentrado en reclutar nuevos miembros y en preparar las sesiones administrativa y científica de Buenos Aires y la reunión conjunta con las otras secciones que habíamos acordado. Por supuesto, en estas circunstancias ni siquiera se me pasó por la cabeza proponer mi retirada; aparte de que, si bien había servido dos períodos en la junta, éstos no habían sido consecutivos y no entendía que servir en el comité ejecutivo fuera equivalente a hacerlo en la directiva. Tampoco pensaba que renunciar a mi papel de coordinador en este momento del desarrollo de la sección fuera beneficio para ella. Digo esto porque, a pesar de que a mediados de marzo empecé a interesarme por las propuestas de nominaciones, no fue hasta el 29 de abril que escribí al presidente del comité de nominaciones, Gerhard Rudnitzki, para pedirle que me dijera directamente si yo figuraba o no en la lista de directivos ya que ello afectaría mi posición como codirector de la Sección de Grupo Análisis. Añadía que, para evitar posibles confusiones le hacía saber que en calidad de directivo, había servido tan sólo un período en la junta después de dos períodos como vicepresidente segundo y primero en la ejecutiva. El 12 de mayo Rudnitzki me contestó explicándome las razones por las que había sido excluido. Me decía que podría seguir siendo de ayuda a la junta como codirector de la Sección de Grupo Análisis y me mandaba la lista definitiva propuesta a la ejecutiva. Al leerla me di cuenta de que el único español que en ella quedaba era Roberto de Inocencio quien, caso de ser elegido presidente electo, dejaría a España sin representante en la junta. Esto dio lugar a un diálogo de besugos a través del fax y de conversaciones telefónicas entre Alberto Serrano, Rudnitzki y yo mismo, en que el único argumento a favor era la potencial no representación de España que yo había indicado, y donde no servía para nada el argumento de que no se podían cambiar las reglas durante el juego y aplicar en mi caso unas normas que ni tan siquiera habían sido debidamente formuladas para presentar la necesaria enmienda constitucional a la asamblea. El 18 de julio -quizás en América no se conozcan las resonancias que para los españoles tiene la fecha del alzamiento nacional que dio lugar a la dictadura franquista- recibí una carta justificativa de Serrano en que reiteraba su posición sin dar explicación convincente alguna, salvo que los directivos son elegidos entre los miembros en general y no en representación de país u organización afiliada alguna, cosa que ya sabía. Terminaba diciendo que esperaba que sus comentarios clarificaran algunas de mis preocupaciones y agradeciéndome personalmente los muchos años de servicio como miembro de la junta, y particularmente por los que lo hice bajo su administración, cuando llegó a su madurez la Sección de Grupo Análisis.

A pesar de todo este lobbying como lo llaman los estadounidenses, para evitar ser politically incorrect, continué preparando con todo entusiasmo las reuniones de la sección arriba mencionadas y las convocatorias pertinentes. Al igual que había hecho en Lisboa, preparé un detallado informe de cuatro páginas en forma de circular dirigida a tres tipos de personas: 1) a quienes firmaron la petición original de este empeño grupoanalítico en el marco de la AIPG en junio de 1987, 2) a los miembros individuales y organizaciones afiliadas que se identificaban con una orientación grupoanalítica y/o mostraron interés en el grupo de estudios primero y, en ese momento, en la sección, y 3) a grupoanalistas y trabajadores grupales que en todo el mundo comparten las posiciones ideológicas y prácticas promovidas por la AIPG y que las secciones intentan actualizar. Cabe añadir, que ya desde el mismo día de la petición original mucha gente se ha afiliado a la AIPG a fin de poderse incorporar a la sección. El borrador de la carta había sido previamente sometido al parecer de David Kipper, al de los otros dos miembros del grupo de estudios que forma la troika de coordinación (Guilherme Ferreira, Francesco Di Maria y yo mismo), y al de Malcolm Pines, mi actual codirector de la sección y quien colaboraría conmigo en la redacción final y la firma de la circular. El presidente Serrano, que era asimismo codirector de la Sección de Terapia de Familia, estuvo permanentemente al corriente y aprobó este desarrollo. De la carta se hicieron una versión inglesa y otra en castellano y me llevé de la misma cincuenta copias para circular entre los miembros de la junta a título de Informe de la Sección.86 En estas condiciones y con este equipaje me embarqué con la presidenta de la asociación afiliada SEPTG, mi mujer, para Buenos Aires; donde fuimos acogidos como huéspedes por nuestros amigos del alma, los Kesselman, miembros y promotores incondicionales de la Sección de Grupo Análisis en el Cono Sur.

Al acercarme a la oficina del congreso en el Centro Cultural General San Martín para recoger la documentación, me encontré allí a David Kipper de tertulia con Earl Hopper. Después de saludarles, le pregunté a este último qué le había parecido la circular. Con gesto adusto me espetó que no le había gustado nada. De momento, no supe si era una broma o hablaba en serio. Al darme cuenta de que éste era el caso, le pregunté el por qué no le había gustado, a lo que me contestó que porque no se lo había consultado. No quise agravar la situación y recordarle que todavía no había tomado posición del cargo, pero sí le dije que Alberto Serrano había sido informado día a día y que dependía de él que se lo comunicara al resto de los miembros del ejecutivo.

De lo que sucedió en Buenos Aires ya hemos hablado al principio de la entrevista. Lo único que quisiera -ahora que gracias al beneplácito del actual secretario, Christer Sandahl, dispongo de las actas de las distintas reuniones allí habidas- es hacer algún comentario respecto a las reuniones más significativas a las que allí asistí.

La primera fue la sesión administrativa de la Sección de Grupo Análisis el 28 de agosto de 1995 en el Salón Azul del Hotel Savoy, cuya detallada agenda, editada a doble columna en inglés y castellano, fue facilitada a los asistentes. La sesión fue grabada y se tomaron notas en italiano y en inglés para su presentación a la junta saliente y a la Asamblea general de miembros.

La reunión de la junta saliente, la última a la que asistí en calidad de directivo, tuvo lugar en el Centro Cultural General San Martín de Buenos Aires el 29 de agosto de 1995. Esta reunión de junta resulta la más triste y decepcionante a cuantas haya asistido en doce años de servicio a la organización de la AIPG. Una reunión de escasamente hora y media, que empezó con una sesión de group process al estilo del think tank de Santander, en la que, según las actas:

"Lo que predominantemente se reflejó fueron las despedidas de muchos miembros y las mutuas expresiones de gratitud por el trabajo hecho por ellos, y la cooperación recibida de colegas. Se expresó la necesidad de mantener contacto con los miembros que se retiraban y de seguir utilizando sus servicios, tarea que el presidente entrante prometió cumplir. Se expresó el aprecio por el grado de consulta y comunicación mantenidas durante esta administración y el sentimiento de que la organización se había fortalecido en los últimos tres años"...87

Tras enfatizar una vez más la necesidad de un secretariado profesional y los agradecimientos de rigor a los organizadores, el presidente saliente anunció los resultados de las elecciones, declarando debidamente a Roberto de Inocencio como presidente electo, a Sabar Rustomjee como tesorero, y a Christer Sandahl como secretario, que junto con él y el presidente Hopper pasaban a formar la nueva ejecutiva. Se procedió a leer la lista de directivos ratificada por correo. A corre prisa, se prosiguió hasta cumplir con el resto de la agenda. Los escasos minutos que quedaban se emplearon fundamentalmente en aprobar las actas anteriores y la formulación de enmiendas a la Constitución para someterla el día siguiente al voto de la Asamblea. No quedó tiempo para la discusión detallada de ninguno de los informes presentados con anterioridad, tampoco pues para el de la Sección de Grupo Análisis circulado, ni siquiera para informar de la reunión administrativa de la sección habida el día anterior con una asistencia de más de cincuenta personas interesadas y dos organizaciones afiliadas. Se distribuyó un avance de noticia del XIII Congreso que tendría lugar en Londres con el tema de «¿Aniquilación, supervivencia, re-creación?» junto con copia del informe dirigido al presidente y a la junta por la coordinadora de la organización del nuevo congreso, Meg Sharpe, quien excusó su ausencia al Congreso de Buenos Aires.

Lo más importante de la Asamblea general de miembros cara a la Sección de Grupo Análisis, como ya hemos comentado, tuvo lugar una vez que el presidente saliente traspasó sus funciones al presidente entrante y éste anticipó su política presidencial para el período 1995-1998. Previamente, Malcolm Pines había informado que más del cincuenta por ciento de las cien personas convocadas, en la sesión administrativa de la sección del día anterior habían expresado su deseo de tener acceso directo al comité de programa del próximo congreso, contar con un presupuesto y, en un futuro, poder nombrar al propio representante en junta. Se leyeron también las enmiendas a la Constitución a ratificar mediante voto por correo de todos los miembros que figuraban en agenda, enmiendas que harían posible que a partir de 1998 los congresos se sucedieran cada dos años y que, en consecuencia, los períodos de servicio en la administración de la organización quedaran asimismo limitados. Igualmente se sugería modificar la estructura del comité de nominaciones y la racionalización del proceso y de la autoridad de la junta en la revisión de las nominaciones propuestas por aquél.88 El presidente Hopper terminó su alocución con una declaración personal de sus creencias e identidad como grupoanalista y psicoanalista. Expresó personalmente y en representación de la AIPG su solidaridad con colegas de aquellas partes del mundo que no están libres para hacer honor a su compromiso de buscar la verdad a la vez intrapsíquicamente y en la vida social; que en última instancia son completamente interdependientes y realmente son dos caras de una misma moneda. Pidió a Malcolm Pines que hablara del Sarajevo Charter. Éste comentó que después de la así llamada limpieza étnica en Serbia, colegas ingleses habían puesto un anuncio en los periódicos proclamando la necesidad de preservar los derechos humanos en las áreas afectadas y solicitando firmas de apoyo. R. Battegay declaró que no se podía permanecer en silencio cuando un psiquiatra jugaba un rol prominente apoyando la eliminación de ciertos grupos étnicos y que sentía una personal responsabilidad en que nadie pareciera condenar estas acciones. Hopper mostró su apreciación por dichos comentarios y comentó que a pesar de que la fragmentación de la antigua Yugoslavia y sus devastadoras consecuencias estuvieran a miles de kilómetros de Buenos Aires, llamar la atención acerca de esta trágica devastación no era ningún intento de huir «de asuntos más próximos», alegato que repitió por escrito en la Página del Presidente del Forum siguiente. 89

Entre los asuntos surgidos de la Asamblea (aparte de que se tocó el problema de contar con una traducción completa de la sesión y de enterarnos de que los asistentes del Este de Europa no habían podido descubrir cuál era el costo de las cuotas a pagar para ser miembro) los más interesantes para mí fueron los comentarios del nuevo presidente a dos iniciativas surgidas desde la Asamblea. Al anuncio de A. Surkis de que a partir de entonces una página mensual de la AIPG aparecería en Internet, Hopper contestó que iniciativas como éstas eran bienvenidas, pero que tal paso en nombre de la AIPG debía ser un esfuerzo y responsabilidad compartidos y daba por supuesto que tales esfuerzos vinieran coordinados dentro del contexto del nuevo comité de publicaciones. A la observación de Jaak LeRoy de que había poca representación de los pueblos africanos en la asociación, Hopper contestó que él estaba ya en contacto con los sudafricanos que solicitaban experiencias de formación y que esperaba que pronto hubiera nuevos miembros de Sudáfrica y otros países africanos.90

En la reunión de la nueva junta que tuvo lugar a continuación de la asamblea general el mismo día 30 de agosto, se dedicó la mayor parte de las dos horas a intercambiar ideas y sentimientos respecto a la situación a fin de crear un clima positivo, por lo que quedaron escasamente cuarenta y cinco minutos para asuntos administrativos. En consecuencia, Malcolm Pines tampoco pudo presentar el Informe de la Sección de Grupo Análisis en esta ocasión. En vista de ello escribí de inmediato al nuevo secretario pidiéndole la dirección de los nuevos miembros de la junta con la intención de remitirles el informe directamente, cosa que no hice debido a la interferencia que supuso el nombramiento del así llamado «equipo de consultores» que el presidente Hopper había impuesto al comité de coordinación de la Sección de Grupo Análisis, iniciativa que frenó en seco el impulso que la sección llevaba al llegar a Buenos Aires. A mediados de noviembre de aquel año, la Sociedad Grupoanalítica Italiana celebró su congreso nacional coincidiendo con el cumpleaños de Fabrizio Napolitani, uno de sus fundadores e inspirador del movimiento grupoanalítico europeo. Malcolm Pines y yo fuimos invitados, y allí mantuvimos una asamblea con nuestros colegas italianos en la que por fin pudimos dar cuenta de la situación en que se encontraba la sección después del Congreso de Buenos Aires. En letra impresa, el resumen de esta reunión se publica en el mismo número donde con mi «Adiós a un camarada de armas» contribuía al obituario que el Forum91 dedicó a nuestro genial colega Fabrizio Napolitano. Paradójicamente, éste fue el primer trabajo que publiqué como Archivero Honorario, función que me había sido asignada por el presidente Hopper.

El Congreso de Buenos Aires coincidió con la campaña mundial de Bill Gates de Windows'95 a caballo de Internet. No me pareció carente de sentido la propuesta que recibí el 6 de diciembre de Earl Hopper proponiéndome como presidente del comité de archivos. Era como si me dijeran que, ya que no se puede hacer historia, más vale empezar a escribirla. Todo esto sucedía mientras esperaba la transcripción de la entrevista que me habían hecho en Buenos Aires para laRevista de la Sociedad Argentina de Psicología y Psicoterapia de Grupo.

P. En resumen, ¿cuál es su impresión del desarrollo de la AIPG en su conjunto?

Como en la propia vida, a la matriz biológica sucede la matriz social. Nadie disputa a Moreno y a Slavson el haber sido los principales promotores en la organización de la psicoterapia de grupo. Sin embargo, a partir de Zúrich el patrocinio de ésta pasó a manos de un grupo de compadres y comadres. No hay duda de que tanto Toronto 54 como Zúrich 73 constituyen hitos importantes en el desarrollo de la asociación, pero igualmente lo son cada uno de los otros doce congresos habidos hasta la fecha... y lo fueron otros que quedaron por celebrar. Ciertamente fue en los encuentros y correspondencia entre congresos, en la labor de pasillo de éstos, en sus trabajos de comité y en asambleas y juntas donde se fueron forjando las ideas y creando la maquinaria y los órganos gestores que, finalmente, llevarían a la asociación a ser lo que hoy es. Es importante recordar, sin embargo, que esta aproximación no hace justicia al ingente esfuerzo en horas, en trabajo, en viajes y dinero puestos por un decidido grupo de colegas para llevar a feliz término esta empresa. También es posible que el resultado final tenga bien poco que ver con el fin que les movió conscientemente a hacer tal esfuerzo.

Estas consideraciones me llevan a recordar algunos comentarios de Edward Glover acerca del «mito de los orígenes» en su Psicoanálisis en Inglaterra:

"Al estudiar las fases pioneras del psicoanálisis, le impresiona a uno el gran parecido que existe entre la biografía de un individuo y la vida de un grupo científico [...] en sus primeras fases, los pequeños grupos científicos reproducen aquellos estadios en el desarrollo individual en los que varias introyecciones e identificaciones moldean el aparato mental y determinan la expansión o la contracción [progresión o regresión] de sus actividades subsiguientes [...] este aspecto estructural se ve reforzado por un factor dinámico, es decir por el conflicto que surge del contenido ideático que dichos grupos se han propuesto abiertamente sostener y hacer avanzar.

Que duda cabe que el historiador social se conforma en expresar todo esto diciendo que la historia de vida de tales grupos implica el estudio del papel que jugaron las personalidades de sus líderes en favorecer u obstaculizar la promoción de ciertos objetivos científicos y teoría. Si bien éste es el camino que requiere menos trabajo, el excesivo énfasis en el liderazgo individual a que tiende se hace a expensas de las interacciones grupales específicas, en particular de aquellas interacciones inconscientes que modifican el crecimiento de la sociedad".

Y concluye:

"La historia del psicoanálisis ha venido marcada por repetidas disensiones y cismas [] Los primeros grupos psicoanalíticos nacieron siguiendo un patrón que pudiéramos etiquetar como `acto de participación', una especie de `identificación primaria' con Freud de sus primeros y más próximos seguidores. En este sentido su desarrollo tiene mucho en común. Pero, para entender las características específicas de cada grupo hay que retrazar el complicado interjuego de factores grupales -tanto constructivos como destructivos- que siguieron al desarrollo de las funciones independientes de grupo, es decir, el nacimiento del grupo". 92

Por supuesto que la historia de la AIPG no viene marcada por sus disensiones y cismas, sino bien al contrario por un intento de superar diferencias, de unir, de aunar, de agrupar de construir a través del diálogo entre diversas orientaciones y prácticas un todo superior, una unidad a partir de las partes. Lo curioso, sin embargo, es que esta organización viva aún hoy en día bajo el terror de la escisión. Basta contemplar lo virulento y lo visceral de la reacción que desencadena la simple mención de la palabra sección para saber que, una de dos, o el fantasma de la lucha sin cuartel entre Slavson y Moreno que caracterizó los primeros años todavía persigue a la asociación o bien está todavía por alcanzar la consolidación de las distintas partes por encima de diferencias a la que se aspira según los propósitos que señalan la Constitución y estatutos. Las observaciones que Glover hace respecto al crecimiento corporativo del psicoanálisis, segunda de las revoluciones psiquiátricas, según Moreno, cabe que no sean aplicables directamente a la que éste considera como la tercera, es decir la suya, la de las terapias de grupo.

De hecho, todo lo leído por mí acerca de los orígenes de la AIPG cae en el vicio que Glover denuncia: el énfasis se pone más en el choque de personalidades de Slavson y Moreno que no en el de las ideologías de que son portadores o en el discurso grupal del que son portavoces.

Para el grupólogo o psicólogo social esta actitud es tan incongruente como la de intentar reducir las motivaciones y la dinámica de un grupo a los rasgos de personalidad de los líderes con que el grupo se identifica. Claro que para el historiador social no es fácil seguir las recomendaciones de Glover, ya que en una sociedad centrada en el individuo aislado y que concibe al grupo cual si se tratara de un individuo, la biografía de los líderes, engrandecida o empequeñecida según el talante o disposición del biógrafo, es más asequible que no la «historia de vida» de los grupos cristalizados alrededor de ellos. A este respecto la documentación es bien escasa, menos fiable, despierta poco interés y raras veces se conserva; salvo, como en mi caso, cuando el observador participante, testigo vivo de tales procesos, intenta contemplarlos con «óptica grupal».93

El nacimiento de la AIPG ciertamente no puede seguir el patrón de «acto de participación» o de «identificación primaria» con el líder que Glover atribuye al nacimiento de los grupos psicoanalíticos por la sencilla razón de no es uno el líder de este movimiento, sino como mínimo dos. Tampoco resulta fácil para entender las características específicas de este grupo «retrazar el complicado interjuego de factores grupales» dado que no se trata tanto de factores grupales como intergrupales. Es muy posible que, a pesar de los cerca de cincuenta años pasados desde que se concibió la AIPG, ésta todavía no haya alcanzado su «función independiente» y que, como grupo, todavía esté por nacer.

Si cierto es que la psicología de grupo nace durante la primera guerra mundial con el concepto de neurosis de guerra, y fue durante la segunda que nacen las terapias de grupo como intento de evitarlas o remediarlas, también lo es que la AIPG es producto de la posguerra. Surge de la comparecencia en la arena internacional de dos corrientes rivales en el campo de las terapias de grupo que llevaban toda una década compitiendo encarnizadamente en Nueva York por el liderazgo del «corporativismo profesional» de terapias de grupo en los Estados Unidos: la Society of Psychodrama and Group Psychotherapy, fundada en 1942 por Moreno y la American Group Therapy Association, fundada un año después por Slavson, por más que su logo lleve la misma fecha de la anterior. Vale recordar que en aquel momento éstas eran las dos únicas organizaciones profesionales en este ámbito. La única excepción, si cabe, sería la también estadounidense The Lifwynn Foundation, fundada por Trigant Burrow y asociados en 1927, que si bien es precursora y decana de todas las organizaciones de grupo al mismo tiempo se excluye, pues ni tiene carácter profesional, ni le conciernen las terapias o psicoterapias de grupo;94 lo suyo es la «investigación en psiquiatría social y analítica.»

¿Cómo se explica que en aquel momento cada una de esas organizaciones decida, independientemente la una de la otra, promover una organización a nivel internacional? ¿Cómo se explica que intenten conseguir a nivel mundial una cooperación que ni siquiera han intentado en la ciudad de Nueva York donde ambas han nacido y conviven? Ésta, creo, es la pregunta capital a hacernos si queremos de veras saber de dónde viene la AIPG. Mi impresión, es que ninguna de las dos pretendía en absoluto encontrar a nivel internacional un tipo de cooperación que cuidadosamente habían evitado siquiera intentar a nivel local. Es muy posible que la idea de internacional que llevaban en mente no fuera la misma y que los objetivos que perseguían poco tuvieran en común. Un factor que siempre influyó fue, qué duda cabe, el éxito de la prestigiosa New York Psychoanalytic Society, cuyo modelo uno y otro adoptaban ya fuera por identificación (Slavson) o por oposición (Moreno). Quizás el «acto de participación» o «identificación primaria» del que habla Glover no sea con el Freud fundador del psicoanálisis sino con la institución por él fundada, la Asociación Psicoanalítica Internacional. Vale recordar que ésta, al igual que la AIPG, no es hija de un solo grupo sino de dos: la sociedad psicológica de los miércoles de Viena y el grupo de médicos freudianos de Zúrich y, por más que en la constitución se diga que su propósito es el cultivo y la promoción del psicoanálisis como ciencia, a lo que aspiraba en realidad era a instituirse como una corporación profesional a nivel mundial, es decir que todos sus miembros -fueran o no fueran médicos- disfrutaran de la licencia de poder enseñar y practicar el psicoanálisis en todas partes del mundo. ¿Será ésta la agenda secreta de la AIPG?

P. ¿Cuál es en el mu ndo el estatus de las diversas corrientes de psicoterapia grupal actualmente vigentes y que futuro parecen tener?

Si por estatus entendemos la posición en términos de prestigio o de dinero de que gozan las terapias de grupo en general y en especial las psicoterapias de grupo, yo diría que es cada día más bajo. Las terapias de grupo en su día fueron un bien de consumo deseado y la formación en este campo un bien buscado en tanto en cuanto que los tratamientos colectivos significaban para el estado del bienestar una alternativa al tratamiento individual de los enfermos o un método preventivo en poblaciones en riesgo, familias o la comunidad. Hoy en día, en todos los países del mundo, cada día son menos los estados que se preocupan de tratar la enfermedad mental como una enfermedad pública o se sienten en la obligación de dispensar una «psicoterapia para el pueblo». Sin embargo, es mi impresión que, a pesar del imperio del mercado libre, la «era de la práctica privada» está llegando a su fin; no solamente para la medicina oficial, sino para todo tipo de terapia organizada. La realidad es que la demanda de tratamientos colectivos hoy por hoy disminuye en todos los países, y la única esperanza que queda es que las compañías aseguradoras privadas incluyeran entre sus prestaciones la psicoterapia grupal. Ésta es la actitud que llevó a la American Group Psychotherapy Association, a partir de su cincuenta aniversario, a proclamarse como «asociación acrediticia», a prescindir de sus asociaciones afiliadas extranjeras, a instituir dentro de sus miembros la categoría AGPA Clinical Members y a promover el National Registry of Certified Group Psychotherapists. En Europa, ante la posibilidad de libre circulación de profesionales y de formación de los mismos en la vigilia de la creación de la Unión Europea rápidamente aparecieron no una sino dos organizaciones con propósitos semejantes: la European Federation for Psychoanalytic Psychotherapy in Health and Related Public Services y la European Federation for Psychotherapy, compitiendo una con otra por conseguir la incorporación de federaciones nacionales. En España, la FEAP o Federación Española de Asociaciones de Psicoterapeutas -en sus inicios Federación Española de Instituciones de Formación en Psicoterapia-, una de las promotoras de la mencionada Federación Europea de Psicoterapia, consiguió que se registraran en un tiempo récord y a precios astronómicos casi todas las asociaciones psicoanalíticas, psicoterapéuticas y de psicoterapia de grupo y de familia que se dedican al negocio de la formación. La única excepción a incorporarse, por motivos más bien ideológicos que no pragmáticos, la constituye la Sociedad Española de Psicoterapia y Técnicas de Grupo (SEPTG), decana de las asociaciones profesionales de grupo y que tiene a nivel nacional objetivos parecidos a los que a nivel mundial proclama tener la AIPG.

A nivel científico, el porvenir de lo que los ingleses llaman «learned societies», o sea grupos de intercambio y confrontación científica, a nivel de la teoría y de la praxis de las grupoterapias es más que dudosa. Hay indicios de que incluso la propia AIPG y las más poderosas de sus asociaciones afiliadas sigan la tendencia prevalente. Existía, sin embargo, una tendencia en dirección contraria encabezada por la Confederación Italiana de Investigación Analítica en Grupos de Fabrizio Napolitani. No obstante, parece que incluso ésta ha caído últimamente en la tentación de convertirse en una confederación acrediticia y propiciar su propio instituto en psicoterapia de grupo a nivel nacional. En lo que hace específicamente a terapias de grupo, desde hace muchos años las distintas especialidades como terapias de familia o de pareja, comunidades terapéuticas o psicología organizacional han ido creando sus propias asociaciones tanto a nivel nacional como mundial.

P. ¿Cuál fue, es y será, en su opinión, la función de los congresos sobre este tema?

Como les he insinuado a lo largo de la entrevista, la mayoría de las asociaciones que han ido surgiendo en las terapias de grupo siguieron como modelo a la Asociación Psicoanalítica Internacional basado éste, a su vez, en la práctica de la psicoterapia dentro de un contexto de medicina liberal. Tanto es así que el propio Freud en «Psychische Behandlung» llega al extremo de afirmar sin rubor «que si el derecho del paciente a elegir libremente a su médico fuera suprimido quedaría automáticamente abolida una importante precondición para influirle mentalmente.»95 La propuesta de Ferenzci al Congreso de Nuremberg de crear una asociación internacional empieza en los siguientes términos:

"El psicoanálisis es aún una ciencia joven, pero su historia es ya lo suficientemente rica como para justificar una pausa momentánea para revisar los resultados obtenidos y sopesar sus fallos y éxitos. Esta revisión nos debiera ayudar a en un futuro aplicar nuestros esfuerzos más económicamente y sustituir métodos ineficaces por otros más productivos. Sacar un balance como éste es tan necesario en la producción científica como en el comercio y la industria. Los congresos, por lo general, no son nada más que ferias de vanidades que proporcionan oportunidades para autoexhibirse y para la producción teatral de novedades científicas, por más que su tarea real debiera ser la solución a problemas de política científica".96

Tengo la impresión de que en psicoterapia de grupo estamos todavía donde estaba la hipnosis en 1890 o el psicoanálisis en 1911, con la diferencia de que bien pocas son las novedades científicas que en los congresos de la AIPG se presentan. Si alguna oportunidad para autoexhibirse queda, es para las vacas sagradas con vocación de maestro que, dedicados al circuito mundial de la formación, aprovechan los congresos para anunciar su mercancía. Así y todo, si repasamos la historia de la AIPG vemos que, cuando menos, sus congresos sirvieron para desarrollar aquella «`red invisible' que procura expandir por todo el mundo la práctica de la psicoterapia de grupo», la formación de sus profesionales y la investigación en este campo, y para consolidar el movimiento corporativo profesional. Vale recordar que hace sesenta años había solamente dos asociaciones de grupo y que en este momento se cuentan por cientos.

Desgraciadamente, los congresos en psicoterapia de grupo han pasado a engrosar el turismo científico de masas y dichos congresos no se consideran productivos si no convocan a miles de participantes y producen un significativo superávit para la organización que los monta. A diferencia, por ejemplo, de lo que sucede en congresos médicos o psiquiátricos, no son las compañías farmacéuticas quienes costean la matrícula, estancia y viaje de la mayoría de los participantes. En psicoterapia de grupo cada participante paga la asistencia de su propio bolsillo, salvo raras excepciones en que es la universidad o bien un establecimiento médico quien sufraga los gastos. No se tiene en cuenta el beneficio científico que pudiera suponer el que un congreso se convoque en un país rico en experiencia en nuestro campo, como fue el caso de Buenos Aires, o el beneficio social e incluso político que pudiera tener que, al final de la dictadura franquista, se hubiera mantenido o sostenido el congreso de Madrid. Francamente, después de tanto tiempo en la directiva de la AIPG, no entiendo cómo ni por qué distintos países compiten por convertirse en la sede de uno de tales congresos. Que yo sepa, salvo la dudosa contribución del Ministerio Yugoslavo de Turismo al Congreso de Zagreb -y con la sola excepción del Congreso de Montreal, al que las autoridades locales o nacionales aportaron una generosa subvención-, no hay otro lugar donde esto haya sucedido.

Mi impresión es que los congresos de masas, los congresos turísticos, en lo que hace a la comunicación y el intercambio de experiencias y de ideas sirven para bien poco. Es más, el último congreso de la AIPG del que se publicaron los trabajos completos fue el de Copenhague en 1980. La cuestión de la productividad y eficacia de congresos masivos en psicoterapia de grupo había sido ya discutida en las páginas de GAIPAC ya a principios de los años setenta. Günter K. Ammon, el fundador de la Deutsche Gruppenpsychotherapeutische Gesellschaft, proponía como alternativa «los Casa-congresses» de un tamaño máximo de cien personas y en los que era posible explorar la dinámica y la estructura del congreso como investigación en vivo.97 Desde el Congreso de Amsterdam en 1989 cuyo tema era «Encuentro y Alienación», se ha intentado introducir en los congresos de la AIPG medidas para luchar en contra de la alienación. Sin embargo, algo parecido a lo que proponía investigar Ammon han sido los grupos ¿Qué pasó hoy? introducidos en el Congreso de Buenos Aires al final de cada día. Esta innovación, donde organizadores y organizados se encuentran, caso de prosperar, puede ser tan creativa como la que dio lugar a los Laboratorios en Relaciones Humanas en tiempos de Kurt Lewin.

¿Qué logros, qué enseñanzas, qué cuestionamientos, pudo haber dejado el XII Congreso de Buenos Aires?

En todos los años que llevo asistiendo a congresos y encuentros de grupo de la AIPG o de sus organizaciones afiliadas, ésta ha sido la primera vez que he tenido la sensación de estar en un congreso verdaderamente organizado y conducido grupalmente y por un grupo de grupos, algo que considero extremamente novedoso y estimulante. Es más, tan creativo y prometedor como el espacio dedicado a los grupos ¿Qué pasó hoy? o más, me pareció el Espacio Abierto a la Comunidad de todos los mediodías. Si en el primero se intentó tender un puente entre organizadores y organizados, en estos últimos, y conste saltándose la barrera del dinero, el puente que se tendía era entre los profesionales de «una psicoterapia para el pueblo» y la comunidad que les da vida.

Ésta ha sido la tercera vez en que se ha organizado un congreso de la AIPG en un contexto cultural de habla castellana. Cada vez que esto se hizo, estos congresos resultaron económicamente un fiasco. Como cuentan los más viejos del lugar, después de tener que cancelar el congreso de Niza por falta de apoyo económico, la directiva acordó mantener el Congreso en Madrid en agosto de 1976:

"Los preparativos de Madrid [1976] iban progresando bien y se habían recibido muchas inscripciones. El programa, a cargo de Jay Fidler, Malcolm Pines y Zerka Moreno progresaba sin contratiempos, hasta que España votó a favor de la declaración de Israel como nación racista en las Naciones Unidas. Este hecho hizo que fueran tantos los que cancelaron sus reservas y se retiraron del programa que la junta directiva decidió cancelar de nuevo el encuentro cuando considerables sumas habían sido ya invertidas en propaganda y otros gastos".

El Congreso de México no se tuvo que cancelar, pero sí tuvo que aplazarse un año y esto por haber entrado en competencia con un congreso de psicoanálisis que se celebraba aquel año en Europa. A la hora de pasar cuentas, por lo visto dicen que se perdió dinero y año tras año en los encuentros de la directiva no se hacía nada más que reclamar a sus organizadores que presentaran las cuentas. Lo que me extraña es la paciencia de los mexicanos para no acabar dando cuentas como las del Gran Capitán. El hecho es que devolvieron a la «oficina central» 4000 dólares y el resto de las ganancias lo invirtieron en promover una organización nacional. Pero el mito, o el bulo, hizo sus efectos: a partir de entonces el dinero que la AIPG invierte en un congreso lo avanza como anticipo, pero con el bien entendido de que los organizadores lo devolverán y que el congreso cerrara su balance sin pérdidas. El Congreso de Buenos Aires no se canceló después del ataque terrorista al Centro de la Comunidad Judía de Buenos Aires, como algunos exigían. Sin embargo, en esta ocasión he oído decir que tampoco se cubrieron gastos. Me pregunto, de ser ello cierto cómo se tomará el ejecutivo estos resultados. ¿El balance vendrá sólo en términos de dólares y centavos o se tendrá en cuenta el enriquecimiento que ha supuesto para organizadores, para la ciudadanía del pueblo argentino, para los participantes?

En la sesión de clausura del congreso en el Centro San Martín me despedí diciendo que tres veces en mi vida y por diferentes razones había cruzado el charco: Caracas, Nueva York y Buenos Aires. De esta tercera vez, decía, que además del charco había cruzado el Ecuador y me iba con la esperanza de poder consolidar el puente entre el Río de la Plata y la cuenca del Mediterráneo. En esto estoy. A mi vuelta a Barcelona participé en el Congreso de Inter-Med cuyo propósito es «organizar» Internet en la cuenca del Mediterráneo. Me enteré de muchas cosas, entre otras que la «sociedad global» en este Mundo Villorrio que se nos avecina, es una «sociedad global de información»; ¡no de comunicación! Además fui testigo del nacimiento de una nueva profesión, la de los informáticos que van a dirigir el mundo. Bueno, o a exprimirlo. Claro que primero habrá que tejer la red con que poder pescarlo. Éste fue uno de los acontecimientos que coincidió con el Congreso de Buenos Aires: el lanzamiento por Bill Gates a nivel mundial de Windows'95 de Microsoft. Así como hace más de una década llegué a la conclusión de que me compraba un ordenador o me perdía una cultura, ahora me subí a la red y me apunté a varias listas de correo. Como da la casualidad de que en Internet todas las listas de grupoterapia que encontré funcionan en lengua inglesa, me atreví a montar un experimento en comunicación, el Foro de Grupo Análisis en castellano <http://www.rediris.es/rediris/mail/list/info/grupo-analisis.html> que esta abierto a todos los que, como yo, no escriben proper english. Veremos si a partir de esta lista de correo y archivos podemos dialogar con las listas en inglés que pululan la red y quizás incluso de esta forma entrar por correspondencia electrónica con lo que se publica en papel en las revistas de nuestro campo.

También en la entrevista Ud. mencionó algo acerca del «complejo» de no hablar en la lengua materna cuando hay que hablar en inglés. Ud. lo relacionó con la comunicación entre naciones, y este tema se vivió intensamente en este congreso.

A este respecto es interesante lo que cuenta Malcolm Pines en el mismo relato citado arriba respecto al panorama europeo del Congreso de Zúrich de 1973:

"Me dejó sorprendido, tanto en este congreso como en el psicoanalítico de París, [al que acababa de asistir] el enorme interés y actividad y aparente progreso que está teniendo lugar en Francia y Alemania, y en otros países de Europa del cual nosotros aquí en Inglaterra, y a buen seguro tampoco en EE.UU., no nos damos ni cuenta. Los puestos de libros en ambos congresos aparecían repletos de lo que a mí me parecía interesante literatura escrita en los idiomas nativos de esos países, al mismo tiempo que traducciones de libros muy recientes escritos en inglés. Pero, ¡ay de mí!, lo opuesto no sucede en nuestras conferencias y en los estantes de nuestras librerías. Son bien pocas las traducciones al inglés que actualmente se hacen del francés o el alemán [naturalmente el castellano ni lo menciona] y la barrera del lenguaje es una barrera bien real... Por ejemplo, en este congreso de Zúrich la mayoría de las sesiones subplenarias eran para participantes que hablaran alemán, algunas en francés y muy pocas en inglés. Por tanto los pocos de nosotros que venimos de Gran Bretaña y de Estados Unidos quedábamos limitados en las elecciones a hacer. Esto por supuesto no afectaba a las sesiones plenarias iniciales de las mañanas y a los paneles de discusión de las tardes que estuvieron servidos bien eficazmente por el más impresionante y eficiente equipo de traductores simultáneos que jamás tuve el privilegio de escuchar".

Imagino que este mismo comentario podrían hacerlo muchos de los angloparlantes que asistieron al Congreso de Buenos Aires. Ésta es la situación en que nos encontramos siempre aquéllos para los que el inglés no es su lengua materna. Quizá estemos tan acostumbrados que ni siquiera nos demos cuenta o protestemos por ello. En Buenos Aires se ha hecho un esfuerzo tremendo para superar la barrera de la lengua, pero, diría, en favor de los visitantes de habla no castellana y a costa de los castellanohablantes. La cuestión de las traducciones siempre es un problema tecnológicamente imposible de asumir, basándose en una traducción simultánea hecha por profesionales de la traducción, aunque no fuera más que por razones económicas. Los magníficos equipos de voluntarios con que contamos en Buenos Aires en casi todas las sesiones no pudieron evitar que el método secuencial de traducción ocupara como mínimo la mitad del tiempo o que los propios asistentes interfieran con su labor por no sentirse bien traducidos o acaben hablando inglés aunque ésta no sea su lengua materna. Desde los tiempos de Babel el problema de la dominancia de una lengua por otra se ha dado siempre. Siempre hubo, por las razones que fuera, un pueblo que impuso a los demás su lengua y con ella su cultura. No es que las gentes se dispersaran cuando el Señor les confundió las lenguas, sino que la confusión empezó al hablar los expertos: los que sabían como cocer ladrillos al sol y atarlos con betún para construir la ciudad y la torre. Pero lo que al Señor, al Grand Horloger, experto de expertos, le molestó fue que aquellas gentes hablaran una sola lengua y que así pudieran hacer todo aquello que les pasara en mente. Lo que nos pasa en mente, lo que podamos querer hacer pasa por la palabra, pero la palabra es al mismo tiempo vehículo y matriz de cultura. Desde principios de los años veinte sabemos que la cultura humana está enferma y la «neurosis social» que padecemos viene anclada en la palabra y en el uso que de ella hacemos, como decía Trigant Burrow, o es resultado de «ideologías», como decía Schilder.

Me preguntaban cuál es la relación entre problemas sociales actuales en el mundo y el trabajo psicológico con grupos humanos y también si les podría decir algo respecto a los próximos congresos.

Del próximo, el de Londres en 1998, lo único que les puedo anticipar es el poco afortunado título que se ha escogido: «Annihilation, Survival, Re-Creation» (Aniquilación, Supervivencia, Re-Creación). Espero que se trate tan solo de una de esas histerias apocalípticas de fin de milenio y que no se trate de una profecía respecto a la AIPG. Raimon, un cantautor catalán, en una de sus canciones nos dice: «Qui perd els orígens, perd la identitat» (quien pierde sus orígenes, pierde su identidad). En los orígenes de esta Asociación está la convocatoria del Congreso de Toronto. El objetivo de aquel primer congreso era hacer una contribución definitiva a la toma de conciencia de que todas las formas de trabajo grupal están necesitadas de una nueva evaluación en lo que hace a indicaciones, estándares y política y también, de una adecuada adaptación a los distintos ambientes culturales donde vayan a ser aplicadas. En su casi medio siglo de existencia, en el seno de la AIPG se ha ido constituyendo una comunidad cultural. La cultura de esta comunidad oscila entre una cultura regida por el postulado básico de respeto por la comunicación y el de una cultura corporativa de tipo profesional de las personas y los grupos que a ella se adhieren. Quizás empiece a ser hora de proceder también a examinar cuáles son los trastornos de esta comunidad y, como grupo, buscarles remedio. Éste podría ser un buen tema para el congreso de fin de milenio, y Jerusalén un buen sitio donde explorarlo. De tener éxito en este «grupo cúrate a ti mismo», quizás estemos en condiciones de ofrecer una manera de afrontar los problemas del grupo humano en el umbral de un nuevo siglo y un nuevo milenio.

 

 

Notas

  1. S. H. Foulkes, «The Symposium in retrospect: An introduction to the discussion in GAIPAC», Group Analysis, IV, núm. 1 (1971). Este symposium había sido convocado por Edoardo Corteçao, discípulo de Foulkes y fundador de la Sociedade Portuguesa de Grupanálise, con el objeto de comparar la teoría y técnica allí enseñadas y practicadas con las expuestas en la Group Analytic Society (London). De esta iniciativa surgirían los encuentros cara a cara entre grupoanalistas europeos: los symposiums, cada tres años, y los European Workshops, anuales.
  2. Decía Foulkes en aquella ocasión: «Durante muchos años yo fui el único que se atrevió a utilizarla. Más tarde, y sólo después de haber pensado bien cuál fuera la denominación que mejor reflejara que mi método está basado fundamentalmente en el grupo, empecé a referirme a éste específicamente como `psicoterapia grupoanalítica'. Con todo, seguí utilizando los términos `grupoanálisis' y `psicoterapia grupoanalítica' como sinónimos... Últimamente, sin embargo, me parece más útil emplear `grupoanálisis' como una denominación más amplia que abarca diversos métodos y teorías con tal de que en sus fundamentos resulten esencialmente compatibles con los presupuestos psicoanalíticos y grupoanalíticos.»
  3. «Al principio [dice Skynner] a Foulkes no le satisfacían mis planes para un curso que incluyera diversas escuelas de pensamiento a pesar de que estuviera centrado en las suyas, pero finalmente accedió.»
  4. Werner W. Kemper, «A short contribution to the history of analytic psychotherapy and G.A.I.P.A.C.», Group Analysis, VIII, núm. 3 (octubre 1975), p. 175 y S. H. Foulkes, «In Memoriam of Dr. Werner W. Kemper», Group Analysis, IX, núm. 1 (octubre 1976), 66.
  5. S. H. Foulkes y E. J. Anthony, Psicoterapia psicoanalítica de grupo, Paidós, Buenos Aires, 1964.
  6. S. H. Foulkes y E. J. Anthony, Group Psychotherapy. The psychoanalytic approach, Penguin, Londres, 1965. «The present writers consider that psychoanalytical concepts, clinical and theoretical, are firmly rooted to begin with in the one- and later in the two-personal situation. There is no intrinsec reason why psychoanalysis should not in future extend its dimension and claim that group-analysis is psychoanalysis in a multi-personal situation. If and when this should be stated, it would become clear, however, that the whole of psychoanalytical theory and praxis would have to be changed, and far removed from the mind and intention of its originator. For the time being, we think as psychoanalysts that this discipline has an important function to fulfil on its own grounds. We do not wish to inaugurate yet another neo-analytic school of thought.»
  7. La Lifwynn Foundation for Research in Social and Analytical Psychiatry es la decana de las organizaciones grupoanalíticas. Fundada en 1927 por Trigant Burrow y sus asociados, no se afilió a la AIPG hasta 1992, a petición de la recién fundada Sección de Grupo Análisis.
  8. La Group Analytic Society (London) es una asociación científica fundada en 1952 por Foulkes y un grupo de discípulos y colaboradores «con el propósito de intercambiar ideas acerca del grupoanálisis y extender la labor docente y la formación impartida por el Dr. Foulkes en el Maudsley Hospital».
  9. Durante el Congreso de Toronto (1954), Foulkes, junto con Joshua Bierer, Henry Ezriel y T. P. Rees, había sido propuesto como delegado por Gran Bretaña al International Committee for Group Psychotherapy
  10. S. H. Foulkes, «The Position of Group Analysis To-day, with especial reference to the role of the Society», publicado en resumen en News and Views, 1 (verano 1961).
  11. Artículo X. (SECCIONES) La junta directiva puede a su discreción establecer con carácter temporal o permanente secciones basadas en intereses específicos a fin de servir a los propósitos de la Asociación y proporcionar su cooperación en la organización de congresos. Las secciones se podrán organizar para su cooperación interna de modo que resulte consistente con la organización de la Asociación y sus propósitos generales, bajo las condiciones que establezca la junta directiva. El rango de secciones dependerá de las necesidades presentes y futuras. La iniciativa para comenzar una sección puede ser tomada mediante solicitud a la junta firmada por veinticinco miembros.
  12. La propuesta original decía textualmente: «Desde 1970, y en especial desde 1980, un numeroso grupo de grupoanalistas, miembros individuales de nuestra Asociación, han venido tratando de establecer entre sí una red internacional de comunicaciones que facilite el trabajo que en favor del desarrollo del Grupo Análisis como teoría y como práctica está siendo llevado a cabo por ellos a nivel de sus sociedades, institutos y organizaciones locales o nacionales.
    «La mayoría de dichas actividades se han dado con ocasión de encuentros coincidentes con Congresos Mundiales organiza dos por nuestra Asociación o bien de Symposiums Europeos y otros encuentros organizados en conjunción con la Sociedad de Grupo Análisis de Londres. En el momento presente, sin embargo, y tras seria meditación, los miembros de la Asociación abajo firmantes consideran que los objetivos buscados quedarían mejor servidos bajo los auspicios y cobijo de una sección especializada de esta Asociación tal como contempla el artículo X de su Constitución.»
  13. Estas citas han sido tomadas de «The President's Page», International Forum of Group Psychotherapy, IV, núm. 1 (otoño 1995), 1-3, donde se ratifica lo leído durante la Asamblea de Buenos Aires. «The shift to elected coordinating committees reflects my view that the growth of our organization, if not its very survival, depends on how we manage the twin process of unity and diversity. The potential for creative dialogue is high. It is noteworthy that in this respect the request of the membership of the organization as a whole are identical to the Boards initiatives: let us continue to work together and to share our ideas and basic values and orientation but let us have our own spaces for the development of distinctive identities and special interests.»
  14. Carta de Grete Leutz en la que se excusa por ello.
  15. Cuando Slavson fundó su asociación no se le permitió utilizar el término `psicoterapia' por su condición de laico. Más adelante se le permitió cambiar el nombre de la asociación que pasó a llamarse American Group Psychotherapy Asociation.
  16. «Supporting IAGP contributes to the development of an invisible network which moves forward to enhance the practice of group-psychotherapy throughout the world. It is an act of faith, a contribution to a practice you believe is valuable to mankind.»
  17. H. V. Dicks, 50 Years of The Tavistock Clinic, Routledge and Kegan Paul, Londres, 1970. La expresión «invisible colllege» se utilizó para referirse a los hombres de la Tavistock Clinic que su director, J. R. Rees, como general de brigada de los Servicios Psiquiatricos consiguió agrupar durante la segunda guerra mundial (p. 107), y que después de ella se aplicó a los miembros de la organización voluntaria The Tavistock Association ( p. 228).
  18. Juan Campos-Avillar, «Desde la política de la enseñanza a la prágmatica del aprendizaje: La máxima esperanza del Grupo Análisis en formación», VI European Group Analytic Symposium, Zagreb (1984).
  19. Juan Campos-Avillar, «Psicoanálisis, psicoanalistas y psicoterapias grupales» en Psicología Dinámica Grupal, Fundamentos, Madrid, 1980.
  20. Correspondencia y Documentación relativa al Panel del Congreso de Amsterdam 1989 titulado «Pioneers' Re-encounter: The Fathers of our Constitution in a Fishbowl».
  21. A. James Anthony, «The History of Group Psychotherapy», en Kaplan, Harold, I. & Sadock, J. (eds.), Comprehensive Group Psychotherapy, The Williams and Wilkins Co., Baltimore, 1971, p.5.
  22. Zerka Moreno, «Evolution and Dynamics of the Group Psychotherapy Movement», en J. L. Moreno en asociación con A. Friedemann, R. Battegay y Zerka T. Moreno (eds.), The International Handbook of Group Psychotherapy, Philosophical Library, Nueva York, 1966, pp. 27-128.
  23. Samuel B. Hadden, «Historical Sketch of the International Association of Group Psychotherapy», Membership Directory (Marzo, 1984), 6-8.
  24. S. R. Slavson, «In the Beginning...», International. Journal of Group Psychotherapy, XXV, núm. 2 (1975), 147-148.
  25. Seguramente se confunde con la International Conference on Medical Psychotherapy del III International Congress on Mental Health, en donde efectivamente participaron Hulse y Slavson.
  26. Mortimer Schiffer, «S. R. Slavson (1890-1881)». International Journal of Group Psychotherapy, XXXIII, 2 (abril 1983).
  27. La citada I Conferencia Internacional de Salud Mental en Londres a que se refiere corresponde en realidad al III Congreso Mundial de Salud Mental, el primero de los cuales tuvo lugar en Washington en 1930 y el segundo en París en 1937. En este tercero, que Anna Freud etiquetó como «Der Monster Kongress», más de 2.500 delegados de 42 países se reunieron durante diez días para evaluar lo aprendido en salud mental durante la guerra y planificar para la paz, representa un hito definitivo en el «movimiento de higiene mental» iniciado en EE.UU. a razón del libro de Clifford W. Beers (1919). A partir de este congreso el antiguo Comité Internacional de Higiene Mental, que hasta la fecha venía organizando los congresos mundiales, se convirtió en la Federación Mundial de Salud Mental, donde quedaron agrupadas las asociaciones nacionales hasta entonces existentes. La III Conferencia de la Organización Mundial de Salud Mental, aquí mencionada corresponde en realidad al V Congreso Mundial de Salud Mental, organizado por la federación. La Organización Mundial de la Salud que se organizó aquel mismo año cuenta desde 1959 con una Unidad de Salud Mental, cuyo primer director fue el inglés R. Hargreaves y su segundo el argentino de origen alemán E. E. Krafft, quien desde esta posición fue un gran apoyo para la organización de la AIPG. La OMS, que cuenta con distintas oficinas, no organiza congresos, sino más bien «comités de expertos» e «informes sobre prioridades». Finalmente, lo que se formó en Toronto fue un International Committee, en realidad el tercero ya que el primero se fundó en París en 1951 y el segundo en Nueva York a instancias de Fremont-Smith para organizar el Congreso de Toronto, del cual surgió el tercero. El Internacional Council no se fundó hasta 1957 en Zúrich. En 1958 fue ampliado mediante voto por correo y tuvo su primera asamblea en el Congreso de Milán el 20 de julio de 1963.
  28. R. Marineau, J. L. Moreno, Su Biografía, Lumen-Hormé, Buenos Aires, 1955, p. 195.
  29. Group Psychotherapy, IV (1951).
  30. Saul Scheidlinger y Gerald Schamess, «Fifty Years of AGPA 1942-1992: An Overview», en K. Roy McKenzie (ed.), Classics in Group Psychotherapy, The Guildford Press, Nueva York, 1992, p. 4.
  31. Committee on History, «A Brief History of the American Group Psychotherapy Association 1943-1968», International Journal of Group Psychotherapy, XXI, núm. 4, 406-455.
  32. Programa del Congreso.
  33. «Historia de la Psicoterapia de Grupo en la Argentina: A manera de prólogo», Revista de Psicología y Psicoterapia de Grupo, V, 1 (1982), 21.
  34. Samuel B. Hadden, «Historical Sketch of the International Association of Group Psychotherapy», Membership Directory (marzo 1984), p. 7.
  35. Raymond Battegay (M.D.), «The Predecessors and the Beginnings of the International Association of Group Psychotherapy», aportación al panel Pioneers' Re-encounter: The Fathers of our Constitution in a Fishbowl, Congreso de Amsterdam, 1989.
  36. J. L. Moreno, Gruppentherapie und Psychodrama. Anleitung in Theorie und Praxis, Georg Thieme, Stuttgart, 1959, cap. Geschichte (Historia).
  37. J. L. Moreno (1993 [1934]), Who shall survive. Foundations of Sociometry, Group Psychotherapy and Sociodrama, Student Edition, McLean, VA: American Society of Group Psychotherapy & Psychodrama.
  38. The International Council of Group Psychotherapy, «Proposals and Actions of the Executive Committee» (Zúrich, 31 de agosto de 1957), en J. L. Moreno, A. Friedemann, R. Battegay y Zerka T. Moreno (eds.), The International Handbook of Group Psychotherapy, Philosophical Library, Nueva York, 1966, p. 725.
  39. Acta del II Congreso Internacional de Psicoterapia de Grupo, 31 de agosto de 1957. S. Karger, Basilea, 1959, pp. 593-595.
  40. «Actas del IV Congreso Internacional de Psicoterapia», Revista de Psiquiatría y Psicología Médica de Europa y América Latina, IV (1959-1960), 422-430.
  41. Group Psychotherapy, XV (1962), 270.
  42. Group Analysis, VI, núm. 3 (noviembre 1973), 190-193.
  43. J. W. Fidler, «A Developmental History of the International Association of Group Psychotherapy», Forum, I, núm. 1 (invierno 1990), 3.
  44. J. W. Fidler, «One Man's View of the Development of IAGP: For Consideration of the Future», ejemplar mimeografiado, 5-X-1985.
  45. J. W. Fidler, «A Developmental History of the International Association of Group Psychotherapy», Forum, I, núm. 1 (invierno 1990), 3.
  46. Samuel B. Hadden, «Historical Sketch of the International Association of Group Psychotherapy», Membership Directory (marzo 1984), 8.
  47. ídem.
  48. J. Campos et al., Psicología Dinámica Grupal, Fundamentos, Madrid, 1980.
  49. S. H. Foulkes, Psicoterapia Grupo-Analítica. Método y Principios, Gedisa, Barcelona, 1981, p. 16.
  50. Juan Campos, «Foulkes' Network Theory of Neurosis and the Scope of Group Analysis in Family Therapy», en Malcolm Pines y Lise Rafaelsen (eds.), The Individual and the Group. Boundaries and Interrelations, vol. I, Plenum Press, Nueva York y Londres, 1982, p.124.
  51. Juan Campos, «Group Análisis, International Panel and Correspondence. A Bystander's View», Group Analysis, XII, núm. 2 (1979), 107-108.
  52. A. Quiroga, J. Campos y H. Kesselman, «Los grupos en el umbral del siglo XXI: Diálogo entre los discípulos de Foulkes y de Pichón-Rivière», en Resúmenes del XII Congreso Internacional de la AIPG, p.133.
  53. Juan Campos, «Some afterthoughts to the Copenhague Meeting», Group Analysis, XIV, núm. 1 (1980), 4.
  54. «Report on the Standing Committee on the Study Group for Group Analysis, submitted to the Board of Directors of the IAGP in Lisbon», 6-8 de septiembre de 1991.
  55. Malcolm Pines y Lise Rafaelsen (eds.), The Individual and the Group. Boundaries and Interrelations, 2 vols., Plenum Press, Nueva York y Londres, 1982.
  56. Acta de la Asamblea de Miembros del 27 de abril de 1984.
  57. Carta personal de Jay Fidler a Juan Campos del 13 de octubre de 1991 en respuesta al Informe de Lisboa de éste sobre Grupo de Estudios en Grupo Análisis.
  58. Carta del 5 de mayo de 1984 con la que Jay Fidler convoca la próxima reunión de Junta.
  59. Memorando SAGA/GAAS a la reunión de junta directiva en Cumberland Lodge, Windsor, 20 de agosto de 1988.
  60. Otto F. Kernberg, Informe para Fern Cramer Azima d 21 de agosto de 1990.
  61. Fern Cramer Azima, «The President's Page», The International Forum of Group Psychotherapy, I, núm. 3 (otoño 1991).
  62. Correspondencia recibida de Earl Hopper, acompañada por la siguiente nota manuscrita: «Querido Juan. Incluyo estas cartas para tu propia información. Espero contar con tu apoyo. Gracias por tu pronta respuesta. Earl.»
  63. ídem.
  64. Carta de Juan Campos a Alberto Serrano, presidente del programa científico del Congreso de Montreal, del 20 de febrero de 1991.
  65. Carta de Juan Campos a Fern Cramer Azima del 6 de marzo de 1991.
  66. Carta de Fern Cramer Azima a Juan Campos del 29 de abril de 1991.
  67. Juan Campos, Max Rosenbaum, Lloyd Gilden, y John Wikse, «Beyond Dichotomy: The Orientation of Trigant Burrow» (Symposium), 11th Congress of the IAGP, The Lifwynn Correspondence, II, núm. 2 (otoño 1992), 1-31.
  68. Juan Campos, Report of the Standing Committee on the Study Group for Group Analysis: 1. A short history of the establishment of the Committee. 2. The institutional significance of a Study Group as an alternative to the establishment of Sections contemplated in Art. X of the By-Laws in regard to the attainment of the general purpose of the IAGP. 3. Undertakings and Projects contemplated by this Chair, Proposals for the organization of the Committee and philosophy and line of action to be implemented by the Study Group for Group Analysis.
  69. Carta de Jay Fidler a Juan Campos del 13 de octubre de 1991.
  70. Para esta ocasión Plexus Editor(e)s de Grup d'Anàlisi Barcelona había preparado una edición bilingüe castellano-inglés de La estructura de la locura de Trigant Burrow de 1932. De esta edición se envió un paquete a Buenos Aires que se perdió por el camino.
  71. Forum, II, núm. 1 (otoño 1992), 12
  72. Campos Juan, «The Study Group for Group Analysis met in Montreal», Forum, II, núm. 2 (primavera 1993), 2
  73. Josephine Cunningham, MSW, «Credentialing - Direction for the 90's?», The Newsletter of AGPA (primavera-verano 1991).
  74. Franco Di María y Gioacchino Lavanco (eds.), «Nel Nome Del Gruppo. Gruppoanalisi e società», Collana di Psicología sociale diretta da G. Trentini, Franco Angeli, Milán, 1994.
  75. Juan Campos-Avillar, «Contributions to a Historical Overview» (abridged resumé), en Proceedings, 9th European Symposium in Group Analysis. Boundaries and Barriers, Mattes Verlag, Heidelberg, 1993, pp.163-164.
  76. ídem.
  77. Anticipo de la conceptualización del comité de gobierno acerca del rol e integración de secciones en la estructura de la AIPG del 28 de agosto de 1993.
  78. Acta de la asamblea de la Sección de Grupo Análisis de Heidelberg.
  79. Carta Circular Informativa n.º 1 de la Sección de Grupo Análisis del 28 de septiembre de 1993.
  80. Minutes of the Board of Directors Meeting, Washington, 15-16 de febrero de 1994, p.4.
  81. Véase Informe de la Sección Grupo-analítica [he aquí un ejemplo del mencionado lapsus] en Informes de los Comités Permanentes a la Junta de Santander, p. 11.
  82. Confróntense mi «Intended Contributions to the Board of Directors' Meeting in Santander, 1-4th of September 1994» con el «Informe del Comité de Gobierno» en Informes de los Comités Permanentes a la Junta de Santander, p. 8.
  83. Forum, III, núm. 3 (otoño 1994), 6.
  84. Nota de Alan Surkis a Alberto Serrano enviada por éste al Comité Organizador: «Un contrato entre GEMS Conference and Consulting Service y la AIPG había sido firmado el 6 de febrero de 1991 con la aprobación del comité ejecutivo. Este contrato estipulaba los honorarios y la fecha de pago a la GEMS. Desde el primer momento en la discusión del presupuesto para el XI Congreso, una prioridad clave había sido fijar la estructura de matrícula de manera que la AIPG obtuviera un beneficio de $25.000 además de la devolución del adelanto.» Informe del Comité Organizador a la junta directiva del encuentro de Santander, septiembre de 1994, pp. 5-7.
  85. Me permito transcribir las notas manuscritas en inglés de la página del bloc-pizarra que quedó abandonada en la habitación donde tuvo lugar esta reunión y que yo recogí en aquel entonces por su posible valor histórico. Por lo visto mi vocación de Archivero viene de lejos.
    future board activities
    have a process group each day. [de encuentro de junta, se entiende]
    develop role for exboard members.
    keep people on b.o d. if they wish to stay.
    help them leave board but stay in contact.
    value their contribution.
    disband executive vs. expand executive.
    have more time for leasure.
    have less business.
    bring all business to b.o d.
    do more work in committees.
    have an extra executive meeting one month previous.
    more written reports - less verbal.
    go to less expensive venue.
    develop philosophy/direction of iagp.
    formalize advisory council of excongress chair.
    drop non-communicating members from board.
    have less rigid agenda-loose discussion.
    look at social/political problems of world.
    bridge european & usa meetings.
  86. Carta Circular por Juan Campos y Malcolm Pines, Co-Chairpersons de la Sección de Grupo Análisis de la AIPG, junio de 1995.
  87. Actas de la reunión de la junta directiva, 27 de agosto de 1995, p. 1.
  88. Agenda de la Asamblea general de miembros de la AIPG del 30 de agosto de 1995.
  89. «The President's Page», Forum, IV, núm. 1 (otoño 1995).
  90. Actas de la Asamblea general de miembros de la AIPG del 30 de agosto de 1995.
  91. Juan Campos, «Farewell to a comrade in arms: Fabrizio Napolitani», Forum, V, núm. 1 (1996), p. 21 y Juan Campos y Malcolm Pines, «Report of Groupanalytic Section», Forum, V, núm. 1 (1996), p.18.
  92. Edward Glover, «Psychoanalysis in England», en F. Alexander et al. (eds.) Psychoanalytic Pioneers, Basic Books Inc., Nueva York, Londres, 1966.
  93. Juan Campos, «L'intolleranza alle radici del movimento psicoanalitico: da quale ideologia è scaturita e quali consequenze ha avuto sulle teorie e sulle istituzioni psicoanalitiche?», ponencia del III Congreso Nacional de la Sociedad Italiana de Grupo Análisis, Castel Gandolfo, en Rivista Italiana di Gruppoanalisi (en prensa).
  94. Te divertirá saber que el grupoanálisis se está poniendo de moda en Nueva York. Entiendo que su adaptación popular consiste en el análisis de colecciones de individuos por alguien que se autoproclama árbitro o psicoanalista. Es una forma de grupoanálisis [!] en que la posición arbitraria del analista recibe la aún mayor arbitrariedad de su extensión social (T.Burrow, 1927). Discuten sus problemas, reacciones e ideología bajo la dirección de un psiquiatra, y reciben consejo o ayuda del mismo en vistas a reinterpretar y reajustar sus sentimientos y comportamiento de «manera más normal».
  95. S. Freud, «Psychical (or Mental) Treatment»(1890), Standard Edition, t. VII, p. 293. Este artículo de Freud que escribió a la vuelta de su segundo viaje a París, corresponde a la época hipnótica pero, por error, tradicionalmente se fecha en 1905. Sin embargo, la actitud de Freud y de sus seguidores respecto a la libre elección y pago por acto médico nunca cambió a pesar del psicoanálisis.
  96. S. Ferenczi, «On the Organization of the Psychoanalytical Movement» (1911), en Final Contributions to the Problems and Methods of Psychoanalysis, Maresfield Reprints, Londres, 1980, p. 299.
  97. Günter Ammon et al., «Una alternativa a la estructura de congresos científicos. Investigación Preliminar acerca de la Dinámica de Congresos» en Dynamische Psychiatrie, IV, núm. 2 (1971), reproducido en GAIPAC IV, núm. 3, 191, con comentarios de Paul Foulkes
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